Homilía del martes 19 de diciembre de 2017, III ADVIENTO

En esta tercera semana de Adviento demos un paso más en nuestra conversión. Pasemos de lo exterior a lo interior, de lo superficial a lo profundo, de lo material a lo espiritual. Purifiquemos nuestro diálogo con el Señor. Escuchemos más al Señor, vaciemos nuestro corazón de dudas, palabrería que bloquea nuestro encuentro con Él, condiciones que le queramos poner a nuestra respuesta. Eso estorba. Allanemos el camino para encontrarnos con el Señor.

Lecturas del 14 de Diciembre del 2017 (Jueves de la segunda semana de Adviento)

El tiempo de Adviento es especialmente propicio para hacer propósitos de luchar contra nuestros defectos. Esa lucha es fortaleza y audacia, también para confesar nuestra fe en el ambiente en que vivimos. Por lo general deberemos luchar en cosas pequeñas y cotidianas de todos los días: cumplir con puntualidad nuestras obligaciones, sonreír a quien lo necesite, ayudar a quien nos busca, practicar la justicia, dedicar el tiempo necesario a la oración. Jesús nos dice: “quién es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho, y quién es injusto en lo poco, también lo es en lo mucho”.

Homilía del lunes 11 de diciembre, II ADVIENTO

Esta segunda semana es una preparación para descubrir el verdadero gozo de la vida que está escondida en Dios y que nos llega como regalo en Jesucristo. Es tiempo de misericordia porque el Señor nos entrega la vida, viene a renovar nuestra existencia. Desde nuestra fragilidad, fruto del pecado, podemos levantarnos con su ayuda. Es necesario que nos abramos a su Palabra, que quitemos lo que estorba, que rompamos los muros para ir a su encuentro. Él viene a nosotros, nosotros vayamos hacia Él con decisión y esperanza. No nos detengamos en los brillos del mundo sino que abramos la mente y el corazón a la grandeza de su misericordia, cultivando con Él la vida nueva.

Lecturas del 29 de noviembre de 2015 (Domingo de la Primera Semana de Adviento)

«Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante del Hijo del hombre.»