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Lecturas del 1 de Diciembre del 2018 (Sábado de la Semana 34)

SANTORAL: San Eloy

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 2; 22, 1-7

Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir asu esposo. Después el Ángel me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero, en medio de la plaza de la Ciudad. A ambos lados del río, había arboles de vida que fructificaban doce veces al año, una vez por mes, y sus hojas servían para curar a los pueblos. Ya no habrá allí ninguna maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la Ciudad, y sus servidores lo adorarán. Ellos contemplarán su rostro y llevarán su Nombre en la frente. Tampoco existirá la noche, ni les hará falta la luz de las lámparas ni la luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y ellos reinarán por los siglos de los siglos. Después me dijo: «Estas palabras son verdaderas y dignas de crédito. El Señor Dios que inspira a los profetas envió a su mensajero para mostrar a sus servidores lo que tiene que suceder pronto. ¡Volveré pronto! Feliz el que cumple las palabras proféticas de este Libro.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 94, 1-2. 3-5. 6-7 (R.: 1Cor 16, 22b y Apoc 22, 20c)

R. ¡Marana tha! ¡Ven, Señor Jesús!

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor! R.

Porque el Señor es un Dios grande,
el soberano de todos los dioses:
en su mano están los abismos de la tierra,
y son suyas las cumbres de las montañas;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
y la tierra firme, que formaron sus manos.R.

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano.R.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 34-36

Jesús dijo a sus discípulos:
«Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor.

Reflexión

En el último día del tiempo ordinario, cuando se cierra el último año litúrgico, el Señor nos dice que tenemos que estar prevenidos. Mañana, con el comienzo del Tiempo de Adviento, la Iglesia nos invitará a comenzar la preparación para la Navidad. Y parece que el pasaje del evangelio de hoy nos va poniendo en clima con estas predicaciones del Señor sobre nuestro comportamiento de todos los días.
Jesús nos exhorta a “no dejarse aturdir por los excesos y las preocupaciones de la vida”. No es nada raro ni difícil que suceda. La urgencia de los asuntos temporales, que por un lado no pueden descuidarse ya hay que ocuparse con esmero y dedicación, puede incidir en el descuido de nuestra vida espiritual y de nuestros labor de apóstoles del Señor.
Hay cosas de las que no podemos prescindir en nuestra vida física, y otras que también son absolutamente imprescindibles para nuestra vida del alma. El Señor nos dice en el Evangelio: “ Estén prevenidos y oren incesantemente”. Si no rezamos, si no rezamos con frecuencia, no nos debemos extrañar de que nuestra vida espiritual vaya desfalleciendo. De que se vaya asfixiando por nuestras preocupaciones, desorientada por nuestra visión meramente natural.
Si no rezamos de continuo, no nos puede extrañar que a veces sintamos pesados nuestros pies y frío nuestro corazón. Entonces, no tendremos derecho a quejarnos cuando descubrimos que hemos perdido el entusiasmo por nuestros ideales, y ha desaparecido toda ilusión en el cumplimiento de nuestros deberes de hijos de Dios.
Orar es hablar con nuestro Padre Dios. Y la oración nos libera de las cargas que nos oprimen, de las limitaciones que nos anulan, de los defectos que nos amargan.
No debemos caer en la tentación de eludir nuestra obligación y necesidad de orar, absorbiéndonos con las obligaciones del trabajo. Si es cierto que tenemos la obligación de trabajar, no es menos cierto que la oración es indispensable para nuestra vida. El tiempo que dedicamos al trabajo debe ser la medida del tiempo que dedicamos a la oración. A mayor tiempo de trabajo, mayor tiempo de oración. Solamente así vamos a conseguir que nuestro trabajo sea fructífero para la vida eterna. Si trabajamos sin orar, llegamos rápidamente al agotamiento y al cansancio desalentador. Si oramos sin trabajar, nuestra oración pierde su eficacia.
Orar no es decir muchas palabras o pronunciar muchas fórmulas o rezos. Orar es ponerse en presencia de Dios y hablarle con palabras sencillas, como son siempre las palabras que brotan de un corazón sincero. Y finalmente, orar es hacer silencio en nosotros mismos para escuchar la Palabra de Dios que nos habla en el fondo de nuestros corazones.
Vamos a pedir al Jesús como Samuel: Habla Señor que tu siervo escucha, y a María, Señora del Silencio y de la Escucha, que nos enseñe a hacer silencio para poder dialogar con el Señor.

