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Lecturas del 2 de Diciembre del 2017 (Sábado de la Semana 34)

SANTORAL: Beato Juan de Ruysbroeck

Lectura de la profecía de Daniel 7, 15-27

Yo, Daniel, quedé profundamente turbado en mi espíritu, y las visiones de mi imaginación me llenaron de espanto. Me acerqué a uno de los que estaban de pie y le pregunté la verdad acerca de todo aquello. El me habló y me hizo conocer la interpretación de las cosas. «Esos cuatro animales enormes son cuatro reyes que se alzarán de la tierra; y los Santos del Altísimo recibirán la realeza, y la poseerán para siempre, por los siglos de los siglos.»
Entonces quise saber la verdad acerca del cuarto animal, que era diferente de todos los demás, extremadamente terrible, y que tenía dientes de hierro y garras de bronce: el que devoraba, trituraba y pisoteaba el resto con las patas; y también acerca de los diez cuernos de su cabeza, y del otro cuerno que se había elevado y ante el cual habían caído tres; es decir, el cuerno que tenía ojos y una boca que hablaba con insolencia, y que parecía más grande que los otros. Yo miraba, y este cuerno hacía la guerra a los Santos del Altísimo y prevalecía sobre ellos, hasta que vino el Anciano, se hizo justicia a los Santos del Altísimo y llegó el momento en que los Santos entraron en posesión de la realeza.
El habló así: «En lo que respecta al cuarto animal, habrá sobre la tierra un cuarto reino, diferente de todos los reinos: él devorará toda la tierra, la pisoteará y la triturará. En cuanto a los diez cuernos, de este reino surgirán diez reyes, y otro surgirá después de ellos: será diferente de los anteriores y abatirá a tres reyes. Hablará contra el Altísimo y maltratará a los Santos del Altísimo. Tratará de cambiar los tiempos festivos y la Ley, y los Santos serán puestos en sus manos por un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo.
Pero luego se sentará el tribunal, y a ese rey se le quitará el dominio, para que sea destruido y aniquilado definitivamente. Y la realeza, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los Santos del Altísimo. Su reino es un reino eterno, y todos los imperios lo servirán y le obedecerán.»

Palabra de Dios.

SALMO Dn 3, 82. 83. 84. 85. 86. 87

Todos los hombres, bendigan al Señor.
R. ¡Alábenlo y glorifíquenlo eternamente!

Israel, bendice al Señor.
R. ¡Alábenlo y glorifíquenlo eternamente!

Sacerdotes del Señor, bendigan al Señor.
R. ¡Alábenlo y glorifíquenlo eternamente!

Servidores del Señor, bendigan al Señor.
R. ¡Alábenlo y glorifíquenlo eternamente!

Espíritus y almas de los justos, bendigan al Señor.
R. ¡Alábenlo y glorifíquenlo eternamente!

Santos y humildes de corazón, bendigan al Señor.
R. ¡Alábenlo y glorifíquenlo eternamente!

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 34-36

Jesús dijo a sus discípulos:
«Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor.

Reflexión

En el último día del tiempo ordinario, cuando se cierra el último año litúrgico, el Señor nos dice que tenemos que estar prevenidos. Mañana, con el comienzo del Tiempo de Adviento, la Iglesia nos invitará a comenzar la preparación para la Navidad. Y parece que el pasaje del evangelio de hoy nos va poniendo en clima con estas predicaciones del Señor sobre nuestro comportamiento de todos los días.

Jesús nos exhorta a “no dejarse aturdir por los excesos y las preocupaciones de la vida”. No es nada raro ni difícil que suceda. La urgencia de los asuntos temporales, que por un lado no pueden descuidarse ya hay que ocuparse con esmero y dedicación, puede incidir en el descuido de nuestra vida espiritual y de nuestros labor de apóstoles del Señor.

Hay cosas de las que no podemos prescindir en nuestra vida física, y otras que también son absolutamente imprescindibles para nuestra vida del alma. El Señor nos dice en el Evangelio: “Estén prevenidos y oren incesantemente”. Si no rezamos, si no rezamos con frecuencia, no nos debemos extrañar de que nuestra vida espiritual vaya desfalleciendo. De que se vaya asfixiando por nuestras preocupaciones, desorientada por nuestra visión meramente natural.

Si no rezamos de continuo, no nos puede extrañar que a veces sintamos pesados nuestros pies y frío nuestro corazón. Entonces, no tendremos derecho a quejarnos cuando descubrimos que hemos perdido el entusiasmo por nuestros ideales, y ha desaparecido toda ilusión en el cumplimiento de nuestros deberes de hijos de Dios.

