Lecturas del 9 de Marzo del 2018 (Viernes de la Tercera Semana de Cuaresma)

El cristiano por sobre todas las normas antepone el amor. Las normas son simplemente para ayudarnos a vivir como Dios quiere. El amor cristiano es ese amor que intenta parecerse al amor de Cristo. En este tiempo de cuaresma, examinemos hoy cómo estamos en el amor. Porque muchas veces vivimos un cristianismo donde prevalecen las fórmulas pero falta el amor, y entonces estamos viviendo un cristianismo sin Cristo. Queremos llegar a la Pascua como hombres y mujeres nuevos, por eso intentemos identificarnos con Cristo en el amor.

Lecturas del 19 de Agosto del 2016 (Viernes de la Semana 20)

Otra vez -te conozco- me has llamado. Y no es la hora, no; pero me avisas. De nuevo traen tus celestiales brisas claros mensajes al acantilado del corazón, que, sordo a tu cuidado, fortalezas de tierra eleva, en prisas de la sangre se mueve, en indecisas torres, arenas, se recrea, alzado. Y tú llamas y llamas, y me hieres, y te pregunto aún, Señor, qué quieres, qué alto vienes a dar a mi jornada. Perdóname, si no te tengo dentro, si no sé amar nuestro mortal encuentro, si no estoy preparado a tu llegada.

Lecturas del 23 de Mayo del 2016 (Lunes de la Octava Semana)

Dichosos los que oísteis la llamada al pleno seguimiento del Maestro, dichosos cuando puso su mirada y os quiso para amigo y compañero. Dichosos si abrazasteis la pobreza para llenar de Dios vuestras alforjas, para seguirle a él con fortaleza, con gozo y con amor a todas horas. Dichosos mensajeros de verdades, marchando por caminos de la tierra, predicando bondad contra maldades, pregonando la paz contra las guerras. Dichosos, del perdón dispensadores, dichosos, de los tristes el consuelo, dichosos, del los hombres servidores, dichosos, herederos de los cielos. Amén

Lecturas del 4 de noviembre de 2015 (Miércoles de la Semana 31)

«Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar.” ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.»