El agua bautismal, la renuncia al diablo y profesión de Fe en el Bautismo, Catequesis del Papa

«Has visto el agua, pero no toda el agua resana: resana el agua que tiene la gracia de Cristo […] La acción es del agua, la eficacia es del Espíritu Santo». Santificada el agua de la pila, es necesario disponer el corazón para acceder al bautismo. En la medida en la que digo «no» a las sugestiones del diablo —aquel que divide— soy capaz de decir «sí» a Dios que me llama a adaptarme a Él en los pensamientos y en las obras. El diablo divide; Dios une siempre la comunidad, la gente en un solo pueblo. No es posible adherirse a Cristo poniendo condiciones. Es necesario despegarse de ciertas uniones para poder abrazar realmente otros; o estás bien con Dios o estás bien con el diablo. Por esto la renuncia y el acto de fe van juntos. Es necesario cortar los puentes, dejándoles a la espalda, para emprender el nuevo Camino que es Cristo.

Homilía del martes 17 de abril de 2018, III PASCUA

El Bautismo y la Eucaristía están en una misma línea, nos llevan al encuentro con Cristo que nos inicia en una relación que llega a la identificación plena con Él. Es el Espíritu Santo quien da continuidad a los signos. Comprendamos que, en realidad, Jesús nos da la verdadera vida en el Bautismo que se desarrolla en la Eucaristía. Meditemos la segunda frase de su promesa: “el que cree en mí nunca tendrá sed”.
La sed nos conecta con el agua, con el pozo, donde la Samaritana recibe Espíritu Santo, el agua de la vida. En la Eucaristía Jesús nos da su Cuerpo y su Sangre derramada. Él da testimonio en el Jordán y en la Cruz: ¡entrega su Espíritu en Agua Sangre!

Lecturas del 9 de febrero del 2018 (Viernes de la Quinta Semana)

En el Bautismo recibimos la responsabilidad de no dejar que nadie pierda su fe ante la avalancha de ideas y de errores doctrinales y morales a los que frecuentemente estamos sometidos. Cada cristiano debe ser testimonio de buena doctrina, testigo -no solo con el ejemplo: también con la palabra- del mensaje evangélico. Y debemos aprovechar cualquier oportunidad que se nos presente, con nuestros familiares, con nuestros amigos, compañeros y vecinos. También con aquellas personas con quienes por casualidad compartimos un viaje o un encuentro circunstancial. Pidamos a María que, por la gracia del Bautismo, nos inspire para que si nuestros oídos permanecen abiertos y podemos hablar correctamente, con frecuencia durante nuestra vida nos convirtamos en verdaderos apóstoles del Señor.

Homilía del miércoles 26 de abril, II SEMANA DE PASCUA

Uno de los errores de los discípulos de Jesús es que separamos la fe de la vida, no somos coherentes con lo que creemos. La certeza de los discípulos de Jesús ha de estar basada, como la de los apóstoles, en la obediencia. Si el Señor libera a Pedro y a Juan de la cárcel no es sólo para que estén libres, no les pase nada. El ángel les dice “Vayan al templo y pónganse a enseñar al pueblo todo lo referente a esta nueva vida”. Si hoy Cristo nos libera del pecado y de la muerte, nos ayuda a destruir nuestros ídolos, no es para que nos sintamos en paz y durmamos tranquilos. Es para salir de nosotros mismos y ser testigos de esa vida en Cristo, viviéndola nosotros.

¿Tienes sed?

En el Evangelio del domigno, cosa rarísima, Jesús confirma a la samaritana que es el Mesías: “Soy yo, el que habla contigo”. Él dice ser el Mesías a una mujer que tenía una vida así: desordenada.
…”el agua que dona la vida eterna ha sido esparcida en nuestros corazones en el día de nuestro Bautismo; entonces Dios nos ha transformado y llenado de su gracia. Pero puede darse que este gran don lo hayamos olvidado, o reducido en un mero dato del registro civil; y quizás vamos a la búsqueda de “pozos” cuyas aguas no nos sacian la sed. Cuando olvidamos la verdadera agua, vamos a la búsqueda de pozos que no tienen agua limpia. Entonces ¡este Evangelio es precisamente para nosotros! No sólo para la Samaritana, ¡es para nosotros!”

Lecturas del Domingo 10 de enero del 2016 (Bautismo del Señor)

Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!» Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».