Lecturas del 24 de enero del 2018 (Miércoles de la Tercera Semana)

Sigue en el mundo de hoy la siembra de la Palabra. Hay mucha semilla que se desperdicia, pero hay también mucha que va cristalizando en buena cosecha. La semilla del Reino crece donde hay esperanza, donde hay sed de justicia, donde hay compromiso con el prójimo, donde se lucha por la paz. Pero la semilla tiene su tiempo para ser fecundada, para convertirse en espiga, y luego en pan. Por eso también el Señor quiere que pensemos con la necesaria esperanza, es necesario no dejarse abatir, por no obtener frutos inmediatos. El Señor quiere que en esos momentos, insistamos con la oración y pidamos frecuentemente la ayuda del Espíritu Santo. Pidamos hoy a María, ser tierra apta para recibir la semilla de la Palabra y que empiece a germinar.

Lecturas del 28 de Julio del 2017 (Viernes de la Semana 16)

Creer, y no convertir nuestra vida, no producir frutos de buenas obras, indica falsedad en la fe. Dios siembra sobre todos los campos. Él hace salir el sol sobre todos los campos, sin excluir a nadie del Reino. A nosotros nos deja la libertad de abrirnos o no a su amor. Vamos a pedir hoy a María que nos ayude a preparar la tierra de nuestro corazón, para que en ella la Palabra de Dios de siempre abundantes frutos.

Hay que purificar el corazón y custodiar en él la presencia del Señor

Jesús nos invita hoy a mirar dentro nuestro: a agradecer por nuestro terreno bueno, y a trabajar en los terrenos todavía no buenos. Preguntémonos si nuestro corazón está abierto para acoger con fe la semilla de la Palabra de Dios. Preguntémonos si nuestras rocas de la pereza son todavía muchas y grandes; identifiquemos y llamemos por nombre los espinos de los vicios. Encontremos el valor de hacer un buen saneamiento del terreno, un buen saneamiento de nuestro corazón, llevándole al Señor en la Confesión y en la oración nuestras rocas y espinos. Haciéndolo así, Jesús, el Buen Sembrador, será feliz de realizar un trabajo adicional: purificar nuestro corazón, quitando las rocas y los espinos que ahogan su Palabra.