Homilía del martes 26 junio de 2018, XII ORDINARIO

‘Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde’. Este dicho nuestro tiene mucho de verdad al referirlo a cosas, personas, situaciones. Nos habituamos a algo, a alguien, y ya no lo valoramos hasta que lo perdemos. Es peligroso tener la fe y dejarla escondida. Se va perdiendo la relación con Dios y nos vamos habituando a las cosas rutinarias, perdemos de vista el sentido de la vida, de las cosas, que podemos encontrar estando con Dios. El don del Espíritu Santo es más que una perla. Vivir bajo el reinado de Dios es un tesoro escondido. Despreciar estos dones es como provocar que todo se vuelva en nuestra contra: en vez de paz, violencia, en vez de vida, muerte.