Lecturas del 7 de Julio de 2018 (Sábado de la Semana 13)

El catecismo nos dice que la llamada de Jesús a la conversión y a penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores: “el saco y la ceniza”, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas. Por el contrario, la penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado.

Lecturas del 22 de Agosto del 2017 (Martes de la Semana 20)

Muchas veces dejamos muchas cosas para seguir a Cristo, a veces muchísimas cosas, y sin embargo, después nos enredamos y empobrecemos con pequeñeces, con críticas, con envidias, con aspiraciones y puestos de honor. Y entonces, lo dejamos todo, pero no somos realmente sus seguidores. Vamos a pedirle hoy a María, nuestra Madre que nos enseñe a ser desprendidos de las cosas del mundo a ejemplo suyo para que así nos sea más fácil alcanzar el reino.

Lecturas del 2 de Julio del 2016 (Sábado de la Semana 13)

Señor, tú eres santo: yo adoro, yo creo; tu cielo es un libro de páginas bellas, donde en noches tranquilas mi símbolo leo, que escribe tu mano con signos de estrellas. En vano con sombras el caos se cierra: tú miras al caos, la luz nace entonces; tú mides las aguas que ciñen la tierra, tú mides los siglos que muerden los bronces. El mar a la tierra pregunta tu nombre, la tierra a las aves que tienden su vuelo; las aves lo ignoran; preguntan al hombre, y el hombre lo ignora; pregúntalo al cielo. El mar con sus ecos ha siglos que ensaya formar ese nombre; y el mar no penetra misterios tan hondos, muriendo en la playa, sin que oigan los siglos o sílaba o letra. Señor, tú eres santo; y te amo, yo espero; tus dulces bondades cautivan el alma; mi pecho gastaron con diente de acero los gustos del mundo, vacíos de calma. Concede a mis penas la luz de bonanza, la paz a mis noches, la paz a mis días; tu amor a mi pecho, tu fe y tu esperanza, que es bálsamo puro que al ánima envías. Amén