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Homilía del lunes 28 de mayo de 2018, VIII ORDINARIO

Verde, Misa por la Familia.
1Pe 1, 3-9; Sal 110; Mc 10, 17-27.

Por educación familiar, vivimos principios y valores inscritos en nuestra conciencia. Les podemos llamar derechos humanos, cercanos en la fe a los Diez Mandamientos. Muchos lo sabemos, algunos los comprendemos, y vivimos los que podemos. La primera pregunta de Jesús al hombre que quiere seguirlo es acerca de la ley y le revela que seguirlo está más allá: “Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”.
Ese tesoro tiene dos caras: amor y libertad. El que ama es libre, sólo puede amar quien es libre para dar su vida. Cristo nos pide libertad interior para seguirlo, renunciar a toda seguridad material, afectiva, aún de creencias personales.
Quien está dependiendo de lo material, no es libre, no crece. Cristo resucitado “nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse y que él nos tiene reservada como herencia en el cielo”.
Ya en el bautismo hemos muerto y resucitado con Cristo, ya estamos caminado ese nuevo cielo. Y ese es precisamente el reto. Vivir el don recibido. La vida de Cristo es de Él. Nos la regala. A nosotros toca acogerla, comprenderla, amarla y tratar de vivirla. El problema es que estamos atados al mundo, sus valores, esquemas. Dolorosamente, donde con más frecuencia vemos esta tensión entre ‘cielo’ y ‘tierra’, es en la familia.
Los novios dicen unirse por amor. Pero no siempre están libres para amar. Dependen de la familia anterior, de roles sociales, del dinero.
Sólo en Cristo podemos vivir el auténtico amor donación mutua, que realiza la igualdad en dignidad, complementarios en las diferencias físicas, psicológicas, espirituales, entre hombre y mujer. Comunión fuente de vida para ambos y para los hijos, fuente de vida para la sociedad.

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Vicaría de San Buenaventura

La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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