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Lecturas del 28 de enero del 2018 (Domingo de la Cuarta Semana )

SANTORAL: Santo Tomás de Aquino

Lectura del libro del Deuteronomio 18, 15-20

Moisés dijo al pueblo:
El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán. Esto es precisamente lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: «No quiero seguir escuchando la voz del Señor, mi Dios, ni miraré más este gran fuego, porque de lo contrario moriré».
Entonces el Señor me dijo: «Lo que acaban de decir está muy bien. Por eso, suscitaré entre sus hermanos un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que yo le ordene. Al que no escuche mis palabras, las que este profeta pronuncie en mi Nombre, yo mismo le pediré cuenta. Y si un profeta se atreve a pronunciar en mi Nombre una palabra que yo no le he ordenado decir, o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 94, 1-2. 6-7abc. 7d-9 (R.: 7d-8a)

R. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón».

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor! R.

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano. R.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque habían visto mis obras.» R.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 7, 32-35

Hermanos:
Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tienen mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido.
También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su marido.
Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor.

Palabra de Dios.

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 21-28

Jesús entró en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios.»
Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre.» El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

Palabra del Señor.

Reflexión

La fuerza de Cristo, arranca de su Palabra y de sus obras. Jesús no pide a sus discípulos nada que no haya probado él primeramente. Ninguna cruz que él no haya llevado. Esto debe ser para nosotros motivo de aliento. Cada uno de nosotros debe seguir las pisadas de Jesús, poner nuestro pie en la huella que dejaron los pies de Jesús al precedernos por el camino. Cuando Jesús usa su poder, lo hace para liberarnos del poder del enemigo, como en la sinagoga de Cafarnaún.
En este pasaje del evangelio, los demonios, reconocen en Jesús al Mesías, le dicen nosotros sabemos que eres el Santo de Dios. Por eso nosotros, cuando decimos que creemos en Jesús, no decimos nada especial, porque también el demonio cree en Jesús, como vemos en este Evangelio. Lo realmente importante es que nosotros le creamos a Jesús, para así actuar como él nos mostró.
Dice el evangelio que Jesús exponía su doctrina con autoridad. Esa autoridad surge de su vida, porque Cristo vivía lo que exponía. Esto nos enseña que para predicar con autoridad, hay que vivir en conformidad con lo que se predica. Nosotros debemos vivir lo que decimos y hablar de lo que vivimos. No podemos hablar de la fe, si no vivimos en plenitud la fe. No podemos pensar que somos discípulos de Jesús, si Él no es nuestro modelo. La autoridad para hablar de Dios y de su Reino, nos la da nuestra vida. Si nuestra vida no es acorde con lo que decimos, no podremos convencer a nadie. Por eso los padres, los educadores, tenemos una gran responsabilidad, porque la educación que trasmitimos a nuestros hijos, o a nuestros alumnos, no es lo que les decimos sino lo que somos.
Hoy vamos a reparar además en el hecho de que Jesús tiene autoridad sobre los demonios. Los demonios, temen a Jesús, y se ven obligados a acatar sus órdenes. Esto tiene que enseñarnos a nosotros a no temer la obra del demonio. El demonio existe, pero Jesús venció al demonio de una vez y para siempre. Si nosotros no nos apartamos de Cristo, el demonio no tiene poder sobre nosotros. Podrá tentarnos, como tentó a Jesús, pero no podrá con nosotros, porque somos de Cristo.

Cuando vuelven los setenta y dos discípulos, llenos de alegría por los resultado de su misión apostólica, le dicen a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Y el Maestro les contesta: “Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo”. Desde la llegada de Cristo el demonio se bate en retirada, aunque es mucho su poder y su presencia se hace más fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios. Mediante el pecado mortal muchos hombres quedan sujetos a la esclavitud del demonio. se alejan del reino de Dios para penetrar en el reino de las tinieblas, del mal; en un grado u otro, se convierten en instrumentos del mal en el mundo y quedan sometidos a la pero de las esclavitudes. “En verdad os digo, todo el que comete pecado, esclavo es del pecado”, dice el Señor.

Debemos permanecer siempre vigilantes. Siempre debemos dar todo el sentido a la última de las peticiones del Padrenuestro: líbranos del mal, y pedir, con Juan Pablo II: “Líbranos, oh Señor, del Mal, del Maligno; no nos dejes caer en la tentación. Haz, por tu infinita misericordia, que no cedamos ante la infidiledidad a la cual nos seduce aquel que ha sido infiel desde el comienzo”

Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizás con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.

