Lecturas del 9 de Julio del 2018 (Lunes de la Semana 14)

¡Tantas veces acudimos a Dios con poca fe! ¡Tantas veces, recibimos la comunión, participamos de la misa, pero con poca fe! Esa fe raquítica, es la que hace que a pesar de tantas comuniones y tantas Eucaristías, sigamos enfermos, no podamos superar nuestros defectos. Tenemos que tener fe, y vivir nuestra fé. Vivir nuestra fe es conseguir un espíritu de fe, que nos permita aceptar la voluntad de Dios. Nuestra actitud ante Dios, debe ser como la de un niño ante su padre. Debemos estar convencidos y creer con fe, que lo que Dios realiza, dispone y permite en nuestras vidas, es para nuestro bien. Que María, nuestra Madre pida por nosotros a su hijo, los dones inestimables de la fe y la humildad, para que en nuestras vidas, en cualquier circunstancia, estemos convencidos que Dios nuestro Padre nos tiene en sus manos.

Lecturas del 8 de Julio del 2018 (Domingo de la Semana 14)

San Pablo, en la carta a los Corintios dice: Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, pero me respondió: “Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad”. Cuantas veces nos dice Jesús a nosotros también: “Te basta mi gracia”, y permite nuestras debilidades para que se manifieste mejor su fuerza. Para superar las dificultades basta la ayuda del Señor. Pero, para recibir esa ayuda, debemos estar cerca de Jesús, y pedírsela. Cuando experimentamos la soledad, el desánimo, o cualquier tipo de contrariedad debemos buscar el apoyo de la gracia, y entonces se renovará en nosotros la voluntad de recomenzar, de reemprender el camino con mayor decisión y optimismo. Sepamos imitar a San Pablo, que frente a las dificultades se llena de fortaleza y de esperanza confiando en el poder de Cristo y en su promesa: “Te basta mi gracia”.

Homilía del sábado 7 de julio de 2018, XIII ORDINARIO

No sabemos, a veces, qué es lo importante, qué sí es enseñanza de Cristo, qué es añadidura nuestra. Así sucede, por ejemplo, con el ayuno. En cuaresma sube el precio del pescado y el marisco, baja un poco el de la carne. Esos son los efectos de nuestro modo cerrado de entender nuestra fe, limitada a normas, tradiciones. Perdemos de vista lo esencial. El ayuno para Jesús va más a reconocer su ausencia, y la necesidad de darle espacio en nuestro interior. No es tanto comer o no comer. Es saber que estamos viviendo sin Él, que está ausente de nuestras decisiones, nuestra manera de tratarnos unos a otros, de la aplicación de la justicia y la verdad. Dejar de comer significa enfrentar el egoísmo, caminar hacia el encuentro del Señor, para que nos llene su vida. Él es misericordioso, como lo muestra el profeta desde antiguo.

Lecturas del 7 de Julio de 2018 (Sábado de la Semana 13)

El catecismo nos dice que la llamada de Jesús a la conversión y a penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores: “el saco y la ceniza”, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas. Por el contrario, la penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado.

Lecturas del 6 de Julio del 2018 (Viernes de la Semana 13)

El Señor le dice a Mateo: Sígueme. Mateo, instantáneamente lo siguió. Mateo, deja todo y lo sigue. ¡Qué lección, para nosotros! Mateo, siendo rico, sin dudar, dejó todo y siguió a Jesús. Se produjo en él una conversión del corazón, y se desprendió del apego a sus bienes, para seguir a Jesús. Nosotros deberíamos hoy mirar qué cosas nos atan. Qué cosas nos impiden poder responder hoy, generosamente, al llamado que Jesús nos hace también a nosotros: Sígueme.

Lecturas del 4 de Julio de 2018 (Miércoles de la Semana 13)

Nosotros pensamos que somos buenos, que somos decentes, y cuando Jesús llega cerca nuestro, somos fríos, le pedimos con nuestro desamor que se vaya. No lo echamos, no, pero con mucha cortesía, de muy buenas maneras, lo rechazamos, no queremos que se meta en nuestras vidas. Hoy vamos a pedirle al Señor, que no permita que nunca lo rechacemos, que si se acerca a nuestra vida, le abramos, le pidamos que entre y que nos transforme. Que María nuestra madre, nos ayude a abrir nuestro corazón a Dios.

Dios no pide nunca sin haber dado antes: primero salva, después da, luego pide

No nos salvamos solos, pero de nosotros puede salir un grito de ayuda: “Señor, sálvame, Señor enséñame el camino, Señor, acaríciame, Señor, dame un poco de alegría”. Esto es un grito que pide ayuda. Esto depende de nosotros: pedir que nos liberen del egoísmo, del pecado, de las cadenas de la esclavitud. Este grito es importante, es oración, es conciencia de lo que todavía está oprimido y no liberado en nosotros. Hay tantas cosas que no han sido liberadas en nuestra alma, “Sálvame, ayúdame, libérame”. Esta es una hermosa oración al Señor. Dios espera ese grito porque puede y quiere romper nuestras cadenas; Dios no nos ha llamado a la vida para estar oprimido, sino para ser libres y vivir con gratitud, obedeciendo con alegría a Aquel que nos ha dado tanto, infinitamente más de lo que nosotros podremos darle. Es hermoso esto ¡Que Dios sea siempre bendito por todo lo que ha hecho, lo que hace y lo que hará en nosotros!

Homilía del lunes 2 de julio de 2018, XIII ORDINARIO

¿De dónde surgen las injusticias? ¿De dónde nace esa actitud prepotente que destruye a la persona? De la esclavitud a los bienes materiales, al deseo de poder y dominio sobre los demás. El Maligno se aprovecha de nuestra fragilidad. Por naturaleza buscamos seguridad y libertad. Y llegamos a contradecirnos en nuestras actitudes: la inseguridad nos lleva a esclavitudes. Sólo el mismo Señor, por medio de su Espíritu nos puede conducir a la verdad de nuestra vida.