Lecturas del 22 de enero del 2018 (Lunes de la Tercera Semana)

“…el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre”, todo pecado, por grande que sea, puede ser perdonado, porque la misericordia de Dios es infinita; pero para que sea posible el perdón es necesario reconocer el pecado y creer en la misericordia de Dios. La actitud de cerrarse es la que impide el perdón de Dios, ya que anula toda posibilidad de arrepentimiento. El que peca así, voluntariamente se excluye del perdón divino, no porque Dios no pueda perdonar todos los pecados, sino porque el pecador, en su obcecación frente a Dios, rechaza a Jesucristo, a su doctrina y a sus milagros, y desprecia la gracia del Espíritu Santo.