Te diré m amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro valle! Amén
Liturgia de las Horas –

SANTORAL: Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

Fue uno de los teólogos más profundos de todos los tiempos y se halla en la cima del pensamiento católico. Se lo llama el doctor incomparable y también el doctor angélico. Era hijo de los condes de Aquino y nació en Roccasecca, localidad del entonces reino de Nápoles, en 1225. Sus padres lo llevaron a la célebre abadía de Montecassino, para que los monjes cuidaran de su educación. Al salir de la abadía, Tomás ingresó en la universidad de Nápoles y después en la orden dominicana, a pesar de la viva oposición de su familia. A raíz de esta disensión, fue apresado y encerrado largo tiempo; pero al fin consiguió huir y poco más tarde figuraba entre los oyentes de Alberto Magno, el más prestigioso erudito de aquellos tiempos, que enseñaba en Colonia. Allí se entregó apasionadamente al estudio y a la asimilación constante y profunda del conocimiento. Era físicamente corpulento y de carácter retraído y taciturno. Se dice que sus compañeros lo apodaron el buey mudo. Alberto Magno, al enterarse, habría comentado “Algún día el buey mudo hará oír su voz y su eco resonará en el mundo entero”.
Tomás contaba veintisiete años de edad, cuando Alberto Magno le dejó su cátedra en la universidad de París. Tuvo un éxito inmenso. Fue un innovador genial, con argumentos y métodos nuevos; concilió la metafísica y la moral aristotélicas con el contenido de la teología cristiana. Rechazó el cargo de abad de Montecassino y el arzobispado de Nápoles, que el ofreció el papa Inocencio IV. Nunca dejó de aprender y estudiar, y de su pluma fueron saliendo una serie de obras admirables, entre ella una “Sobre la verdad”, después sus grandes comentarios bíblicos y la “Suma contra los gentiles”. Pero su obra maestra fue la “Suma teológica”, empezada en 1268 y terminada en 1272, que fue puesta, como en un sitial de honor, junto a la Biblia, en la sala de sesiones del concilio de Trento. En ella fundió lo mejor del caudal filosófico griego con la doctrina cristiana, lo que ha sido considerado como una verdadera hazaña del pensamiento humano.
Santo Tomás nunca separó el estudio de la oración; nunca abandonó la plegaria. La meditación y la oración se complementaron permanentemente en la vida de nuestro santo, quien conservó siempre una admirable modestia, un candor infantil y una gran bondad. Habiendo recibido una invitación personal del papa Gregorio X para el concilio de Lyón, se puso en camino. Antes de llegar se sintió gravemente enfermo y, deseando morir en una casa religiosa, mandó que lo transportasen al monasterio vecino de Fossanova. El 7 de marzo de 1274 a los cincuenta años de edad, moría santo Tomás de Aquino, cumbre de la Iglesia y gloria del género humano. Como esta fecha suele acontecer en cuaresma, su fiesta fue fijada el 28 de enero, que es la de la traslación de sus restos a Tolosa en 1369.

Se cuenta que como estudiante Tomás de Aquino era aplicado y tranquilo. Casi no abría la boca en las clases y en los debates públicos. Llegó a ser tenido por corto de inteligencia por eso lo llamaban el “buey mudo”.
Uno de sus colegas, pensando que Tomás no entendía nada de cuanto se enseñaba en la clase, se ofreció a darle algunas clases particulares.
Tomás le dijo:
-Agradezco tu buena voluntad, querido hermano. Prestaré mayor atención. Así lo hizo durante varios días. Aconteció, entre tanto, que en una de las clases se acabó de repente la ciencia de su profesor, Alberto Magno. No sabía cómo continuar, acabando por tartamudear y titubear en una cuestión de teología.

Tomás, notando el percance y olvidando su papel de alumno, prosiguió el hilo de la clase. Con palabras muy precisas, explicó lo que el profesor no había sabido trasmitir. Su colega, quedó medio confundido. La modestia de Tomás lo había engañado hasta ese momento, respecto a su deslumbrante inteligencia.

Otras celebraciones de hoy: Santos: Tirso y Flaviano, mártires; Adyútor, Julián, Valerio, Virilo, obispos; Juan, presbítero; Santiago, eremita; Radegunda, virgen; Ricardo, abad.

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