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Lecturas del 11 de Septimbre del 2018 (Martes de la Semana 23)

SANTORAL: San Juan Gabriel Perboyre

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (6,1-11):

Cuando uno de vosotros está en pleito con otro, ¿cómo tiene el descaro de llevarlo a un tribunal pagano y no ante los santos? ¿Habéis olvidado que los santos juzgarán el universo? Pues si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿no estaréis a la altura de juzgar minucias? Recordad que juzgaremos a ángeles: cuánto más asuntos de la vida ordinaria. De manera que para juzgar los asuntos ordinarios dais jurisdicción a ésos que en la Iglesia no pintan nada.
¿No os da vergüenza? ¿Es que no hay entre vosotros ningún entendido que sea capaz de arbitrar entre dos hermanos? No señor, un hermano tiene que estar en pleito con otro, y además entre no creyentes. Desde cualquier punto de vista ya es un fallo que haya pleitos entre vosotros. ¿No estaría mejor sufrir la injusticia? ¿No estaría mejor dejarse robar? En cambio, sois vosotros los injustos y los ladrones, y eso con hermanos vuestros. Sabéis muy bien que la gente injusta no heredará el reino de Dios. No os llaméis a engaño: los inmorales, idólatras, adúlteros, afeminados, invertidos, ladrones, codiciosos, borrachos, difamadores o estafadores no heredarán el reino de Dios. Así erais algunos antes. Pero os lavaron, os consagraron, os perdonaron en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por Espíritu de nuestro Dios.

Palabra de Dios

Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/. El Señor ama a su pueblo.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R/.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19

En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Palabra del Señor.

Reflexión

El Evangelio de hoy narra que “en aquellos días Jesús se fue a orar a un cerro y se pasó toda la noche en oración con Dios”. La vida de Jesús fue una vida de una actividad fuera de lo común, con un dinamismo apostólico inalcanzable para nosotros, y sin embargo, a pesar de todo eso, Jesús “se pasaba la noche en oración con Dios”.

Esto Jesús no lo hizo alguna vez, de vez en cuando, como a veces hacemos nosotros, que de vez en cuando hacemos “una noche heroica” por un motivo o por otro; el Evangelio nos repite varias veces, que Jesús “pasaba la noche en oración” o “se retiraba al monte para orar”.

Esto nos enseña a nosotros que debemos orar. Orar es una exigencia de nuestro corazón y no debemos retacear el tiempo a dedicar a la oración, aún cuando a veces nuestro pretexto para no hacer oración sea precisamente el apostolado.

Dice el padre Alfonso Milagros que debemos aprender a dejar a los hombres por Dios, para luego poder dar a Dios a los hombres.

No debemos caer en el error de pensar que todo lo que se hace por Dios es oración y así lanzarse a un torbellino de cosas que no nos dejan tiempo ni humor para la oración.

Todo lo que hacemos por Dios será oración, si verdaderamente se hace por Dios; pero no podrá hacerse verdaderamente por Dios, si previamente antes de realizar esa acción, no se le ha dado vida por medio de la oración.

Debemos dedicar a la oración determinados momentos en el día, y en la semana, momentos en que nos dediquemos a la oración y a la meditación de la Palabra de Dios de un modo exclusivo e intensivo. Esos deben ser los momentos fuertes de nuestra vida , donde vivamos nuestra relación con Dios de un modo consciente, profundo e intenso. Cuanto mayores sean los problemas que nos preocupen, y las angustias que nos apenen, tanto más y mejor debe ser nuestra oración.

Sigue diciendo el Evangelio que al llegar el día, Jesús llamó a sus discípulos y escogió a doce a los que llamó apóstoles.

Antes de tomar una determinación tan importante, Jesús oró toda la noche. Esto mismo debemos hacer cada uno de nosotros en nuestras vidas. ¿Cuántas veces nos preguntamos, Dios, escucha mis oraciones? A veces pensamos haber hecho una buena oración. Y sin embargo, nuestro ruego no es escuchado.

Un padre humano no va a permitir que su hijo meta un dedo en el tomacorriente, aún cuando el niño se ponga molesto. Dios Padre quiere la felicidad integral de sus hijos. Podemos tener plena confianza en que Dios nos conceda siempre lo mejor posible, ya que El sabe mejor que nosotros lo que nos conviene.

Alguien decía, que si supiéramos lo que Dios sabe, querríamos infaliblemente lo que El quiere. Si realizamos con fe nuestra oración, puede ser que no consigamos lo que pedimos, pero seguro que tendremos algo mayor y mejor. En la oración auténtica, se deja en manos de Dios la manera cómo ha de ser escuchada.

