Lecturas del 11 de Junio del 2018 (Lunes de la Semana 10 durante el año)

El apóstol que no trae la paz, no puede ser considerado apóstol de Cristo; el que no predica la paz, el que no construye la paz, el que no ofrece la paz es inútil que se diga y se presente como apóstol de Cristo; es lobo rapaz disfrazado de oveja. Pero para poder transmitir la paz, es necesario tenerla en nuestro corazón. Y para ello es necesario estar cerca de Dios, porque la paz es un Don del Espíritu Santo. Jesús quiere que fomentemos en nuestro corazón grandes deseos de paz y de concordia en medio de este mundo, que parece alejarse cada vez más de esa paz, porque los hombres, en ocasiones no quieren tener a Dios en su corazón. A nosotros, los cristianos, Jesús nos pide que seamos apóstoles que dejemos paz y alegría por donde pasemos.

Lecturas del 30 de Abril del 2018 (Lunes de la Quinta Semana de Pascua)

En algunas traducciones del Evangelio se llama al Espíritu Santo, Paráclito: Interprete. Este es un nombre muy adecuado para este Espíritu que nos permite “entender” las enseñanzas de Jesús. Este Espíritu que nos deletrea el mensaje y nos lo va haciendo asimilar. El centro siempre es Jesús, el Espíritu Santo, encamina la comunidad hacia Jesús. Por eso el Espíritu Santo nos es comunicado, no sólo para sentirnos bien, para sentirnos llenos de Él, sino para encaminarnos a Jesús y ponernos en camino con él para salvar el mundo.

Lecturas del 28 de Abril del 2018 (Sábado de la Cuarta Semana de Pascua)

Cuántas veces nos pasa que pedimos a Dios que se nos manifieste de una forma extraordinaria. No sabemos reconocer la presencia de Dios en la Eucaristía, en la Palabra, en la Iglesia y no sabemos buscar al Señor en la oración. El Señor nos prometió que escuchará toda oración hecha en su nombre. La condición que pone a nuestras peticiones es que las hagamos en su nombre y que lo que hagamos lo hagamos por el reino de Dios. Por eso cuando nuestra oración no es escuchada es porque no lo hacemos en Nombre de Jesús y entonces el Señor no va a “estar” con nosotros, no va a “pedir” con nosotros y no va “pedir por” nosotros al Padre. Vamos a pedirle hoy al Jesús la gracia de permanecer unidos a Él y al Padre en la oración. Que nos deje reconocer su presencia cercana y que nos ayude a descubrir la fuerza de la oración en todo momento y más aún en los momentos en que nos sentimos ya sin fuerzas o nos enfrentamos a la tentación o emprendemos una misión.