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Lecturas del 29 de Junio del 2018 (Viernes de la Semana 13)

SANTORAL: San Pedro y San Pablo

Lectura de los Hechos de los apóstoles 12, 1-11

Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de «los panes Acimos.»
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: «¡Levántate rápido!» Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.
El Ángel le dijo: «Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias» y Pedro lo hizo. Después de dijo: «Cúbrete con el manto y sígueme.»
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Ángel, sino que creía tener una visión.
Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Ángel se alejó de él.
Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora sé que realmente el Señor envió a su Ángel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 5)

R. El Señor me libró de todos mis temores.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: él me respondió
y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El Angel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en él se refugian! R.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Querido hermano:
Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación.
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.»
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

Palabra del Señor.

Reflexión

En este día, la Iglesia celebra a los Santos Pedro y Pablo, apóstoles, y es el día del Papa, sucesor de Pedro, y cabeza de la Iglesia de Cristo. Queremos desde aquí invocar la bendición de Dios para el Santo Padre, para que siga llevando con mano firme la barca de Cristo durante el tercer milenio de la era cristiana.

La narración de San Mateo del evangelio de hoy tiene especial importancia para nuestra vida cristiana y nuestras relaciones con la Iglesia de Cristo. En este pasaje, Pedro hace una profunda confesión de fé, no sólo reconoce a Jesús como el Mesías, sino también como al Hijo de Dios vivo. Y Jesús mismo declara que Pedro ha hablado por revelación divina y lo constituye en base de la Iglesia, en la piedra, en la roca. Esa roca apoyada en la roca indestructible que es Cristo mismo. La Iglesia de Cristo es indestructible, porque está apoyada precisamente en Cristo.

Y el Señor le da a Pedro, la suprema autoridad en la tierra, el poder de perdonar, de abrir y cerrar las puertas de su Iglesia y del mismo cielo. Nosotros, apoyados por el testimonio de Pedro y sus apóstoles, creemos en Jesús, el Señor, muerto y resucitado. Creemos en Cristo, nuestro Salvador. Y como profesamos en el Credo, creemos en la Santa Iglesia. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, y todos los bautizados, formamos parte de esa Iglesia, como miembros vivos. Pero para ser miembros vivos del Cuerpo de Cristo necesitamos el perdón de los pecados. Y Jesús dió a su Iglesia, en la persona de Pedro y sus sucesores, ese poder de atar y desatar. Sabemos también que ella ha recibido, junto con el Espíritu Santo iluminador, la garantía de la verdad, la luz necesaria para guiar al pueblo de Dios en su camino de éxodo en la tierra. Esta es nuestra fe y en ella se basa nuestra confianza. Allí donde está Pedro allí está su Señor y nuestro Señor. Por eso no hay poder humano, ni siquiera como dice el Evangelio, las fuerza del Infierno serán capaces de hacer naufragar la barca de Pedro.

En esta festividad de San Pedro y San Pablo cada uno de nosotros, vamos a ser capaces de decir Jesús es el Señor, si nos ponemos en manos del Padre y le pedimos a él el don de la fe. Si le permitimos a Cristo que entre en nuestras vidas, que las tome y las transforme.

Los rasgos de Pedro y de Pablo, son los propios de la juventud. Y cada joven debe ser Pedro y Pablo para la Iglesia de hoy. Los jóvenes y todos nosotros, tenemos que ser algo de Pedro y algo de Pablo. Tenemos que ser ese Pedro que se arroja a caminar sobre las aguas, porque Cristo lo llama y no mide las consecuencias. Tenemos que ser ese Pablo que no duda en recorrer kilómetros y kilómetros para anunciar a Jesús, visitar comunidades, dejar establecidos nuevos grupos de cristianos, acompañarlos personalmente o con sus cartas. Pedro y Pablo son modelos de vida y modelos de cristianos que no pasan de moda.

Pidamos hoy al Señor, saberlos imitar.

Pedro, roca; Pablo, espada.
Pedro, la red en las manos;
Pablo, tajante palabra.

Pedro, llaves; Pablo, andanzas.
Y un trotar por los caminos
con cansancio en las pisadas.

Cristo tras los dos andaba:
a uno lo tumbó en Damasco,
y al otro lo hirió con lágrimas.

Roma se vistió de gracia:
crucificada la roca,
y la espada muerta a espada. Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: San Pedro y San Pablo

Pedro y Pablo son dos pilares de nuestra fe. Ninguno de ellos se llamaba al principio como los hemos llamado después. Pedro se llamaba Simón. Pablo era antes Saulo de Tarso. Jesús cambió sus nombres al igual que sus corazones.
Pedro ejercía el oficio de pescador. Hasta que un día le dijo Jesús: “Desde ahora serás pescador de hombres”. Pablo era tejedor de tiendas y perseguidor de los cristianos.
Los dos viajaron mucho. Pedro anduvo por Galilea y Samaría, visitando las primeras comunidades cristianas que se iban formando. Pablo recorrió tres veces el mundo conocido entonces. Llegó hasta España, que era el fin de la tierra conocida. Y el último viaje lo hizo camino de la cárcel, en Roma.
Pedro estuvo presente en el primer concilio de Jerusalén. Y dice el libro de los hechos de los apóstoles que toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Pablo y Bernabé, que les contaron los prodigios que Dios había realizado por su medio entre los paganos.
Pedro escribió algunas cartas, dos de las cuales podemos leer en la Biblia. Pablo escribió muchas más y en total se conservan trece. Los dos terminaron en Roma, martirizados el mismo día. Pedro, como judío, fue crucificado, aunque cabeza abajo por respeto a Cristo. Pablo fue decapitado, por ser ciudadano romano.

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Santos: Marcelo, Atanasio, mártires; Siro, Casio, obispos; Benita, Enma de Gurk, vírgenes; Coca, abad; María, madre de S. Marcos.

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