Lecturas del 23 de enero del 2018 (Martes de la Tercera Semana)

Cada uno de nosotros en el momento de nuestro Bautismo fuimos convertidos en hijos de Dios y hermanos de Cristo. Pero eso no nos basta para ser hoy familia de Jesús. Hoy debemos abrir nuestro corazón al Espíritu Santo y abrazar con alegría la causa de Jesús y comprometernos con el reino de Dios, para ser familia de Jesús. Cristo vino al mundo a través de María, y en su plan de salvación, Dios quiere que nosotros vayamos a Cristo a través de María. Dios confió a la virgen la misión de ser madre de Jesús. Pero no la madre del Jesús nacido en Nazaret solamente, sino madre del Cristo total, de ese Cristo formado por el Jesús nacido en Nazaret y por todos los bautizados. Por eso María es nuestra Madre y su misión es que Jesús nazca de nuevo en cada uno de nosotros, que podamos ser otros Cristos en el mundo de hoy, en nuestra sociedad y en nuestra familia. Hoy vamos a decirle a la Virgen que queremos ser sus hijos, que nos eduque como educó a Jesús, para que siempre cumplamos en nuestra vida la voluntad de Dios.

Lecturas del 23 de enero del 2017 (Lunes de la Tercera Semana)

Todo pecado, por grande que sea, puede ser perdonado, porque la misericordia de Dios es infinita; pero para que sea posible el perdón es necesario reconocer el pecado y creer en la misericordia de Dios. La actitud de cerrarse es la que impide el perdón de Dios, ya que anula toda posibilidad de arrepentimiento. El que peca así, voluntariamente se excluye del perdón divino, no porque Dios no pueda perdonar todos los pecados, sino porque el pecador , en su obcecación frente a Dios, rechaza a Jesucristo, a su doctrina y a sus milagros, y desprecia la gracia del Espíritu Santo. Vamos a pedirle hoy al Señor que seamos auténticamente sinceros y humildes para reconocer nuestras faltas, y que nos mantengamos siempre abiertos a las inspiraciones de su Espíritu.

Lecturas del 23 de enero del 2016 (Sábado de la Segunda Semana)

Alfarero del hombre, mano trabajadora que de los hondos limos iniciales, convocas a los pájaros a la primera aurora, al pasto los primeros animales. De mañana te busco, hecho de luz concreta, de espacio puro y tierra amanecida. De mañana te encuentro, vigor, origen, meta de los profundos ríos de la vida. El árbol toma cuerpo, y el agua melodía; tus manos son recientes en la rosa; se espesa la abundancia del mundo a mediodía, y estás de corazón en cada cosa. No hay brisa si no alientas, monte si no estás dentro, ni soledad en que no te hagas fuerte. Todo es presencia y gracia; vivir es este encuentro: tú, por la luz; el hombre, por la muerte. ¡Qué se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte dejar tanta hermosura en tanta guerra! Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte de haberle dado un día las llaves de la tierra. Amén