Lecturas del 6 de Mayo del 2018 (Domingo de la Sexta Semana de Pascua)

Jesús no sólo nos presenta el modelo de amor que debemos tener sino también la medida: COMO YO LOS HE AMADO. Jesús nos amó hasta dar su vida. Los cristianos debemos amarnos hasta dar nuestra propia vida. Es la única manera de mostrar que somos discípulos y amigos de Jesús. Para el cristiano hay un único mandamiento que resume todos y los actualiza, es el amar a Dios. Y ese amor a Dios se pone de manifiesto a través del amor al prójimo. No hay otra manera de llegar a Dios ni de ser discípulos de Jesús. No existe manera de corresponder al amor de Dios si ese amor excluye el amor a los hombres. Es una ilusión creer que se ama a Dios, sin que ese amor este acompañado por un amor a los hombres.

Lecturas del 25 de Mayo del 2017 (Jueves de la Sexta Semana de Pascua)

La alegría fruto de la presencia del Espíritu Santo, no es probablemente la alegría que muchos conocen. No es una risa desaforada, no es una sonrisa de compromiso o forzada. La alegría cristiana, es ese gozo que surge de la convicción plena de que Dios nunca nos abandona. Vamos a pedirle al Espíritu Santo, que venga a nosotros y nos llene de gozo, aún en los momentos de dolor y de pesar, aún cuando nos enfrentemos con problemas en nuestra familia o en nuestro trabajo y vamos a ofrecerle hoy a Él nuestro compromiso de mirar la vida, siempre con esperanza.

Lecturas del 5 de Mayo del 2016 (Jueves de la Sexta Semana de Pascua)

En esta luz del nuevo día que me concedes, oh Señor, dame mi parte de alegría y haz que consiga ser mejor. Dichoso yo, si al fin del día un odio menos llevo en mí, si una luz más mis pasos guía y si un error más yo extinguí. Que cada tumbo en el sendero me vaya haciendo conocer cada pedrusco traicionero que mi ojo ruin no supo ver. Que ame a los seres este día, que a todo a trance ame la luz, que ame mi gozo y mi agonía, que ame el amor y ame la cruz.

Lecturas del 6 de noviembre de 2015 (Viernes de la Semana 31)

«Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le dijo: “¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto.” El administrador pensó entonces: “¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!” Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: “¿Cuánto debes a mi señor?” “Veinte barriles de aceite”, le respondió. El administrador le dijo: “Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez.” Después preguntó a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?” “Cuatrocientos quintales de trigo”, le respondió. El administrador le dijo: “Toma tu recibo y anota trescientos.” Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz.»