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Lecturas del 31 de Mayo del 2018 (Jueves de la Octava Semana)

SANTORAL: Visitación de la Virgen María

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 12, 9-16b

Hermanos:
Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. Amense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. Consideren como propias las necesidades de los santos y practiquen generosamente la hospitalidad. Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes.

Palabra de Dios.

SALMO Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 6b)

R. ¡Es grande en medio de tí el Santo de Israel!

Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación. R.

Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre. R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel! R.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:
«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»
María dijo entonces:
«Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.»
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor.

Reflexión

La escena que contemplamos en este pasaje es la que recordamos en el Segundo Misterio Gozoso del Rosario, que se reza todos los lunes y los jueves. El anuncio que poco antes le había hecho el ángel, no dejó a María aislada con sus problemas. El ángel le habló de su prima Isabel, ya anciana, y María va a compartir con ella su alegría y su secreto. Y así se cumplió la profecía hecha a Zacarías, sobre su hijo, Juan el Bautista: «Tu hijo estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre.»

Lo más importante en la historia, no siempre es lo más espectacular. El Evangelio prefiere señalar los acontecimientos que fueron portadores de vida. Los discípulos de Juan el Bautista, años después, acudirán a él en busca de la palabra de Dios. Pero nadie se preguntará cómo recibió el Espíritu de Dios. Y nadie sabrá que fue María quien puso en movimiento los resortes del plan de Dios aquel día de la Visitación.

Las palabras que Isabel usa para saludar a María: “¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” las usamos cada vez que rezamos el Avemaría. Este día de la Visitación resulta oportuno para redescubrir esta bendición, que recuerda cuando Jesús estaba realmente en las entrañas de María, al calor de su madre, bien protegido, antes de estar expuesto al frío, a los golpes, y a las injurias. Por entonces, solo recibe amor. Un corazón de madre late junto al suyo, y le hace latir una única sangre humana.

Y Santa Isabel pregunta con humildad ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor?. Estas dos mujeres, María e Isabel, están inmersas en el misterio: Evidentemente hay cosas extrañas en torno a los dos nacimientos. Isabel se da cuenta de ello en forma inmediata y con sus palabras refleja la adoración y el agradecimiento a Dios por el don recibido.

Concluye el pasaje del Evangelio con otra alabanza de Isabel a María: ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!». María creyó. Esa fue su grandeza y el fundamento de su felicidad: su fe. Así se convierte María en Maestra de la fe, aceptando cuanto se le anuncia de parte de Dios, aunque ella no se pudiera explicar el modo cómo se realizaría aquel plan. María por su Si hizo que la obra de Dios, su plan, fuera una realidad para nosotros.

Pidamos hoy al Señor una fe como la de María, para que como ella, aprendamos a aceptar el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Y salte el pequeño Juan
en el seno de Isabel.
Duerme en el tuyo Jesús.
Todos se salvan por él.

Cuando el ángel se alejó,
María salió al camino.
Dios ya estaba entre los hombres.
¿Cómo tenerle escondido?

Ya la semilla de Dios
crecía en su blando seno.
Y un apóstol no es apóstol
si no es también mensajero.

Llevaba a Dios en su entraña
como una preeucaristía.
¡Ah, qué procesión del Corpus
la que se inició aquel día!

Y, al saludar a su prima,
Juan en el seno saltó.
Que Jesús tenía prisa
de empezar su salvación.

Desde entonces, quien te mira
siente el corazón saltar.
Sigues salvando, Señora,
a quien te logre encontrar.
Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: Visitación de la Virgen María

Hoy celebramos la fiesta de la visitación de nuestra Señora a su prima santa Isabel. El episodio está escrito en el evangelio de san Lucas (1, 39-56). En aquel tiempo vivía María con José en Nazaret. Con anterioridad la había visitado el ángel Gabriel, saludándola con el título de “llena de Gracia”, para hacerla participe de la más grande noticia: que había sido escogida para ser Madre del Mesías preanunciado a los profetas. Y ella había contestado: “He aquí la servidora del Señor; hágase en mi según tu palabra”. Desde ese momento el Verbo de Dios moró en el seno purísimo de la Virgen y este fue el comienzo de nuestra Salvación. Antes de partir, el ángel le reveló que su anciana prima Isabel también daría a luz a un hijo, y que en aquel momento estaba en el sexto mes del embarazo. Con esta noticia, María decidió viajar donde estaba Isabel.
Desde Galilea hasta Hebrón, en la región montañosa, el viaje hacia el sur duró cuatro o cinco días. A la entrada del pueblo de Juttah se levantaba la casa del sacerdote Zacarías. Al verla entrar y oír su voz, corrió hacia ella su prima Isabel con los brazos abiertos y, estremecida de emociones, exclamó:
-¡Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Merezco yo, acaso -agregó Isabel-, que la Madre de mi Señor venga a mi casa? Apenas sonó la voz de tu saludo en mis oídos, ha saltado de gozo el niño en mi seno.
En estas palabras de santa Isabel se ha visto el primer reconocimiento público de la Virgen como Madre de Dios. A la vista de María -dice san Agustín- se llenó Isabel del Espíritu de Dios. San Ambrosio asevera que, al oír Isabel la voz de María, Juan sintió al mismo tiempo la gracia de Jesucristo, quien santificó a su precursor antes de que naciese.
María, henchida por el Espíritu Santo, pronunció este cántico de alabanza: “Mi alma glorifica al Señor, y salta de júbilo mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva, y por eso todas las generaciones me llamaran bienaventurada”. Tres meses permaneció nuestra Señora al lado de santa Isabel, hasta que nació Juan, llamado después Bautista.
Esta fiesta se instituyó en tiempos de Urbano VI, en 1389, con el objeto de poner fin al cisma de Occidente, fijándose para su celebración el 2 de Julio, día en que lo hacían los franciscanos desde 1263. Ahora ha sido trasladada al último día de mayo, entre las solemnidades de la anunciación del Señor y el nacimiento de san Juan Bautista, para concordar mejor con el relato evangélico.
El recuerdo litúrgico de la visitación de nuestra Señora a su pariente Isabel durante el embarazo recién iniciado de la primera y la ya avanzada preñez de la segunda -que era, además, mujer madura, como nos narra el evangelista- debe movernos a ejercer una gran solicitud hacia el prójimo necesitado de ayuda fraterna.
Son muchos los que están solos o pasan por diversas pruebas, y entre sus cruces y gozos -como el matrimonio de Zacarías e Isabel- esperan el cumplimiento de la palabra de Dios. Vayamos a ellos con la misma disposición interior que la santa Madre de Jesucristo.

Otras celebraciones de hoy: Nuestra Señora de Linarejos. Santos: Petronila, virgen; Cancio, Canciano, Cancianila, Crescenciano, Hermias, mártires; Pascasio, Gertrudis, Vidal, Gala, Alejandro, confesores; Silvio, obispo; Teodoro, monje.

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