Lecturas del 6 de Marzo del 2018 (Martes de la Tercera Semana de Cuaresma)

Nuestra conducta no debe consistir en esforzarnos por recordar todas las ofensas que nos han hecho, porque esto es impropio de un hijo de Dios. Muchas veces parece que tenemos preparado un registro para recitar, en la primera ocasión que se nos presenta, una lista de todos los agravios sufridos. Aunque el prójimo no mejore, aunque reincida una y otra vez en la misma ofensa o en aquello que nos molesta, debemos renunciar a todo rencor. Nuestro corazón debe conservarse sano y limpio de toda enemistad. Nuestro perdón debe ser sincero, de corazón, como Dios nos perdona a nosotros. Perdón rápido, sin dejar que el odio o la separación se aniden en nuestro corazón. Sin adoptar poses teatrales ni perder el buen humor. La mayoría de las veces, en la convivencia diaria, ni siquiera será necesario decir “te perdono”: bastará sonreír, devolver la conversación, tener un gesto amable. En definitiva, disculpar.

Lecturas del 21 de Marzo del 2017 (Martes de la Tercera Semana de Cuaresma)

Nuestra conducta no debe consistir en esforzarnos por recordar todas las ofensas que nos han hecho, porque esto es impropio de un hijo de Dios. Muchas veces parece que tenemos preparado un registro para recitar, en la primera ocasión que se nos presenta, una lista de todos los agravios sufridos. Aunque el prójimo no mejore, aunque reincida una y otra vez en la misma ofensa o en aquello que nos molesta, debemos renunciar a todo rencor. Nuestro corazón debe conservarse sano y limpio de toda enemistad. Nuestro perdón debe ser sincero, de corazón, como Dios nos perdona a nosotros. Perdón rápido, sin dejar que el odio o la separación se aniden en nuestro corazón. Sin adoptar poses teatrales ni perder el buen humor. La mayoría de las veces, en la convivencia diaria, ni siquiera será necesario decir “te perdono”: bastará sonreír, devolver la conversación, tener un gesto amable. En definitiva, disculpar.

Lecturas del 11 de Agosto del 2016 (Jueves de la Semana 19)

Desde la cruz redentora, el Señor nos dio el perdón, y, para darnos su amor, todo a la vez, sin medida, abrió en su pecho una herida y nos dio su corazón. Santa cruz de Jesucristo, abierta como dos brazos: rumbo de Dios y regazo en la senda del dolor, brazos tendidos de amor sosteniendo nuestros pasos. Sólo al chocar en las piedras el río canta al Creador; del mismo modo el dolor, como piedra de mi río, saca del corazón mío el mejor canto de amor. Amén