Homilía del lunes 29 enero 2018, IV ORDINARIO

El sufrimiento, enfrentado con fe, aún el que nos causa vergüenza, lleva a mirar de manera distinta la vida, encontrar la paz. El rey David camina con los signos de la vergüenza: los pies descalzos y la cabeza gacha y cubierta. Confiado en el Señor, David acepta los insultos y pide misericordia: “Déjenlo que me maldiga, pues se lo ha ordenado el Señor. Tal vez el Señor se apiade de mi aflicción y las maldiciones de hoy me las convierta en bendiciones”. Seguramente, a lo largo de nuestra vida, hemos sufrido por diversas situaciones, algunas veces por nuestras propias faltas. En vez de reaccionar con enojo hoy tenemos esa alternativa, pedir misericordia, confiarnos en el amor del Padre.

Lecturas del 29 de enero del 2018 (Lunes de la Cuarta Semana)

El espíritu del mal es múltiple y tiene muchos nombres. Espíritus del mal son el odio, que destierra el amor; la ambición que seca el corazón humano; las riquezas mal adquiridas o mal conservadas, que son fuente en no pocas injusticias; la opresión, que destruye la caridad; la mentira, que ahuyenta el Espíritu. El hombre de hoy no tiene menos necesidad que ese hombre del evangelio de que Jesús venga a arrojar tantos espíritus malos, que se instalen en el corazón y que se instalan como Legión.

Lecturas del 30 de enero del 2017 (Lunes de la Cuarta Semana)

El evangelio de hoy nos habla de un hombre del que se había apoderado el demonio, pero el mismo demonio confiesa, que eran muchos los espíritus malignos, que habían entrado en él y habían establecido en él su permanencia. Y es muy cierto que el espíritu del mal es múltiple y tiene muchos nombres. Espíritus del mal son el odio, que destierra el amor; la ambición que seca el corazón humano; las riquezas mal adquiridas o mal conservadas, que son fuente en no pocas injusticias; la opresión, que destruye la caridad; la mentira, que ahuyenta el Espíritu.