¿Por qué honrar a tus padres puede hacerte feliz? Catequesis del Papa Francisco acerca del cuarto mandamiento

“Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días se prolonguen y seas feliz en la tierra que el Señor tu Dios te da”. Honrar a los padres conduce a una larga vida feliz. …No habla de la bondad de los padres, no requiere que los padres y las madres sean perfectos. Habla de un acto de los hijos, independientemente de los méritos de los padres, y dice algo extraordinario y liberador: incluso si no todos los padres son buenos y no todas las infancias son serenas, todos los hijos pueden ser felices, porque el logro de una vida plena y feliz depende de la justa gratitud con aquellos que nos han puesto en el mundo. Nuestras heridas comienzan a ser potenciales cuando, por gracia, descubrimos que el verdadero enigma ya no es “¿por qué?”, ​​sino “¿para quién?”,” ¿para quién?” me sucedió a mí. ¿En vista de qué obra me ha forjado Dios a lo largo de mi historia? Aquí todo se revierte, todo se vuelve precioso, todo se vuelve constructivo. Mi experiencia, aunque haya sido triste y dolorosa, a la luz del amor, ¿cómo se vuelve para los demás, para quién fuente de salvación?

Lecturas del 7 de Marzo del 2018 (Miércoles de la Tercera Semana de Cuaresma)

Dios creó al hombre y conoce sus necesidades. Los mandamientos no son imposiciones que tratan de limitar nuestra libertad, que son de otra época, son verdaderos caminos de felicidad. Nosotros demasiadas veces buscamos el camino de la FACILIDAD. Y en ese camino, nos proponemos unos cuantos preceptos fundamentales y un mínimo de exigencia morales, y vivimos nuestro cristianismo con eso sólo. Vivimos un cristianismo mezquino. Dejamos de lado algunos mandamientos del Señor, teniéndolos como sin importancia y eso nos hace sentirnos hombres libres, hombres de nuestra época. Y eso nos ocurre porque no hay verdadero amor a Dios. El amor, hay que manifestarlo en los detalles. Sin esos detalles no hay amor. En este tiempo de cuaresma, vamos a pedirle a nuestra madre María que nunca olvidemos las palabras de Jesús, ni tratemos de sacarle valor a los mandamientos antiguos y nuevos del Señor. El cumplimiento por amor de los mandamientos de Dios, es el camino más seguro de la felicidad. Y pidámosle también, que nos dé la fortaleza para no caer en la tentación de acomodar las leyes de Dios a nuestro parecer de hombres.

La discapacidad y la enfermedad, en los demás y en nuestra vida

¿Qué podemos reprochar a Dios por nuestras enfermedades y sufrimiento que no esté ya impreso en el rostro de su Hijo crucificado? A su dolor físico se agrega la afrenta, la marginación y la compasión, mientras él responde con la misericordia que a todos acoge y perdona: «Por sus heridas fuimos sanados». Jesús es el médico que cura con la medicina del amor, porque toma sobre sí nuestro sufrimiento y lo redime. Nosotros sabemos que Dios comprende nuestra enfermedad, porque él mismo la ha experimentado en primera persona. El modo en que vivimos la enfermedad y la discapacidad es signo del amor que estamos dispuestos a ofrecer.