Lecturas del 12 de abril del 2018 (Jueves de la Segunda Semana de Pascua)

Tal vez alguno de nosotros ha sido enviado por Dios como discípulo, a enseñar, a trasmitir su palabra. A todos, en una ocasión u otra, se nos presentan situaciones en que debemos dar testimonio de nuestra fe. Pero para poder hacerlo, nuestro corazón tiene que estar previamente lleno de Dios. En caso contrario trasmitiremos palabras sin contenido, palabras que no convencerán a nadie. Cada vez que necesitamos trasmitir la Palabra de Dios tenemos que prepararnos. Y prepararnos es pedir a Dios su auxilio. Sólo cuando es el Espíritu de Dios el que inspira las palabras que salen de nuestra boca, pueden llegar a los demás como Palabra de Dios y penetrar el corazón de quienes nos escuchan. Y no caigamos en el error de pensar que para trasmitir la Palabra de Dios hace falta saber mucho, ser muy preparado. Lo que sí hace falta es contar con el auxilio del Espíritu de Dios. Y ese auxilio nos es dado siempre que nosotros lo pedimos lo pedimos con humildad. Por eso, no trasformemos el mensaje de Jesús o su Palabra en una mera transmisión de información, la Palabra de Dios es mucho más que eso.

Lecturas del 12 de Abril del 2017 (Miércoles Santo)

La ruptura de Judas con el Señor, el resquebrajamiento de su fe y de su vocación, debió producirse poco a poco, cediendo cada vez en cosas más importantes. Ahora ya no se acuerda de los milagros, de las curaciones, es un hombre desorientado, descentrado, capaz de cometer culpablemente, la locura que acaba de hacer. El acto que ahora se consuma ha sido ya precedido por infidelidades y faltas de lealtad cada vez mayores. En estos días santos pidamos a María que nos ayude a ser siempre fieles al Señor en las pequeñas cosas, y que no aceptemos jamás las faltas de amor a Jesús, por más intranscendentes que nos parezcan.

Lecturas del 12 de Abril del 2016 (Martes de la Tercera Semana de Pascua)

Que la lengua humana cante este misterio: la preciosa sangre y el precioso cuerpo. Quien nació de Virgen Rey del universo, por salvar al mundo, dio su sangre en precio. Se entregó a nosotros, se nos dió naciendo de una casta Virgen;
y, acabado el tiempo, tras haber sembrado la palabra al pueblo, coronó su obra con prodigio excelso. Fue en la última cena -ágape fraterno-, tras comer la Pascua según mandamiento, con sus propias manos repartió su cuerpo, lo entregó a los Doce para su alimento. La palabra es carne y hace carne y cuerpo con palabra suya lo que fue pan nuestro. Hace sangre el vino, y, aunque no entendemos, basta fe, si existe corazón sincero. Adorad postrados este Sacramento. Cesa el viejo rito; se establece el nuevo. Dudan los sentidos y el entendimiento: que la fe no supla con asentimiento. Amén