Los bienes de la creación están destinados a todo el género humano… ¿a quiénes no debemos robar? Catequesis del Papa Francisco

“La propiedad de un bien hace de su dueño un administrador de la providencia”. Nadie es dueño absoluto de los bienes: es un administrador de los bienes. La posesión es una responsabilidad: “Pero yo soy rico de todo…” – esta es una responsabilidad que tienes-… Esta es la medida para saber si administro bien o mal las riquezas; esta palabra es importante: lo que realmente poseo es lo que sé dar. Si yo sé dar, si estoy abierto, entonces soy rico, no solamente de lo que poseo, sino también de generosidad, generosidad también como un deber de dar riqueza para que todos participen de ella. De hecho, si no puedo dar algo, es porque eso me posee, tiene poder sobre mí y me esclaviza. La posesión de los bienes es una oportunidad para multiplicarlos con creatividad y usarlos con generosidad, y así crecer en amor y libertad.

Lecturas del 1 de Julio del 2018 (Domingo de la Semana 13)

Nos cuesta a veces creer, con nuestra inteligencia moderna e ilustrada, que el milagro es posible. Alguien dirá: Si Dios hace milagros, ¿por qué no sanó a tal o cual persona, o por qué no respondió a mi plegaria? Pero, ¿quiénes somos nosotros, para pedir cuentas a Dios? Dios actúa cuando quiere y como quiere, pero siempre con una sabiduría y un amor que nos supera infinitamente. Jamás el Señor nos negará nada que le pidamos y que sea bueno para nuestra salvación. Vamos a pedir hoy al Señor que se incremente en nosotros la fe. Que creamos verdaderamente que Él todo lo puede, y que nuestra vida sea coherente con esa fe, en un constante depositar nuestra confianza en Jesús.

Lecturas del 21 de noviembre de 2016 (Lunes de la Semana 34)

Dios valora nuestra disposición de corazón cuando le ofrecemos algo, por eso, cuando damos nuestra ofrenda, no importa objetivamente la cantidad, que a los ojos de los demás puede ser mucho o insignificante sino nuestra disposición al ofrecerla. La limosna no consiste en dar un poco de lo mucho que se tiene, sino en hacer lo que hizo aquella viuda, que dió todo lo que tenía. Esta mujer nos enseña que podemos conmover el corazón de Dios, al entregarle todo aquello que tenemos a nuestro alcance, que será siempre muy poco frente a los dones que recibimos de nuestro Padre Dios. La ofrenda la hacemos a Dios, y él ve detrás de la acción, nuestro corazón, generoso o mezquino en la entrega.