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Lecturas del 14 de Diciembre del 2018 (Viernes de la segunda semana de Adviento)

SANTORAL: San Serapio

Lectura del libro del profeta Isaías 48, 17-19

Así habla el Señor, tu redentor, el Santo de Israel:
Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye para tu provecho, el que te guía por el camino que debes seguir. ¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos, tu prosperidad sería como un río y tu justicia, como las olas del mar! Como la arena sería tu descendencia, como los granos de arena, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido extirpado ni borrado de mi presencia.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: cf. Jn 8, 12)

R. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la Vida.

¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche! R.

El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien. R.

No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal. R.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 16-19

Jesús dijo a la multitud:
«¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: “¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!”
Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: “¡Ha perdido la cabeza!” Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras.»

Palabra del Señor.

Reflexión

Jesús critica nuestra actitud de interpretar mal todo, aún las acciones de los Santos, como el caso de Juan el Bautista. Porque el ayuno de San Juan de San Juan fue criticado por algunos como obra del demonio. En cambio a Jesús lo llamaron comilón y borracho. Y San Lucas, al relatar este pasaje del evangelio no tiene reparos en referir las acusaciones que se dijeron contra el Señor, para que nos quedasen como enseñanza las palabras de Jesús.

Hoy, como ayer, la gente habla y critica. Muchas veces aún cuando un hecho sea bueno, y aparezca como bueno, igual lo criticamos, sospechando por ejemplo de la intención que se tiene al hacer el acto bueno.

El Evangelio nos pide que pensemos bien, y cuando no podamos justificar un acto, por lo menos tratemos de justificar las intenciones con que se realizó ese acto. Si no podemos hablar bien de una persona en público, entonces es preferible callar antes que criticarla.

Dios no delegó en nadie el poder de juzgar. El juzgar se lo reservó para él mismo. Y esto es así, porque para juzgar hay que tener el conocimiento total de la persona que realiza el acto, sus intenciones, sus móviles que la impulsan a obrar así, su criterio de las cosas y del acto que realizó; y nosotros no podemos saber de eso. Por eso la prudencia nos exige que no emitamos juicio sobre las intenciones en el obrar del prójimo.

Jesús nos vuelve a mostrar en este pasaje del evangelio, que aunque los hechos sean objetivamente buenos en sí, el hombre puede interpretarlos mal. Nuestra visión es pequeña, y la sabiduría de Dios es la que dispone las cosas.

Debemos pedir al Señor la fuerza de voluntad para dominar nuestras palabras y para poner freno a nuestra lengua. Que triste es cuando parloteamos y opinamos solo para llamar la atención y para aparentar que somos muy eruditos. Pero es más triste todavía cuando llenamos de barro la fama de los demás con nuestra crítica.

El apóstol Santiago, en el Cáp 3 de su carta nos dice:
Poniendo un freno en la boca del caballo podemos dominarlo, y sometemos así todo su cuerpo. Lo mismo ocurre con los barcos: con un pequeño timón el piloto los maneja como quiere, por grandes que sean, aun bajo fuertes vientos. Así también la lengua es algo pequeño pero puede mucho; aquí tienen una llama que devora bosques. La lengua es un fuego, y es un mundo de maldad; rige nuestro organismo y mancha a toda la persona: el fuego del infierno se mete en ella y lo transmite a toda nuestra vida. Animales salvajes y pájaros, reptiles y animales marinos de toda clase han sido y de hecho son dominados por la raza humana. Pero nadie ha sido capaz de dominar la lengua. Es un azote que no se puede detener, un derrame de veneno mortal. Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios. De la misma boca salen la bendición y la maldición. Hermanos, esto no puede ser así. ¿Es que puede brotar de la misma fuente agua dulce y agua amarga? La higuera no puede producir aceitunas ni la vid higos, y lo salobre no dará agua dulce.

Hoy vamos a pedirle a María nuestra Madre, que nos haga mas caritativos y nos de la fuerza de voluntad para poder dominar nuestras palabras, de tal forma que cuando no podamos alabar las acciones de alguien, sepanos guardar silencio.

SANTORAL: San Serapio

Londres lo vio nacer en 1168. Desde pequeño, mostró gran piedad y una decidida inclinación religiosa. En su edad juvenil manifestó fervientes deseos de contribuir a la liberación de Tierra Santa, en poder de los infieles. Su padre, que era general del ejército inglés y estaba emparentado con la familia real, prometió llevarlo consigo, y en el año 1190 marchó con el rey Ricardo Corazón de León a Palestina. Allí dio Serapio singulares muestras de valor y de intensa piedad, actuando decididamente en las batallas y socorriendo a los cristianos que sufrían en la esclavitud.
Años después, ya muertos sus padres, se dirigió a España para servir al rey don Alfonso VIII de Castilla en la guerra contra los sarracenos. Tan relevantes fueron sus virtudes y méritos, que el monarca lo nombró su consejero, prosiguiéndose la guerra hasta el triunfo final.
Después de otra incursión a Palestina, donde luchó contra las huestes de Conradino, hijo del gran soldán de Egipto, volvió nuevamente a España para combatir contra los moros al lado de los reyes Fernando de Castilla y Jaime I de Aragón.
Resolvió más tarde retirarse a la soledad y, habiendo conocido en Barcelona a san Pedro Nolasco, el glorioso fundador, ingresó en la orden de los mercedarios, fundada para la redención de cautivos, profesando los tres votos de castidad, obediencia y pobreza, y el cuarto, de quedarse en rehenes si fuese necesario para liberar a aquellos. En el ejercicio de este nuevo ministerio desempeñó con eficacia numerosas misiones.
En aquel tiempo la isla de Mallorca estaba ocupada por los moros y desde allí partían navíos que asolaban las costas de Cataluña y apresaban las embarcaciones cristianas en el mar. Cuando el rey don Jaime partió con una armada contra aquella isla, Serapio se unió a la expedición y cooperó brillantemente a su conquista. Después partió hacia el archipiélago británico, con el objeto de propagar la fe en Inglaterra, Escocia e Irlanda, pero el barco en que viajaba fue apresado por los piratas sarracenos. Conocida su condición de sacerdote cristiano, fue atado a un poste y bárbaramente azotado, hasta que, considerándolo muerto, lo arrojaron desnudo a un arenal de las costas de Inglaterra.
Al tener noticia de su llegada, Alejandro, rey de Escocia, lo llamó a su lado, encargándole diversas misiones, que Serapio cumplió satisfactoriamente, hasta que recibió una carta de san Pedro Nolasco, quien le pedía que se restituyera a España. Al volver, realizó algunas redenciones, una de ellas en Murcia, donde liberó a noventa cautivos. Más tarde, en Argel, no pudiendo redimir a todos por falta de dinero, determinó quedarse él como rehén, con lo que dio comienzo su martirio; predicando públicamente la doctrina de Cristo y oponiéndose a la religión de Mahoma, fue apaleado y torturado, hasta que entregó la vida, el 14 de noviembre de 1240.

Otras celebraciones de hoy: Santos: José Pignatelli, Adeltrudis, Alberico, Andrónico, confesores; Antigio, Hipapcio, Jocundo, Vitón, Venerando, obispos; Clementino, Teódoto, Filomeno, Demetrio, mártires; Trahamunda de Pontevedra.

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Vicaría de San Buenaventura

La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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