Orar es hablar con nuestro Padre Dios. Y la oración nos libera de las cargas que nos oprimen, de las limitaciones que nos anulan, de los defectos que nos amargan. No debemos caer en la tentación de eludir nuestra obligación y necesidad de orar, absorbiéndonos con las obligaciones del trabajo. Si es cierto que tenemos la obligación de trabajar, no es menos cierto que la oración es indispensable para nuestra vida. El tiempo que dedicamos al trabajo debe ser la medida del tiempo que dedicamos a la oración. A mayor tiempo de trabajo, mayor tiempo de oración. Solamente así vamos a conseguir que nuestro trabajo sea fructífero para la vida eterna.

Si trabajamos sin orar, llegamos rápidamente al agotamiento y al cansancio desalentador. Si oramos sin trabajar, nuestra oración pierde su eficacia.

Orar no es decir muchas palabras o pronunciar muchas fórmulas o rezos. Orar es ponerse en presencia de Dios y hablarle con palabras sencillas, como son siempre las palabras que brotan de un corazón sincero. Y finalmente, orar es hacer silencio en nosotros mismos para escuchar la Palabra de Dios que nos habla en el fondo de nuestros corazones.

Vamos a pedir al Jesús como Samuel: Habla Señor que tu siervo escucha, y a María, Señora del Silencio y de la Escucha, que nos enseñe a hacer silencio para poder dialogar con el Señor.

Yo he sentido, Señor, tu voz amante
en el misterio de las noches bellas,
y en el suave temblor de las estrellas
la armonía gocé de tu semblante.

No me llegó tu acento amenazante
entre el fragor de tueno y de centellas;
al ánima llamaron tus querellas
como el tenue vagido de un infante.

¿Por qué no obedecí cuando te oía?
¿Quién me hizo abandonar tu franca vía
y hundirme en las tinieblas del vacío?

Haz, mi dulce Señor, que en la serena
noche vuelva a escuchar tu cantilena;
¡ya no seré cobarde, Padre mío! Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: Beato Juan de Ruysbroeck

Se lo llamó doctor admirable y fue uno de los más grandes místicos de la edad media, según algunos “el más grande de todos los tiempos”. Ruysbroeck es actualmente un barrio de Bruselas. Cuando Juan nació, en 1293, era un pequeño poblado. Al llegar a la adolescencia, fue a vivir con un tío suyo, sacerdote, llamado Juan Hinckaert. Estudió en una escuela de Bruselas y en 1317 ofició su primera misa, siendo nombrado capellán de Santa Gúdula, donde vivió oscuramente durante más de veinte años. En este período escribió buena parte de sus obras. Ansioso de contemplación y soledad, en 1343 organizó con su anciano tío canónigo y uno de los compañeros de capítulo, Franck van Goudenberg, una pequeña comunidad, yendo a instalarse a Groenendael, lugar cercano a Bruselas, donde construyeron una ermita en los bosques de Soignes. A los tres se unió muy pronto Jan van Leeuwen. En 1349 el obispo de Cambrai les impuso el hábito religioso de los canónigos regulares de san Agustín, y Juan de Ruysbroeck fue nombrado prior de la comunidad. En este ambiente solitario y propicio escribió sus obras más notables. Cuando se sentía inspirado se internaba en el bosque, donde pasaba horas enteras. Se dice que una tarde se quedó allí más tiempo que el habitual y varios religiosos salieron a buscarlo. Lo encontraron en la espesura, sumido en la contemplación y arrebatado en éxtasis, rodeado por un resplandor, como por un anillo de fuego. Andando el tiempo, confesó a uno de sus discípulos que no escribía nunca si no sentía en él el soplo del Espíritu Santo o la presencia de la Trinidad. A medida que aumentaba su fama crecía el número de aquellos a los que participaba sus pensamientos y a veces tan prolongadamente que los sorprendía el alba. Entre sus oyentes se hallaba Gerardo Groote, llamado más tarde el Grande, fundador de los hermanos de la vida común y renovador del espíritu religioso. A pesar de estar abundantemente iluminado por originalísimos y profundos pensamientos, no desdeñaba Juan de Ruysbroeck los trabajos más humildes. Así, era frecuente verlo empujar la carretilla o escardar la tierra, mientras su mente iba en busca de la luz por misteriosos caminos. Al quedar ciego, hacia el final de su vida, dictaba sus pensamientos a uno de los monjes, convertido en amanuense. “Es más fácil para mí -decía- levantar el alma de Dios que la mano a mi cabeza”. Murió el 2 de diciembre de 1381, dejando una admirable y copiosa obra escrita.

Otras celebraciones de hoy: Santos: Bibiana, Anatol, Hipólito, Severo, Seguro, Jenaro, Victorino, mártires; Blanca de Castilla, Eloquio, Eusebio, confesores; Aviziano, Cromacio, Evasio, Nono, Silvano, Valentín, obispos.

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Vicaría de San Buenaventura

La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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