Lecturas del 17 de Agosto del 2019 (Sábado de la Semana 19)

Debemos vivir en esa misma confianza que los hijos tienen para con sus padres, con respecto a nuestro Padre Dios. Debemos tener la actitud de servir desinteresadamente y con humildad a nuestros hermanos que necesitan nuestro auxilio. Todo viene del Padre, todo lo concede el Padre, todo es fruto del amor del Padre. Por eso es que nos ponemos en las manos suyas, plenamente seguros de que Él vela por nosotros con mayor interés y cuidado que nosotros mismos.

Lecturas del 16 de Agosto del 2019 (Viernes de la Semana 19)

Vamos a pedirle hoy al Señor, que conceda a los jóvenes que van a unirse en matrimonio, la convicción que ese matrimonio que van a constituir, es para toda la vida, que piensen en el paso que van a dar, que no tomen decisiones a la ligera. Que pidan siempre la ayuda del Señor para no equivocarse, y que sean conscientes que van a tener que luchar para conservar ese amor. Y vamos a pedirle hoy también por los esposos cristianos para que sepan ver a Dios en medio de ellos. Que aprovechen la gracia del sacramento y pidan al Señor que los ayude a resolver los conflictos que la convivencia trae y a mantener puro su amor.

Lecturas del 15 de Agosto del 2019 (Jueves de la Semana 19)

Dios, que quiso dotar a María de este inmenso privilegio y concederle la inmaculada concepción, durante su vida en la tierra no quiso ahorrarle ni la experiencia del dolor, ni el cansancio en el trabajo, ni la necesidad de la fe. Cuando alguien le dijo a Jesús: bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te alimentaron, el Señor responde: bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. Era un elogio a María por haber creído en la anunciación del ángel y haberse confiado a la voluntad de Dios.

Homilía del Miércoles 14 agosto 2019, XIX ORDINARIO

En el cuidado que pide Jesús a la vida de comunidad está la corrección fraterna. La fraternidad inicial viene del Espíritu Santo. Por eso habla de hermanos, no de contrincantes, enemigos, para que pueda darse la corrección fraterna. Ahí está el primer paso, tomar conciencia de qué ayudaría al hermano y a la vida de comunidad. No sería el bienestar individual, sino el de la comunidad. Y tener el cuidado de no difamar, aunque sea culpable. Toca a la autoridad en la comunidad dar una orientación para que ayude a la corrección de quien pecó. ¡Y se trata de la comunidad cristiana! No de la colonia o los familiares. Eso sería crear chismes, dañar a todos.

Lecturas del 14 de Agosto del 2019 (Miércoles de la Semana 19)

Si la división de los cristianos, es el escándalo de nuestros tiempos, es aún mayor motivo de escándalo, la división interior y las rencillas domésticas, entre los católicos. Esas rencillas que nos llevan a no conocernos y entonces juzgarnos y condenarnos. Desde afuera, les resulta difícil reconocer a Cristo entre nosotros. Muchas veces, fracasamos en nuestros intentos de apostolado, precisamente por la falta de unión de quienes debemos llevarlo adelante. Cuando los cristianos nos ponemos de acuerdo, no sólo en lo que pretendemos conseguir, sino, ante todo, en estar unidos en el amor al Padre, entonces Jesús promete su presencia misteriosa, dinámica y santificadora entre nosotros. Y si está Cristo, está todo lo bueno que se puede esperar, todos los éxitos, vendrán sin demora.

Lecturas del 13 de Agosto del 2019 (Martes de la Semana 19)

Los niños creen ciegamente a su Padre. En cualquier circunstancia dicen: Papá lo dijo. Jesús nos pide ser como niños, debemos hacer lo que Dios nos pide, confiados que el lo mejor para nosotros. El niño ama a su padre y junto con él, a sus hermanos. Cuando Jesús nos pide ser como niños, nos muestra que el amor a Dios debe estar acompañado del amor a nuestro prójimo. El niño trata con sencillez a su padre, le cuenta sus cosas con candidez y sinceridad. Nosotros también deberíamos tratar a Dios con sencillez. Debemos dialogar frecuente con Dios en la oración. El niño siempre espera que su ruego sea escuchado por su Padre. Jesús nos pide a nosotros que seamos como niños, que pidamos con confianza. Cuando reconozcamos como los niños, nuestra debilidad, nuestra pequeñez, nuestra impotencia, entonces podremos entregarnos confiados a Dios, podremos sentirnos protegidos por El, ayudados por El, y nuestra entrada en el Reino de los Cielos será posible.