Lecturas del 1 de Junio del 2018 (Viernes de la Octava Semana)

Todo tiempo debe ser bueno para dar frutos. No podemos esperar circunstancias especiales para santificarnos. Dios se acerca a nosotros buscando buenas obras en la enfermedad, en el trabajo ordinario, cuando hay exceso de quehaceres, en el tiempo ordenado y tranquilo, en vacaciones, en el fracaso: en todas las circunstancias porque Él nos da las gracias convenientes. “¡Hay que moverse, hijos míos, hay que hacer! Con valor, con energía, con alegría de vivir, porque el amor echa lejos de sí el temor (Juan, 4, 18) con audacia, sin timideces… No olvidéis que, si se quiere, todo sale: Dios no niega su ayuda al que hace lo que puede” (SAN JOSEMARIA ESCRIVÁ, Carta 6-V- 1945)

Lecturas del 22 de noviembre del 2016 (Martes de la Semana 34)

También hoy existen quienes pretenden engañarnos. Con frecuencia, falsos profetas tocan a nuestra puerta y pretenden que dejemos al Señor por otros objetivos. Muchas veces somos tentados a modificar nuestra fe o nuestra doctrina. Jesús nos previene que estos falsos profetas se presentarán afirmando que son el Mesías y anunciando que el tiempo está cerca. El Señor nos advierte de que no confundamos cualquier catástrofe – hambres, terremotos, guerras- con las señales que anuncian el fin del mundo. Estas ruinas, explica Jesús, prefiguran el fin de los tiempos, pero no indican su inminente cercanía. La ruina del Templo de Jerusalén tuvo sus signos propios y ocurrió a los pocos años de ser anunciado por el Señor. El fin del mundo, en cambio, permanece en el secreto de Dios, y el tiempo de este acontecimiento final ni siquiera Jesús quiso revelárnoslo.

Lecturas del 27 de Mayo del 2016 (Viernes de la Octava Semana)

Cuando contemplo el cielo de innumerables luces adornado, y miro hacia el suelo de noche rodeado, en sueño y en olvido sepultado; El amor y la pena despiertan en mi pecho un ansia ardiente; despiden larga vena los ojos hechos fuente, hasta que digo al fin con voz doliente: “Morada de grandeza, templo de claridad y hermosura, el alma que a tu alteza nació, ¿qué desventura la tiene en esta cárcel baja, oscura? ¿Qué mortal desatino de la verdad aleja así el sentido, qué, de tu bien divino olvidado, perdido, sigue la vana sombra, el bien fingido?” El hombre está entregado al sueño de su suerte no cuidando, y, con paso callado, el cielo vueltas dando las horas del vivir le va hurtando. ¡Oh, despertad, mortales, mirad con atención en vuestro daño! ¿Las almas inmortales, hechas a bien tamaño, podrán vivir de sombras y de engaño? ¡Ay! Levantad los ojos a aquesta celestial eterna esfera; burlaréis los antojos de aquesta lisonjera vida, con cuanto teme y cuanto espera. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu, por los siglos de los siglos. Amén