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Lecturas del 29 de Julio del 2017 (Sábado de la Semana 16)

SANTORAL: Santa Marta

Lectura del libro del Exodo 24, 3-8

Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: «Estamos decididos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor.»
Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: «Estamos resueltos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho.»
Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 49, 1-2. 5-6. 14-15 (R.: 14a)

R. Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza.

El Dios de los dioses, el Señor,
habla para convocar a la tierra
desde la salida del sol hasta el ocaso.
El Señor resplandece desde Sión,
que es el dechado de toda hermosura. R.

«Reúnanme a mis amigos,
a los que sellaron mi alianza con un sacrificio.»
¡Que el cielo proclame su justicia,
porque el Señor es el único Juez! R.

Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza
y cumple tus votos al Altísimo;
invócame en los momentos de peligro:
yo te libraré, y tú me glorificarás. R.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30

Jesús propuso a la gente otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”
El les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”
Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”
“No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero.”»

Palabra del Señor.

Reflexión

El Evangelio de la misa de hoy nos presenta la parábola del trigo y la cizaña. El mundo es el campo donde el Señor siembra continuamente la semilla de su gracia. Pero el evangelio nos dice que “mientras los hombres dormían, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue”.

La cizaña es una planta que crece en medio de los sembrados al mismo tiempo que estos. Es tan parecida al trigo que antes de que se forme la espiga es muy difícil distinguirla. Más tarde, mezclada con la harina buena, contamina el pan y es perjudicial para el hombre. Sembrar cizaña entre el trigo era un acto de venganza que fue habitual en Oriente. Las plagas de cizaña eran muy temidas porque podían hacer perder toda una cosecha.

En el mundo no siempre es fácil distinguir el buen trigo de la verdad, de la cizaña del error, porque esta cizaña del error se nos presenta camuflada de verdad. Teorías y doctrinas, que se ponen el ropaje evangélico, orientaciones doctrinales que falsamente invocan estar confirmadas por textos de la Iglesia, etc. pueden ser hábil cizaña que difunde el mal antes de que podamos advertirlo. Debemos tener siempre presente que es propio del demonio mezclar el error con la verdad, y difícilmente se distinguen, pero después, el error siempre produce consecuencias graves para el pueblo de Dios.

La parábola no ha perdido nada de actualidad. El enemigo de Dios y de las almas utiliza todos los medios humanos posibles. Así vemos como se desfiguran determinadas noticias, como se silencian otras, cómo se propagan ideas demoledoras sobre el matrimonio, cómo se propugna el aborto, o se siembra la desconfianza ante los sacramentos y se da una idea pagana de la vida. En el mundo y en cada corazón humano es donde el Señor y el demonio siembran. Dios siembra semillas de bondad, de amor, de sencillez y humildad. Pero el Maligno siembra semillas de ideas perversas, de prácticas anticristianas, de costumbres inmorales: cizaña son las pasiones desordenadas, la vanidad, la soberbia, el egoísmo. Es necesario velar día y noche y no dejarse sorprender. Vigilar para poder ser fieles al Señor.

En el mundo coexisten el buen trigo y la cizaña. Dios permite que puedan estar juntos los justos y los pecadores, para que los justos se purifiquen y se santifiquen con los defectos y las persecuciones de los demás, y para que los pecadores tengan tiempo y oportunidades de corregirse de su pecado y empezar a obrar el bien.

Dios es infinitamente paciente. Es tardo para el castigo y rico en misericordia. Nosotros, en cambio podemos caer en la tentación de ser impacientes y alterar los términos: rápidos para el castigo y de muy poca misericordia para los demás.

Dios se ha reservado el “juicio” para el final de los tiempos: hasta la siega. Mientras tanto, los hombres no tenemos derecho a juzgar. Es cierto que nos cuesta admitir el estado actual del mundo: muchas veces tenemos la tentación de restaurar por la fuerza el orden del mundo antes del tiempo fijado por Dios.

El Señor es paciente: soporta la cizaña y soporta el daño que la cizaña causa al buen trigo. Cuando sus discípulos quisieron hacer llover fuego sobre un poblado que había rechazado a Jesús, el Maestro se los prohibió.

Hoy, vamos a pedir a nuestra Madre, que siempre permanezcamos vigilantes para que en nuestros corazones solo exista la buena semilla que siembra el Señor. Y que seamos pacientes con aquellos que necesitan rectificar su conducta.

Y dijo el Señor Dios en el principio:
“¡Que sea la luz!” Y fue la luz primera.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: “¡Que exista el firmamento!”
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: “¡Que existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!”

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: “¡Que brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!”

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: “¡Que el cielo se ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas!”

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: “¡Que bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!”

