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Homilía del jueves 13 de septiembre de 2018, XXIII ORDINARIO

San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia
1Cor 8, 1 13; Sal 138; Lc 6, 27-38.

Si nos abandonamos en las manos del Padre, fiándonos totalmente de Jesús, el amor será nuestra gran necesidad espiritual. Lloraremos ya no sólo por ser amados, sino por poder amar, sentiremos como hambre de hacer algo por otros.
Ese es el paso siguiente a las bienaventuranzas en el camino del Reino. El amor como principio fundamental de vida, al estilo de Jesús, decidiéndonos a dar y no tanto a recibir, por eso el amor tiene sus características.
Amor a los enemigos: los que nos maldicen, difaman, física o psicológicamente nos golpean; los que nos invaden pidiéndonos cosas o alterando nuestra paz. El trato igualitario al que queremos recibir.
El punto de llegada es la misericordia. Que el amor, la preocupación por el que sufre, el interés por los demás sea una fuerza que salga de lo más profundo de nosotros mismos. Eso es misericordia que nos hace semejantes al Padre.
Desaparecerá la tentación más pronta que surge en nosotros, juzgar a los demás; de la misma manera seremos libres para dar sin esperar nada. La respuesta del Padre será un amor abundante que se manifiesta en la paz y el gozo.
Es expresiva la afirmación de Jesús: “recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica”. La abundancia del amor misericordioso del Padre para nosotros.
Para mirar a un testigo que no tiene miedo de hablar y vivir al estilo de Cristo, tenemos hoy a San Juan Crisóstomo, boca de oro, quien por su predicación fue desterrado y falleció, al momento de regresar a su diócesis.
La preocupación de este santo, a pesar de su gran cultura, es llevar a la vida el evangelio, siendo exigente en su predicación, radical en su aseveración sobre el seguimiento de Cristo. Que interceda por nosotros.

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La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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