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Beata Ana de San Bartolomé

Ana García Manzanas nace el 1 de Octubre de 1549 en Almendral (Ávila), de familia pobre en bienes materiales, pero muy buenos cristianos. Es la sexta de siete hermanos.
Desde su niñez dedicaba tiempo a la oración y la penitencia. Cuando tenía la edad de 10 años fallecen sus padres y sus hermanos la enviaron como pastora. A la edad de 13 años la quieren casar pero ella rechaza a todos sus pretendiente y le ruega a Dios que la libre del matrimonio de forma que se case con Él mismo.
Ingresó en el Carmelo de San José de Avila el 2 de Noviembre de 1570. Fue la primera lega de la Reforma de Santa Teresa.
Siendo novicia, conoce a Santa Madre Teresa de Jesús, quien dice: “Aunque sea novicia, llévenla a mi celda, que quiero que sea mi compañera”. Desde un principio fue muy querida de la Santa Doctora, quien le dio permiso para la profesión, y en cuyas manos hizo sus votos el 15 de Agosto de 1572.
Por obra de Dios, méritos de Santa Teresa y obediencia de esta beata, ascendió de simple hermana conversa y analfabeta a la secretaria muy particular de la doctora mística.
En funciones de secretaria acompañó a Santa Teresa en sus correrías fundacionales. Y la Santa, reconociendo la valía de su prestación personal y su extraordinaria santidad, llegó a decirle: “Ana, Ana, tú tienes las obras, yo tengo la fama”.
Aprendió a escribir de modo milagroso.
Destacó siempre por su extraordinaria caridad, tanto para con Dios como para con el prójimo.
En su autobiografía se lee que deseaba con ansias morir de amor y suspiraba por esta dicha. Suya es la frase: “¡Ay, como me pesa este cuerpo! Y estoy cansada de cuidarle, todo mí deseo sería ver rotas estas cadenas!”
Muerta Santa Teresa, pasó a Francia, donde fundó varios conventos, dando maravillosos ejemplos de todas las virtudes. Tuvo muchas apariciones de la Santa.
En su biografía, ella nos cuenta:
“Estando en esta fundación de Ocaña, la noche de Navidad, después de los Maitines, me quedé recogida y en sueños me mostraron la venida que había de hacer a la Francia. Entráronme en un mar muy oscuro que me daba temor y me enviaron con unas compañeras que no eran mis conocidas, sino una conocí después en este recogimiento. Me hallé forzada mi espíritu antes de esta vista en un vivo deseo de ser mártir, y aunque algunas veces se me han apretado estos deseos, no tan perfectos como esta vez, que me hallaba con una conformidad y gozo, tomándolo por Dios con el más encendido amor que en esta parte he tenido (…) Se me mostró Nuestro Señor como cuando andaba por el mundo, mas con grandísima hermosura y Majestad, pero por otra parte afligido, dándome a entender la mucha pena que tenía y tocándome en el hombro, me dijo: “Hija, ayúdame. Mira las almas que se me pierden en Francia”. Y fuéme mostrando todo el reino y estas tierras de por acá cómo se están abrasando en herejías y grandes pecados. Y de aquel tocarme en el hombro me parece descargó su pena y me la dio a mí tan grande y sentí tan gran dolor que me parece me moría. Los efectos con que quedé de este arrobamiento y visión fue un amor tan abrasado con aquellas almas y las de todos mis prójimos que me parece me iba secando”.
En su Autobiografía, escrita por obediencia, nos dejó constancia de las muchas gracias místicas que gozó durante su vida, como fruto de su gran amor a la Humanidad de Jesús y al Misterio de la Santísima Trinidad.
Tuvo el don de la bilocación, cuando se enteró que su confesor, el P. Juan de San Cirilo estaba por morir, oró por él y se vió a su lado y dándole consejos a su enfermero. Tuvo el don del conocimiento de almas, el que usaba para orar por los demás y aconsejarlos antes de que le contaran sus problemas.
Sufrió muchos ataques y tentaciones del demonio, lo veía en forma de perro gigante en la cocina de Ávila. A éste se le enfrentó diciéndole que no le tenía miedo y que prefería tener siete demonios que a un solo hombre en el monasterio. Viendo esto, el demonio se fue por la chimenea.
Amaba mucho a la Virgen María:
“Estando una vez en la fiesta de Navidad haciendo mi oración, adoraba las llagas de los pies de Jesucristo y vínome a la memoria: “Ahora, Señor, venís niño, y Vos en la cruz. ¿Qué haré de veros siempre así, oh Niño?”. Y en ese momento se le apareció la Virgen con el Niño en sus brazos mostrándomelo desnudo y pequeñito como lo tenía en sus sagradas entrañas y tenía en sus pequeñitos pies señaladas las llagas como llagas con unas gotas de sangre, que parecía le habían caído como señalados los clavos que había de tener”
La conocen como libertadora de Amberes, pues intercedió en dos ocasiones para salvar la ciudad.
En 1624 sufrió una apoplejía, de la que no se terminó de recuperar, a pesar de ello no abandona sus oraciones y el trabajo. Esta enfermedad le duró dos años, durante los cuales recitaba frecuentemente: “adonde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido”.
Tuvo una recaída el 4 de Junio de 1626, y el 7 del mismo mes luego de la extremaunción y de haber comulgado tuvo un éxtasis de unos 15 minutos. Luego de ésto, murió sin tensión ni dolor aparente.
Fue beatificada en 1917 por el Papa Benedicto XV.

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Vicaría de San Buenaventura

La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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