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Lecturas del 25 de Agosto del 2017 (Viernes de la Semana 20)

SANTORAL: San Luis, rey de Francia

Principio del libro de Rut 1, 1. 3-6. 14b-16. 22

Durante el tiempo de los Jueces hubo una gran sequía en el país, y un hombre de Belén de Judá emigró a los campos de Moab, con su mujer y sus dos hijos. Al morir Elimélec, el esposo de Noemí, ella se quedó con sus hijos. Estos se casaron con mujeres moabitas -una se llamaba Orpá y la otra Rut- y así vivieron unos diez años. Pero también murieron Majlón y Quilión, y Noemí se quedó sola, sin hijos y sin esposo.
Entonces se decidió a volver junto con sus nueras, abandonando los campos de Moab, porque se enteró de que el Señor había visitado a su pueblo y le había proporcionado alimento.
Orpá despidió a su suegra con un beso, mientras que Rut se quedó a su lado. Noemí le dijo: «Mira, tu cuñada regresa a su pueblo y a sus dioses; regresa tú también con ella.» Pero Rut le respondió: «No insistas en que te abandone y me vuelva, porque yo iré adonde tú vayas y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.»
Así regresó Noemí con su nuera, la moabita Rut, la que había venido de los campos de Moab. Cuando llegaron a Belén, comenzaba la cosecha de la cebada.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 145, 5-6. 7. 8-9a. 9b-10 (R.: 1)

R. ¡Alaba al Señor, alma mía!

Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob
y pone su esperanza en el Señor, su Dios:
él hizo el cielo y la tierra,
el mar y todo lo que hay en ellos.
El mantiene su fidelidad para siempre. R.

Hace justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.
El Señor libera a los cautivos. R.

Abre los ojos de los ciegos
y endereza a los que están encorvados,
el Señor ama a los justos
y protege a los extranjeros. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda;
y entorpece el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
reina tu Dios, Sión,
a lo largo de las generaciones. R.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?»
Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.»

Palabra del Señor.

Reflexión

Ante la pregunta que le hacen los fariseos, Jesús nos revela que toda la Ley de Dios se condensa en dos mandamientos: el primero y más importante consiste en el amor incondicional a Dios. Jesús dice que lo debemos amar con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente.

San Agustín comenta este pasaje diciendo que el corazón es el centro de la vida y palpita. El alma es el primer principio de la vida y mueve a todos los miembros. Y la mente es la facultad que pensando mide la esencia y la propiedad de las cosas. Y Dios nos ha dado el corazón, el alma y la mente para que podamos dirigirlos hacia El y podamos amarlo siempre.

Dios hizo al hombre para amarle. Toda la razón de ser de nuestra vida se contiene en esa vocación de amar. Pero ese amar no consiste en pasarse todo el día mirando el Cielo y diciendo una y otra vez “Dios mío, te quiero”. Es cierto que se deben hacer actos explícitos de amor a Dios, pero principalmente lo que Dios espera de nosotros es que le mostremos su amor hacia El cumpliendo con lo que nos manda.

Pero a continuación del primer mandamiento, el Señor agrega, en seguida otro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Jesús nos enseña que la medida práctica del amor al prójimo debe ser la del amor a uno mismo. Debemos desear para nuestro prójimo, lo mismo que queremos para nosotros: el bien. La novedad de la respuesta de Jesús sobre el amor del prójimo es que coloca el amor al prójimo inmediatamente después del amor de Dios. San Juan, en su primera carta dice que si alguien dice que ama a Dios y no ama a su prójimo, es un mentiroso.

El amor al prójimo se manifiesta, a un primer nivel, en la preocupación que tenemos por el bienestar temporal. Esta es la razón por la que decimos que tenemos amor o caridad cuando tratamos de mejorar la situación de alguien que necesita ayuda. A un nivel más alto, el amor al prójimo se pone en práctica buscando el bienestar espiritual de los demás.

La importancia de los mandamientos y de las virtudes depende de la relación que guarden con la caridad. No puede haber un criterio más simple y más exacto para juzgar nuestra virtud y nuestra santidad. No puede ser más sencillo el camino que debemos de seguir para alcanzar la perfección. No hay más que un mandamiento: amar, y siempre amar; amar y amar a todos; amar a todos y amarlos por amor de Dios. de la perfección con que se cumpla este mandamiento dependerá la perfección de nuestra vida cristiana.

Vamos a pedir hoy a María, que interceda por nosotros para que seamos cada día más fieles en el cumplimiento de la ley del amor que nos dejó su Hijo Jesús

Otra vez -te conozco- me has llamado.
Y no es la hora, no; pero me avisas.
De nuevo traen tus celestiales brisas
claros mensajes al acantilado

del corazón, que, sordo a tu cuidado,
fortalezas de tierra eleva, en prisas
de la sangre se mueve, en indecisas
torres, arenas, se recrea, alzado.

Y tú llamas y llamas, y me hieres,
y te pregunto aún, Señor, qué quieres,
qué alto vienes a dar a mi jornada.

Perdóname, si no te tengo dentro,
si no sé amar nuestro mortal encuentro,
si no estoy preparado a tu llegada.

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: San Luis, rey de Francia

Nació en el año 1214. Su madre era española, Blanca de Castilla. Se hizo famosa una frase de ella cuando Luis era pequeño: “Más quisiera verte muerto que cometiendo un pecado mortal”. De madres así, no es extraño que salgan hijos santos.
Se casó con Margarita de Provenza, y fue esposo estupendo. Le criticaban mucho porque oía demasiadas misas. El contestaba muy tranquilo: “Nadie diría nada si emplease el doble de tiempo jugando a los dados o corriendo por los bosques detrás de los ciervos y las perdices”.
Mandó emisarios reales a todo el reino con la misión de dar satisfacción a todos los que, desde el tiempo de su abuelo, habían sido despojados, maltratados o atropellados. En los jardines de París extendía un tapiz sobre el suelo, se sentaba debajo de un árbol y daba audiencia al pueblo.
Emprendió dos expediciones para conquistar los santos lugares. Empezó muy bien su primera cruzada en 1249 y tomó algunas ciudades. Luego le cogieron prisionero, y cuando le iban a soltar a cambio de un rescate, contestó que una de dos: o soltaban a todo su ejército, o el rey de Francia se quedaba prisionero. La otra cruzada, de 1270, fue mucho peor. Cuando todo iba bien, vino una peste que acabó con todo el ejército. Luis murió cerca de Cartago, cuando tenía 56 años.

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Santos: Luis rey, Nemesio, diácono; Eusebio, Vicente, Ginés, Magin, Ponciano, Peregrino, Julián, mártires; Geroncio, Gregorio, Menas, obispos; Patricia, Lucila, vírgenes; Arnoldo, Tomás, confesores; José de Calasanz, presbítero.

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