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Homilía del marzo 11 de 2018, IV DOMINGO DE CUARESMA

2Cró 36,14- 16.19-23; Sal 136, 1-2. 4-5. 6; Ef 2, 4-10; Jn 3,14- 21.

Estamos habituados al uso de la corriente eléctrica, la identificamos con la luz, de modo que cuando deja de funcionar exclamamos ‘¡se fue la luz!’, no la corriente eléctrica.
Hay elementos, palabras, situaciones que nos iluminan, aunque haya luz del día o eléctrica. Ser iluminados es una experiencia interior, no sólo exterior. Dios nos ha enviado su Palabra como Luz, para entenderlo a Él y a la vida.
Por eso dice Jesús al discípulo secreto, Nicodemo: “La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas”.
Hacer cosas en lo oscuro es sinónimo de actuar mal. La primera lectura lo ha descrito cómo: “practicando todas las abominables costumbres de los paganos, y mancharon la casa del Señor, que él se había consagrado”.
Los dioses paganos se conforman con cosas, con ofrendas, con fiestas. Eso no es lo que le agrada a nuestro Padre Dios, quien actúa con firmeza, despojando a sus elegidos de lo que les ha dado, sometiéndolos a un rey pagano.
Este sometimiento causa vergüenza, pues es quien manda reconstruir el templo. No siquiera deja eso a quienes lo rechazaron. Nosotros rechazamos a Dios y nos conformamos con ofrecerle cosas, no nuestra propia existencia.
Pablo es claro al hablarnos del amor del Padre: “Por pura generosidad suya, hemos sido salvados”. Esta generosidad se manifiesta en Cristo quien muere en la cruz para que nosotros tengamos vida.
Esta vida no es sólo salud, o nunca morir. Es permanecer en el amor del Padre, que es eterno, nunca se acaba. Si desde ahora mantenemos esa relación auténtica con el Padre, nunca nos dejará de su amor, que nos lleva a construir la justicia y la paz; viviendo así, daremos de su vida al mundo.

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Vicaría de San Buenaventura

La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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