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: “¡Hagamos hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!”

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y descansó el Señor el día séptimo.
Y el hombre continúa su tarea.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya! Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: Santa Marta

Marta, cuyo nombre significa “atractiva”, era hebrea. Era hermana de Lázaro y de María. Al morir sus progenitores, los tres hermanos se repartieron los bienes y más tarde fueron a vivir juntos a Betania.

Cuando Jesús iba a dicho lugar, se hospedaba en la casa de los tres hermanos. Marta trajinaba de un lado a otro. Se la veía entrar y salir, unas veces llevando las viandas, otras colocando en la mesa la jarra de vino. Estaba en todo. Era la mujer solícita, hacendosa, buena ama de casa, llena de energía y actividad. Mientras tanto su hermana María se sentaba a los pies del Maestro, silenciosa, embelesada, oyendo sus palabras. Entonces Marta, dirigiéndose a Jesús, dijo:

– ¿No te parece mal, Señor, que mi hermana me deje sola en estas tareas? Dile que me ayude.

Jesús respondió:

– Marta, Marta, te afanas y te inquietas por demasiadas cosas. Pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, que nadie le arrebatará.

Comprendió Marta que el Maestro no censuraba su actividad, sino su excesivo prodigarse en cosas externas; en tanto que María, dejados los otros menesteres, atendía a lo que más importa, que es oír la Palabra de Dios.

Tuvieron estas dos santas hermanas gran familiaridad con nuestro Señor. Estando Lázaro gravemente enfermo, enviaron a decirle : “Señor, el que amas está enfermo” Y aunque Jesús permitió que Lázaro muriese y estuviese cuatro días en el sepulcro, lo resucitó luego, llenando de alegría aquella casa. En esta ocasión pronunció aquellas famosas palabras: “Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre”.

Después de la ascensión del Señor, los mismos que lo crucificaron desataron una cruel persecución contra los primeros cristianos.

Una tradición muy antigua, aunque carente de fundamento histórico, afirma que Marta, María y Lázaro, junto con otros fieles, consiguieron llegar en un navío a Marsella (Francia).

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Santos: Constantino I, patriarca; Bite, Eufrasia, Hilaria, Faustino, Guillermo, Olav rey, Serafina, virgen; Simplicio, Faustino, Beatriz, Benjamín, Calínico, Lucila, Flora, Eugenio, Sabina, Serapia, Serafina, mártires; Lupo (Lope), obispo.

SANTORAL: Santa Marta

Marta, cuyo nombre significa “atractiva” , era hebrea. Era hermana de Lázaro y de María. Al morir sus progenitores, los tres hermanos se repartieron los bienes y más tarde fueron a vivir juntos a Betania.

Cuando Jesús iba a dicho lugar, se hospedaba en la casa de los tres hermanos. Marta trajinaba de un lado a otro. Se la veía entrar y salir, unas veces llevando las viandas, otras colocando en la mesa la jarra de vino. Estaba en todo. Era la mujer solícita, hacendosa, buena ama de casa, llena de energía y actividad. Mientras tanto su hermana María se sentaba a los pies del Maestro, silenciosa, embelesada, oyendo sus palabras. Entonces Marta, dirigiéndose a Jesús, dijo:

– ¿No te parece mal, Señor, que mi hermana me deje sola en estas tareas? Dile que me ayude.

Jesús respondió:

– Marta, Marta, te afanas y te inquietas por demasiadas cosas. Pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, que nadie le arrebatará.

Comprendió Marta que el Maestro no censuraba su actividad, sino su excesivo prodigarse en cosas externas; en tanto que María, dejados los otros menesteres, atendía a lo que más importa, que es oír la Palabra de Dios.

Tuvieron estas dos santas hermanas gran familiaridad con nuestro Señor. Estando Lázaro gravemente enfermo, enviaron a decirle : “Señor, el que amas está enfermo” Y aunque Jesús permitió que Lázaro muriese y estuviese cuatro días en el sepulcro, lo resucitó luego, llenando de alegría aquella casa. En esta ocasión pronunció aquellas famosas palabras: “Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre”.

Después de la ascensión del Señor, los mismos que lo crucificaron desataron una cruel persecución contra los primeros cristianos.

Una tradición muy antigua, aunque carente de fundamento histórico, afirma que Marta, María y Lázaro, junto con otros fieles, consiguieron llegar en un navío a Marsella (Francia).

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Santos: Constantino I, patriarca; Bite, Eufrasia, Hilaria, Faustino, Guillermo, Olav rey, Serafina, virgen; Simplicio, Faustino, Beatriz, Benjamín, Calínico, Lucila, Flora, Eugenio, Sabina, Serapia, Serafina, mártires; Lupo (Lope), obispo.

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