Lecturas del 1o. de Marzo del 2016 (Martes de la Tercera Semana de Cuaresma)

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Allí donde hay odio ponga yo amor. Allí donde hay discordia ponga yo unión.
Allí donde hay error ponga yo la verdad. Allí donde haya duda que ponga yo la fe. Allí donde haya desesperación, que ponga yo esperanza. Allí donde haya tinieblas, que ponga yo la luz. Allí donde haya tristeza, que ponga yo alegría. Haz, Señor, que no me empeñe tanto en ser consolado, como en consolar; en ser comprendido, como en comprender; en ser amado, como en amar. Porque dando se recibe, olvidando se encuentra, perdonando se es perdonado y muriendo a uno mismo se resucita a la vida eterna.

Lecturas del 15 de febrero del 2016 (Lunes de la Primera Semana de Cuaresma)

Señor, tú me llamaste para ser instrumento de tu gracia, para anunciar la Buena Nueva, para sanar las almas. Instrumento de paz y de justicia, pregonero de todas tus palabras, agua para calmar la sed hiriente mano que bendice y que ama. Señor, tú me llamaste para curar los corazones heridos, para gritar, en medio de las plazas, que el Amor está vivo, para sacar del sueño a los que duermen y para liberar al cautivo. Soy cera blanda entre tus dedos, haz lo que quieras conmigo. Señor, tú me llamaste para salvar al mundo ya cansado, para amar a los hombres que Tú, Padre, me diste como hermanos. Señor, me quieres para abolir las guerras y aliviar la miseria y el pecado; hacer temblar las piedras y ahuyentar a los lobos del rebaño. Amén

Lecturas del 14 de febrero del 2016 (Domingo de la 1a Semana de Cuaresma)

Dejado ya el descanso de la noche, despierto en la alegría de tu amor, concédeme tu luz que me ilumine como ilumina el sol. No sé lo que será del nuevo día que entre luces y sombras viviré, pero sé que si tu vienes conmigo, no fallará mi fe. Tal vez me esperen horas de desierto amargas y sedientas, más yo sé que, si vienes conmigo de camino, jamás yo tendré sed. Concédeme vivir esta jornada en paz con mis hermanos y mi Dios, al sentarnos los dos para la cena, párteme el pan, Señor. Recibe, Padre santo, nuestro ruego, acoge por tu Hijo la oración que fluye del Espíritu en el alma que sabe de tu amor. Amén.

Lecturas del 11 de febrero del 2016 (Jueves después de Ceniza)

Cuando la luz del sol es ya poniente, gracias, Señor, es nuestra melodía; recibe, como ofrenda, amablemente, nuestro dolor, trabajo y alegría. Si poco fue el amor en nuestro empeño de darle vida al día que fenece, convierta en realidad lo que fue un sueño tu gran amor que todo lo engrandece. Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte de pecadora en justa, e ilumina la senda de la vida y de la muerte del hombre que en la fe lucha y camina. Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día, concédenos la paz y la esperanza de esperar cada noche tu gran día. Amén.

Lecturas del 9 de febrero del 2016 (Martes de la Quinta Semana)

Libra mis ojos de la muerte; dales la luz que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte. Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos. Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío. Guarda mi fe del enemigo (¡tantos me dicen que estás muerto!). Tú que conoces el desierto, dame tu mano y ven conmigo. Amén.

Lecturas del 31 de enero del 2016 (Domingo de la Cuarta Semana)

Eres luz y siembras claridades, eres amor y siembras armonía desde tu eternidad de eternidades. Por tu roja frescura de alegría la tierra se estremece de rocío, Hijo eterno del Padre y de María. En el cielo del hombre, oscuro y frío, eres la luz total, fuego del fuego, que aplaca las pasiones y el hastío. Entro en tus esplendores, Cristo ciego; mientras corre la vida paso a paso, pongo mis horas grises en tu brazo, y a ti, Señor, mi corazón entrego. Amén.

Lecturas del 22 de enero del 2016 (Viernes de la Segunda Semana)

Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad, porque mi alma se refugia en ti; yo me refugio a la sombra de tus alas hasta que pase la desgracia. Invocaré a Dios, el Altísimo, al Dios que lo hace todo por mí: él me enviará la salvación desde el cielo y humillará a los que me atacan. ¡Que Dios envíe su amor y su fidelidad! ¡Levántate, Dios, por encima del cielo, y que tu gloria cubra toda la tierra! Porque tu misericordia se eleva hasta el cielo, y tu fidelidad hasta las nubes.