Lecturas del 9 de febrero del 2018 (Viernes de la Quinta Semana)

En el Bautismo recibimos la responsabilidad de no dejar que nadie pierda su fe ante la avalancha de ideas y de errores doctrinales y morales a los que frecuentemente estamos sometidos. Cada cristiano debe ser testimonio de buena doctrina, testigo -no solo con el ejemplo: también con la palabra- del mensaje evangélico. Y debemos aprovechar cualquier oportunidad que se nos presente, con nuestros familiares, con nuestros amigos, compañeros y vecinos. También con aquellas personas con quienes por casualidad compartimos un viaje o un encuentro circunstancial. Pidamos a María que, por la gracia del Bautismo, nos inspire para que si nuestros oídos permanecen abiertos y podemos hablar correctamente, con frecuencia durante nuestra vida nos convirtamos en verdaderos apóstoles del Señor.

Lecturas del 9 de febrero del 2017 (Jueves de la Quinta Semana)

En el evangelio de hoy, una mujer pagana, oyó hablar de Jesús y fue a postrarse a sus pies; le pidió que expulsara de su hija al demonio. El le respondió: «Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros.» Pero ella le respondió: «Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos.» Los judíos se consideraban hijos predilectos de Dios y pensaban que los paganos no eran más que perros. Probablemente Jesús quiso probar la fe de ella al contestarle así. Quería probar hasta dónde llegaba su fe. Y la actitud de ella es una enseñanza enorme para nuestra poca paciencia, para nuestra escasa fe. Porque ella insistió aún cuando en apariencia era rechazada por Dios mismo, era despreciada por Dios mismo. Y ella insistió, con humildad. Ella no se justificó. No le dijo a Jesús: yo soy buena, yo no hice ningún mal, en cambio, aceptó lo que el Señor le dijo y manifestó humildemente su “necesidad” de Dios. A pesar de su dolor, no rechazó a Jesús, por el contrario, le volvió a pedir con humildad.

Lecturas del 9 de febrero del 2016 (Martes de la Quinta Semana)

Libra mis ojos de la muerte; dales la luz que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte. Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos. Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío. Guarda mi fe del enemigo (¡tantos me dicen que estás muerto!). Tú que conoces el desierto, dame tu mano y ven conmigo. Amén.