Pero a veces nos parecemos a un aprendiz que está haciendo prescripciones a su maestro sobre cómo ha de ejercer su profesión. Dios nos escucha siempre, pero muchas veces cumple nuestros pedidos de otra manera a la que esperamos.

Pidamos a María, nuestra Madre, que ella que acompañó a los apóstoles en oración en el cenáculo, acompañe también nuestra oración.

Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.

Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.

Para nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.

Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón. Amén

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: San Juan Gabriel Perboyre

Nació en Puech (Francia) en 1802. Desde temprana edad se manifestó su vocación y su destino. Frecuentaba las iglesias del lugar y, al parecer, uno de los sermones que escuchó le impresionó de tal manera que anheló desde aquel instante ser misionero y sufrir el martirio.

Poco después de cumplir quince años de edad ingresó en la congregación de san Vicente de Paul. En el transcurso del noviciado manifestó una conducta ejemplar; dedicaba todo el tiempo libre al estudio de los textos sagrados, la penitencia y la oración.. A partir de 1823 insistió ante sus superiores en el deseo de dedicarse a las misiones de China.

En aquel tiempo el territorio de dicho país estaba vedado a los sacerdotes cristianos. Aquel que fuera descubierto tenía por delante la cárcel, las torturas y la muerte. Y aunque a Juan Gabriel Perboyre no le arredraba esta perspectiva, sus superiores no le otorgaron el ansiado permiso.

Después de cursar brillantemente los estudios de teología, se lo destinó como profesor al seminario de Saint-Flour. Tanto sobresalió en esta tarea, que años después, en 1832, fue designado subdirector del noviciado que los lazaristas tenían en París.

Doce años tuvo que esperar para ver cumplidos sus deseos. En 1835 partió para Macao. Durante cuatro meses se aplicó al estudio del idioma chino, en el que alcanzó sorprendentes progresos con rapidez. Tuvo que disfrazarse y vestir a la usanza de los naturales del país; se hizo rapar la cabeza y se dejó crecer la coleta y los bigotes.

Le destinaron la misión de Honán. En el ejercicio de esta actividad se dedicó preferentemente a la salvación de los niños abandonados, de los que había gran número; los recogía, los alimentaba y educaba, instruyéndolos como podía en la doctrina. Viajaba a pie, a veces en lentos carros tirados por bueyes. Muchas veces se quedó sin comer, pasando las noches al descubierto, padeciendo el frío, el viento y la lluvia que lo calaba hasta los huesos; pero siempre con alegría, respirando el aire de la libertad, de la vocación conseguida y realizada, con la sangre ardiendo en el sacrificio y en la fe.

Dos años después fue enviado a la provincia de Hupeh, que sería el lugar de su martirio. En el año 1839 había irrumpido un violento brote de persecución. Por orden del gobernador la misión fue ocupada por las tropas. Los padres lazaristas que lograron escapar anduvieron errantes al sur del Yang-Tse Kiang, por los montes y las plantaciones de té y algodón. Deshecho de cansancio, Juan Gabriel Perboyre se detuvo en una choza, ocupada por un chino convertido que lo recibió con amabilidad. Mientras nuestro santo dormía, aquél lo delató a un mandarín, recibiendo en pago treinta monedas de plata. De aquí en más, el padre Perboyre recorrió un itinerario de sufrimientos. Fue llevado interminablemente de tribunal en tribunal, siendo azotado, escarnecido y torturado, puesto en prisión junto a malhechores comunes; con hierros candentes grabaron en su rostro caracteres chinos, pero fracasaron al querer que pisoteara un crucifijo.

Al año de ser capturado se dio fin a su martirio, en la capital, Wuchangfú, ahorcándolo en un madero con forma de cruz, el 11 de septiembre de 1840, junto con el padre Francisco Regis Clet, lazarista como él, después también beatificado.

Es beatificado el 10 de noviembre de 1889 por el papa León XIII y canonizado en Roma el 2 de junio de 1996 por el papa Juan Pablo II. Su fiesta se celebra el 11 de septiembre.

Otras celebraciones de hoy: Nuestra Señora de la Cueva Santa. Ss Proto y Jacinto hermanos, Vicente, abad; Diodoro, Diómedes, Dídimo, mártires; Pafnucio, Paciente, Emiliano, Daniel, obispos; Teodora de Alejandría, mártir; Esperanza, abadesa.

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Vicaría de San Buenaventura

La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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