El Papa Francisco nos habla del “Padrenuestro” en su audiencia general

Cuántas veces hay gente que dice «Padre Nuestro», pero no sabe qué dice. Porque sí, es el Padre, ¿pero tú sientes que cuando dices «Padre» Él es el Padre, tu Padre, el Padre de la humanidad, el Padre de Jesucristo? ¿Tú tienes una relación con ese Padre? Cuando rezamos el «Padre Nuestro», nos conectamos con el Padre que nos ama, pero es el Espíritu quien nos da ese vínculo, ese sentimiento de ser hijos de Dios. mploramos también el «perdón de nuestras ofensas» y para ser dignos de recibir el perdón de Dios nos comprometemos a perdonar a quien nos ha ofendido. Y esto no es fácil. Perdonar a las personas que nos han ofendido no es fácil; es una gracia que debemos pedir: «Señor, enséñame a perdonar como tú me has perdonado». Es una gracia. Con nuestras fuerzas nosotros no podemos: es una gracia del Espíritu Santo perdonar.

Lecturas del 19 de Abril del 2018 (Jueves de la Tercera Semana de Pascua)

Jesús dice textualmente que comeremos su carne y beberemos su sangre. Y el Señor, lejos de retirar estas palabras por el horror que causaron en algunos de sus seguidores, en vez de eso, las reitera y las confirma. Por eso es bueno que nos preguntemos hoy nosotros, si realmente le creemos a Jesús. Si realmente creemos que en la hostia consagrada y en el vino consagrado está Jesús realmente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad. El Señor quiso dejarnos como alimento su cuerpo y su sangre, pero quiso hacerlo de una forma que nos resultara natural. Por eso se quedó escondido en un pedazo de pan y en el vino, y quiere que lo veamos a través de la fe. En nuestro ambiente, muchas veces se asiste frecuentemente a recibir al Señor, y sin embargo, esa presencia de Cristo no se nota en la vida de la comunidad. La eficacia de la Eucaristía, depende no sólo de ella que siempre es fuente de agua viva, sino también de nosotros. Para que realmente la Eucaristía dé frutos en nosotros, debemos esforzarnos por hacer vida la vida de Cristo. Si no lo hacemos, el efecto transformador de la Eucaristía no será todo el esperado, porque en nosotros no habrá encontrado el terreno que necesita. Vamos a pedirle hoy al Señor que nos ayude a preparar nuestro corazón para recibirlo dignamente en cada Eucaristía. Queremos que en nosotros, se vea los frutos.

Lecturas del 18 de Abril del 2018 (Miércoles de la Tercera Semana de Pascua)

Toda vida, para desarrollarse, necesita de alimento. Y nuestra vida interior, que recibimos en el Bautismo, también tiene esta necesidad. Para la vida interior del hombre, el verdadero alimento es el Cuerpo de Cristo, que se nos entrega en la Santa Comunión. El Señor lo dice en este pasaje del Evangelio: Yo soy el Pan de Vida. Y en otra parte agrega: El que come mi carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna. Jesús nos quiere decir: Para vivir me necesitas con tanta urgencia como el pan de cada día. La Eucaristía es una verdadera comida. Toda comida sirve pare estrechar los vínculos de hermandad entre los participantes. Con mayor razón, la eucaristía es un signo de unidad. Al recibir la Comunión entramos en común unión con Jesucristo y todos los hermanos. Comulgamos no solamente el Cuerpo de Jesús, sino también a su Espíritu, su estilo de vida, sus ideales, y su ideal de fraternidad. Vamos a proponernos en este tiempo Pascual, acudir con más frecuencia, con más fe y mejor preparados, a recibir el Pan de Vida donde es el mismo Jesús que se nos ofrece en cada Eucaristía.

Homilía del martes 17 de abril de 2018, III PASCUA

El Bautismo y la Eucaristía están en una misma línea, nos llevan al encuentro con Cristo que nos inicia en una relación que llega a la identificación plena con Él. Es el Espíritu Santo quien da continuidad a los signos. Comprendamos que, en realidad, Jesús nos da la verdadera vida en el Bautismo que se desarrolla en la Eucaristía. Meditemos la segunda frase de su promesa: “el que cree en mí nunca tendrá sed”.
La sed nos conecta con el agua, con el pozo, donde la Samaritana recibe Espíritu Santo, el agua de la vida. En la Eucaristía Jesús nos da su Cuerpo y su Sangre derramada. Él da testimonio en el Jordán y en la Cruz: ¡entrega su Espíritu en Agua Sangre!

Lecturas del 16 de Abril del 2018 (Lunes de la Tercera Semana de Pascua)

Jesús le dice a la multitud: En verdad les digo que ustedes no me buscan por haber visto señales, sino por el pan que comieron hasta saciarse. Les dice Jesús luego: Afánense no por la comida de un día, sino por otra comida que permanece y con la cual uno tiene vida eterna. Poco a poco, Jesús va introduciendo a sus oyentes en una nueva revelación, la de la Eucaristía. El verdadero Pan de Vida que el Hijo nos da. Jesús presente en la Eucaristía, se nos da como verdadero Pan de Vida, como el alimento que permanece. La fe nos hace aptos para creer en el increíble regalo de amor de Jesús. Cristo quiso quedarse con nosotros para alimentarnos todos los días de nuestra vida. Se quedó en la Eucaristía, se quedó bajo la apariencia de pan, para que nosotros comamos y tengamos Vida. Durante este tiempo pascual, vamos a pedirle al Señor que cada vez que acudamos a recibirlo lo hagamos con fe. Que nunca nos sea indiferente recibirlo. Y vamos a pedirle a María, que nos ayude en este tiempo a acudir a una buena confesión, para poder recibir a Jesús con un corazón puro.