Lecturas del 14 de Abril del 2018 (Sábado de la Segunda Semana de Pascua)

Después de la multiplicación del pan, Jesús embarca a sus discípulos y se retira a orar. Dios nos obliga por decirlo así, muchas veces a entrar en la barca e ir a la otra orilla, cómo a los apóstoles, solos, entre los vientos y las olas; nos obliga a entrar en la prueba, para que nosotros mismos veamos hasta dónde llegan nuestras fuerzas y hasta dónde las fuerzas de Dios y desterremos todo aquello que nos aleja del verdadero proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros. Sin embargo, sigue aún en esos momentos a nuestro lado y aprovecha algún momento para venir hacia nosotros, calmar el mar y darnos tranquilidad. Pidamos hoy al Señor que si en algún momento de nuestra vida no seguimos su proyecto y tiene que impulsarnos a subir a nuestra barca y luchar, no nos deje solos, que venga en nuestra ayuda, que contemos con Él .

Lecturas del 9 de Abril del 2016 (Sábado de la Segunda Semana de Pascua)

Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre. ¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo! En el día primero, tu resurrección alegraba el corazón del Padre. En el día primero, vió que todas las cosas eran buenas porque participaban de tu gloria. La mañana celebra tu resurrección y se alegra con claridad de Pascua. Se levanta la tierra como un joven discípulo en tu busca, sabiendo que el sepulcro está vacío. En la clara mañana, tu sagrada luz se difundecomo una gracia nueva. Que nosotros vivamos como hijos de luz y no pequemos contra la claridad de tu presencia.

Lecturas del Sábado 9 de enero del 2016

Después que los cinco mil hombres se saciaron, en seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman.» Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.
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