Lecturas del 6 de Marzo del 2018 (Martes de la Tercera Semana de Cuaresma)

Nuestra conducta no debe consistir en esforzarnos por recordar todas las ofensas que nos han hecho, porque esto es impropio de un hijo de Dios. Muchas veces parece que tenemos preparado un registro para recitar, en la primera ocasión que se nos presenta, una lista de todos los agravios sufridos. Aunque el prójimo no mejore, aunque reincida una y otra vez en la misma ofensa o en aquello que nos molesta, debemos renunciar a todo rencor. Nuestro corazón debe conservarse sano y limpio de toda enemistad. Nuestro perdón debe ser sincero, de corazón, como Dios nos perdona a nosotros. Perdón rápido, sin dejar que el odio o la separación se aniden en nuestro corazón. Sin adoptar poses teatrales ni perder el buen humor. La mayoría de las veces, en la convivencia diaria, ni siquiera será necesario decir “te perdono”: bastará sonreír, devolver la conversación, tener un gesto amable. En definitiva, disculpar.

Lecturas del 6-3-17 (Jueves de la Quinta Semana de Cuaresma)

San Gregorio decía: “Pregúntese cada uno, si oye en su corazón la Palabra de Dios y sabrá de dónde es. Considere cada cual, si oye esta voz de Dios en su corazón, y conocerá por ello que es de Dios”. Para salvarnos de poco nos servirán los bienes materiales o las cualidades que podamos tener. Con la muerte, habremos de dejar todas las cosas de este mundo. A la otra vida sólo llevaremos nuestras obras. Y estás son las que nos merecerán el premio o el castigo eterno.

Lecturas del 6 de marzo del 2017 (Lunes de la Primera Semana de Cuaresma)

No juzguemos a otra gente, a gente que practica otra religión o tal vez ninguna, porque tal vez ellos sin conocer a Cristo y quizá sin saberlo estén más cerca de Él y de su reino que nosotros. El Señor en este evangelio se identifica con los que más necesitan amor, y nos dice a nosotros que lo amemos en esas personas que sufren, que están enfermos, que están desamparados, que tienen hambre…

Lecturas del 6 de Marzo del 2016 (Domingo de la Cuarta Semana de Cuaresma)

No sé de dónde brota la tristeza que tengo. Mi dolor se arrodilla, como el tronco de un sauce, sobre el agua del tiempo, por donde voy y vengo, casi fuera de madre, derramado en el cauce. Lo mejor de mi vida es el dolor. Tú sabes cómo soy; tú levantas esta carne que es mía; Tú, ésta luz que sonrosa las alas de las aves; tú, esta noble tristeza que llaman alegría. Tú me diste la gracia para vivir contigo; tú me diste las nubes como el amor humano; y, al principio del tiempo, tú me ofreciste el trigo, con la primera alondra que nació de tu mano. Con el último rezo de un niño que se duerme y, con la voz nublada de sueño y de pureza, se vuelve hacia el silencio, yo quisiera volverme hacia ti, y en tus manos desmayar mi cabeza. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu, por los siglos de los siglos. Amén.