Yo he sentido, Señor, tu voz amante
en el misterio de las noches bellas,
y en el suave temblor de las estrellas
la armonía gocé de tu semblante.

No me llegó tu acento amenazante
entre el fragor de tueno y de centellas;
al ánima llamaron tus querellas
como el tenue vagido de un infante.
¿Por qué no obedecí cuando te oía?
¿Quién me hizo abandonar tu franca vía
y hundirme en las tinieblas del vacío?

Haz, mi dulce Señor, que en la serena
noche vuelva a escuchar tu cantilena;
¡ya no seré cobarde, Padre mío! Amén.

SANTORAL: San Eloy

Lo llamaban Eloy, o Eligió, para significar “que había sido escogido” por Dios aún antes de nacer, debido a un sueño premonitorio que tuvo su madre, cuando lo llevaba en su seno. Había nacido en Aquitania, región al sudoeste de Francia, en la villa de Chaptelac, hacia el año 588, y pertenecía a una familia de labradores. En su juventud estudió humanidades; pero su vocación y su gusto se inclinaban a sus habilidades artísticas. Familiares y amigos admiraban los trabajos de orfebrería que realizaba. El platero de Limoges, viendo las aptitudes artísticas de Eloy, lo envió a Paris. El joven llevaba una cartas de recomendación para el tesorero del reino. Desde ese momento comenzaron a realizarse sus deseos. Fue admitido como orfebre del rey Clotario II.

-¿Te comprometerías a fabricar un trono real? -Le preguntaron. Eloy accedió con gran alegría. Las ansias de toda su vida se cumplían. Se lo vio trabajar con libras de oro y plata. Adornó el trono con brillantes, zafiros, esmeraldas, marfiles y perlas de Oriente. El rey quedó agradecido; la obra era perfecta.
Comenzó una sencilla y verdadera amistad con el rey Clotario, quien admiraba a los artistas y escritores. Ese mismo sentimiento se lo prodigó Dagoberto, el príncipe heredero del trono.
Al morir el tesorero, otorgaron a Eloy el cargo de superintendente de todos los centros monetarios del reino. Instaló un taller en el palacio que acababa de obsequiarle a Clotario. Doraba, repujaba, bruñía finos metales; engarzaba camafeos, tejía hilos de oro; sobre una gran mesa de mármol se veían cálices, cruces, relicarios, patenas.
Durante sus continuas actividades sentía la voz divina que le hablaba en lo más íntimo de su corazón. El arte era para Eloy una obra de piedad. Ayudaba a los menesterosos. Se lo veía salir con los bolsillos llenos de monedas, que iba repartiendo entre los pobres.
Rescató cautivos; fundó piadosas instituciones, entre ellas la célebre abadía de Soliñac, cerca de Limoges, a la que puso bajo la advocación de san Columbano; un monasterio de mujeres en París, bajo la advocación de san Marcial, y la iglesia de san Pablo, en la misma ciudad.
Al morir san Acario, obispo de Noyon y Tournay, el clero y el pueblo pidieron por obispo “al religioso de la corte”. Fue consagrado en Rúan, el año 640. Después se dirigió a Noyon. Su gestión fue de amor, de oración, de humildad y penitencia. Las rentas tenían destinatarios: los pobres. Propagó la doctrina de Jesús en sus viajes apostólicos al territorio de Tournay, en Flandes, y los confines de Brabante, donde levantó el estandarte de la cruz sobre las ruinas del paganismo. Lo mismo hizo en los cantones de Courtray y de Gante. Según algunos autores, san Eloy murió en Noyon, el 1° de diciembre del año 659; según otros, el mismo día, pero del año 665.

Otras celebraciones de hoy: Santos:Nahúm, profeta; Prócuro, Evasio, Teocleto, Leoncio, Castriciano, obispos; Ansano, Natalia, Landoaldo, Amancio, confesores; Lucio, Rogato, Cándida, Casiano, Diodoro, Mariano, mártires; Edmundo Campion, Roberto Southwell y compañeros mártires.

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Vicaría de San Buenaventura

La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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