Lecturas del Miércoles 26 de Diciembre del 2018 (Octava de Navidad)

San Agustín decía: “En otros tiempos, se incitaba a los cristianos a renegar de Cristo; ahora; se enseña a los cristianos a negar a Cristo. Antes se usaba la violencia para que renegaran de Cristo; hoy las insidias.” Nos toca vivir en un ambiente adverso para nuestra fe, y si bien no sufrimos en nuestro país persecuciones violentas por causa de nuestra fé, sin embargo, sufrimos persecución. La persecución hoy es la ironía con la que muchos tratan de ridiculizar los valores cristianos. Y ante esa ironía, las personas más débiles, terminan cediendo ante la presión del ambiente. Es esa la forma en que se persigue a Cristo y a los suyos, haciéndolos parecer ridículos, tachándolos de antiguos o extraterrestres. Por eso hoy nosotros vamos a pedirle al Señor fortaleza, esa fortaleza que caracterizó siempre a los suyos. Pidamos al Señor que nos envíe su Espíritu, para que nosotros hoy como San Esteban, estemos dispuestos a proclamar a Cristo, a permanecer firmes a nuestros principios que son los de Cristo, y que nunca nos apartemos del camino del Señor.

Homilía del jueves 18 octubre de 2018, XXVIII ORDINARIO

¿Por qué Jesús da tantos detalles a los misioneros? Porque se trata del Reino, el don de Dios para el mundo. No se trata de un invento humano como doctrina filosófica o ideología. Sino de la vida que viene del Padre en Cristo por el Espíritu Santo. Así, Lucas detalla la exigencia de la pobreza, el abandonarse al contenido de la misión, el Reino. No puede el discípulo misionero pensar en la ganancia ni en el confort, el bien personal inmediato. Para eso no es la misión. La vida de entrega, soportando las adversidades, es una expresión de la fe en Jesucristo.

Lecturas del 17 de Septiembre del 2018 (Lunes de la Semana 24)

El centurión se nos muestra humilde y es precisamente esa humildad la que le permite tener fe. Y es por esa fe, que reconoce el poder de Jesús. Ese centurión percibe que Jesús tiene un poder superior y que no necesita tan siquiera acercarse al enfermo para curarlo. Sólo tenía que decirlo y así sería. Y Jesús quedó admirado de la fe de este hombre y produjo el milagro. Jesús puede hoy también sanar nuestras dolencias físicas y morales; sanar a quienes nos rodean. Tal vez si no hace el milagro se debe a que no tenemos esa fe y esa humildad que mostró el centurión. Pidámosle hoy con confianza a nuestro Señor que nos regale una fe en su poder, como la del centurión.

Homilía del viernes 7 de Septiembre del 2018, XXII ORDINARIO

Una cosa es que sepamos que todos tenemos la capacidad de servir para algo, en algo, a alguien. Otra es que nos capacitemos en ese servicio. Y una más es que decidamos servir desde el mandato del amor de Cristo. Este mandato del amor nos lleva a desarrollar integralmente nuestra persona para poder servir mejor, siempre mejorar en eso. Esta es una respuesta desde la libertad interior, de orientar nuestra identidad y vida en un sentido de fe.

Lecturas del 1 de Julio del 2018 (Domingo de la Semana 13)

Nos cuesta a veces creer, con nuestra inteligencia moderna e ilustrada, que el milagro es posible. Alguien dirá: Si Dios hace milagros, ¿por qué no sanó a tal o cual persona, o por qué no respondió a mi plegaria? Pero, ¿quiénes somos nosotros, para pedir cuentas a Dios? Dios actúa cuando quiere y como quiere, pero siempre con una sabiduría y un amor que nos supera infinitamente. Jamás el Señor nos negará nada que le pidamos y que sea bueno para nuestra salvación. Vamos a pedir hoy al Señor que se incremente en nosotros la fe. Que creamos verdaderamente que Él todo lo puede, y que nuestra vida sea coherente con esa fe, en un constante depositar nuestra confianza en Jesús.

Homilía del martes 26 junio de 2018, XII ORDINARIO

‘Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde’. Este dicho nuestro tiene mucho de verdad al referirlo a cosas, personas, situaciones. Nos habituamos a algo, a alguien, y ya no lo valoramos hasta que lo perdemos. Es peligroso tener la fe y dejarla escondida. Se va perdiendo la relación con Dios y nos vamos habituando a las cosas rutinarias, perdemos de vista el sentido de la vida, de las cosas, que podemos encontrar estando con Dios. El don del Espíritu Santo es más que una perla. Vivir bajo el reinado de Dios es un tesoro escondido. Despreciar estos dones es como provocar que todo se vuelva en nuestra contra: en vez de paz, violencia, en vez de vida, muerte.