Lecturas del 15-7-17 (Sábado de la Semana 14)

El Señor es mi luz y mi salvación. ¿A quién temeré? De la seguridad de ser Hijos de Dios surge nuestra confianza, que no se confunde con la petulancia ni con la ingenuidad, sino que es la firmeza alegre de todo cristiano de saber que, a pesar de las dificultades y las limitaciones, cuenta con la ayuda de nuestro Padre Dios en todas las circunstancias de la vida. Vamos a pedir hoy a María, a ella que su fe y confianza en el Señor para sobrellevar tantas contrariedades en su vida, que nos enseñe a sabernos siempre hijos de Dios, y a confiar en Jesús que nos dice: no teman.

HOMILÍA DEL SÁBADO 15 DE JULIO, XIV ORDINARIO

La presencia del Santo Patrono en una comunidad tiene dos motivos fundamentales: que al conocer su vida procuremos imitarlo lo mejor posible y mirarlo como intercesor. Para vida de la comunidad además propicia la unidad de los miembros, de manera individual y en los distintos grupos, equipos, comunidades propias. Al celebrar hoy a San Buenaventura, caminemos con él en el itinerario espiritual que nos propone para llegar al Padre por Cristo, bajo la acción del Espíritu santo, fortaleciendo nuestra fe en la oración y la meditación de la Palabra de Dios.

Lecturas del 15 de Julio del 2016 (Viernes de la Semana 15)

Eres luz y siembras claridades, eres amor y siembras armonía desde tu eternidad de eternidades. Por tu roja frescura de alegría la tierra se estremece de rocío, Hijo eterno del Padre y de María. En el cielo del hombre, oscuro y frío, eres la luz total, fuego del fuego, que aplaca las pasiones y el hastío. Entro en tus esplendores, Cristo ciego; mientras corre la vida paso a paso, pongo mis horas grises en tu brazo, y a ti, Señor, mi corazón entrego. Amén

Lecturas del 7 de Marzo del 2016 (Lunes de la Cuarta Semana de Cuaresma)

Tú, Señor, que asumiste la existencia, la lucha y el dolor que el hombre vive, no dejes sin la luz de tu presencia la noche de la muerte que lo aflige. Te rebajaste, Cristo, hasta la muerte, y una muerte de cruz, por amor nuestro; así te exaltó el Padre, al acogerte, sobre todo poder de tierra y cielo. Para ascender después gloriosamente, bajaste sepultado a los abismos; fue el amor del Señor omnipotente más fuerte que la muerte y que su sino. Primicia de los muertos, tu victoria es la fe y la esperanza del creyente, el secreto final de nuestra historia, abierta a nueva vida para siempre. Cuando la noche llegue y sea el día de pasar de este mundo a nuestro Padre, concédenos la paz y la alegría de un encuentro feliz que nunca acabe. Amén.

Lecturas del 6 de Marzo del 2016 (Domingo de la Cuarta Semana de Cuaresma)

No sé de dónde brota la tristeza que tengo. Mi dolor se arrodilla, como el tronco de un sauce, sobre el agua del tiempo, por donde voy y vengo, casi fuera de madre, derramado en el cauce. Lo mejor de mi vida es el dolor. Tú sabes cómo soy; tú levantas esta carne que es mía; Tú, ésta luz que sonrosa las alas de las aves; tú, esta noble tristeza que llaman alegría. Tú me diste la gracia para vivir contigo; tú me diste las nubes como el amor humano; y, al principio del tiempo, tú me ofreciste el trigo, con la primera alondra que nació de tu mano. Con el último rezo de un niño que se duerme y, con la voz nublada de sueño y de pureza, se vuelve hacia el silencio, yo quisiera volverme hacia ti, y en tus manos desmayar mi cabeza. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu, por los siglos de los siglos. Amén.

Lecturas del 5 de Marzo del 2016 (Sábado de la Tercera Semana de Cuaresma)

Porque anochece ya, porque es tarde, Dios mío, porque temo perder las huellas del camino, no me dejes tan solo y quédate conmigo. Porque he sido rebelde y he buscado el peligro y escudriñé curioso las cumbres y el abismo, perdóname, Señor, y quédate conmigo. Porque ardo en sed de ti y en hambre de tu trigo, ven, siéntate a mi mesa, bendice el pan y el vino. ¡Qué aprisa cae la tarde! ¡Quédate al fin conmigo! Amén.

Lecturas del 4 de Marzo del 2016 (Viernes de la Tercera Semana de Cuaresma)

Vivo sin vivir en mí, y, tan alta vida espero, que muero porque no muero. Vivo yo fuera de mí, después que muero de amor, porque vivo en el Señor, que me quiso para sí. Cuando el corazón le dí, puso en él este letrero: “Que muero porque no muero”. Esta divina prisión del amor en que yo vivo ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón. Y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero. ¡Ay, qué larga es esta vida!, ¡Qué duros estos destierros!, ¡Esta cárcel, estos hierros, en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero. Mira que el amor es fuerte; vida, no me seas molesta; mira que sólo te resta, para ganarte, perderte. Venga ya la dulce muerte, venga el morir muy ligero,que muero porque no muero. Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva. Muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero. Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es perderte a ti, para mejor a él gozarle? Quiero muriendo alcanzarle, pues a él sólo es al que quiero: Que muero porque no muero. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.