En ésta cuaresma: Detente, mira y vuelve

Detente un poco de esa agitación, y de correr sin sentido, que llena el alma con la amargura de sentir que nunca se llega a ningún lado. Detente de ese mandamiento de vivir acelerado que dispersa, divide y termina destruyendo el tiempo de la familia, el tiempo de la amistad, el tiempo de los hijos, el tiempo de los abuelos, el tiempo de la gratuidad… el tiempo de Dios. Detente un poco delante de la necesidad de aparecer y ser visto por todos, de estar continuamente en «cartelera», que hace olvidar el valor de la intimidad y el recogimiento. Detente un poco ante la mirada altanera, el comentario fugaz y despreciante que nace del olvido de la ternura, de la piedad y la reverencia para encontrar a los otros, especialmente a quienes son vulnerables, heridos e incluso inmersos en el pecado y el error. Detente un poco ante la compulsión de querer controlar todo, saberlo todo, devastar todo; que nace del olvido de la gratitud frente al don de la vida y a tanto bien recibido.

¿Por qué debemos escuchar las lecturas y la homilía? es nuestro derecho recibir con abundancia el tesoro de la Palabra de Dios, el Papa en su audicencia

Cada uno de nosotros cuando va a misa tiene el derecho de recibir abundantemente la Palabra de Dios bien leída, bien dicha y después bien explicada en la homilía. ¡Es un derecho! Y cuando la Palabra de Dios no está bien leída, no es predicada con fervor por el diácono, por el sacerdote o por el obispo, se falta a un derecho de los fieles. Nosotros tenemos el derecho de escuchar la Palabra de Dios. El Señor habla para todos, pastores y fieles. Él llama al corazón de cuantos participan en la misa, cada uno en su condición de vida, edad, situación. El Señor consuela, llama, suscita brotes de vida nueva y reconciliada. Y esto, por medio de su Palabra. ¡Su Palabra llama al corazón y cambia los corazones!

Homilía del 16 de febrero de 2018, VIERNES DESPUÉS DE CENIZA

Somos un pueblo en su mayoría bautizado, tenemos en muchos espacios de encuentro de imágenes de la Virgen de Guadalupe: la casa, el trabajo, el transporte, hay quienes se tatúan su imagen. Evitemos tener la doble vida que el profeta rechaza: “el día en que ustedes ayunan encuentran la forma de hacer negocio y oprimen a sus trabajadores… ayunan, sí, para luego reñir y disputar, para dar puñetazos sin piedad”.

Lecturas del 17 de febrero del 2018 (Sábado después de Ceniza)

Entonces, encontraremos la alegría. Dios no quiere el “esfuerzo” y el “sacrificio” por sí mismos. Dios quiere el sacrificio para el gozo y la alegría. La cuaresma es tiempo de conversión, y esa conversión, lleva a renunciar, a dejarlo todo, como Mateo, pero con alegría –como lo hizo Mateo-. Este pecador deja su vida anterior y sigue a Jesús. Y esa conversión y ese renunciar a todo, le produce alegría. Por eso Mateo festeja su conversión con una fiesta. Y el Señor, asiste a esa fiesta, comparte y aprueba esa alegría de Mateo. Por eso hoy vamos a renovar nuestro propósito de “convertirnos a Dios”, de despojarnos de todo lo que nos separa de Él; para seguirlo y encontrar la “alegría” que sólo Él puede dar.

Lecturas del 16 de febrero del 2018 (Viernes después de Ceniza)

La penitencia que enseña la Iglesia en este tiempo de Cuaresma significa un cambio profundo de corazón, bajo el influjo de la Palabra de Dios y en la perspectiva del Reino. La penitencia es el esfuerzo concreto y cotidiano del hombre para perder la propia vida por Cristo como único modo de ganarla; para despojarse del hombre viejo y revestirse del nuevo; para elevarse continuamente de las cosas de abajo a las de arriba donde está Cristo.

Lecturas del 15 de febrero del 2018 (Jueves después de Ceniza)

Algunas veces puede ser que encontremos nuestra cruz en una gran dificultad, en una enfermedad grave y dolorosa, en la muerte de un ser querido. En esos casos, debemos abandonarnos en las manos de Dios, con la certeza que si el permite nuestro dolor es para hacernos mas semejantes a Él. Si el Señor permite nuestra cruz, nos va a dar las gracias necesarias para llevarla y daremos fruto abundante. Pero lo normal, es que encontremos la cruz de cada día en las pequeñas contrariedades en nuestra familia, en el trabajo, en nuestro grupo, con nuestros vecinos. Tenemos que recibir esas contrariedades con ánimo y ofrecerlas al Señor sin quejarnos. La queja es una forma de rechazo a la cruz. Esta actitud nos va a ayudara perfeccionarnos, a ser mas comprensivos, a ser pacientes , a comprender. Vamos a pedirle hoy a María, en los comienzos de este tiempo de Cuaresma, que no permita que rechacemos la cruz de Cristo. Queremos encontrar a Dios, queremos encontrar la felicidad y el camino es aceptar por amor a Cristo nuestra cruz de cada día.

Homilía del Miércoles de ceniza, 14 de febrero del 2018

Conocemos la ‘plagas de deshumanización’ que enfrentamos: corrupción, injusticia, marginación, crimen organizado. No es plaga física sino social; no es de un lugar, es mundial. Sólo por la auténtica conversión superamos esa plaga. La Iglesia tiene la misión de anunciar que Dios ha llegado a reinar con el amor, la verdad, la justicia, la paz. Nos toca promover la reconciliación y propiciar que Dios actúe.