Lecturas del 18 de Septiembre del 2018 (Sábado de la Semana 24)

Alguien preguntará: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo? Tu pregunta no tiene sentido. Lo que siembras no llega a tener vida, si antes no muere. Y lo que siembras, no es la planta tal como va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo, o de cualquier otra planta. Lo mismo pasa con la resurrección de los muertos: se siembran cuerpos corruptibles y resucitarán incorruptibles; se siembran cuerpos humillados y resucitarán gloriosos; se siembran cuerpos débiles y resucitarán llenos de fuerza; se siembran cuerpos puramente naturales y resucitarán cuerpos espirituales.

Lecturas del 19 de Septiembre del 2018 (Miércoles de la Semana 24)

El Evangelio nos pide que pensemos bien, y cuando no podamos justificar un acto, por lo menos tratemos de justificar las intenciones con que se realizó ese acto. Si no podemos hablar bien de una persona en público, entonces es preferible callar antes que criticarla. Dios no delegó en nadie el poder de juzgar. El juzgar se lo reservó para él mismo. Y esto es así, porque para juzgar hay que tener el conocimiento total de la persona que realiza el acto, sus intenciones, sus móviles que la impulsan a obrar así, su criterio de las cosas y del acto que realizó; y nosotros no podemos saber de eso. Por eso la prudencia nos exige que no emitamos juicio sobre las intenciones en el obrar del prójimo. Hoy vamos a pedirle a María nuestra Madre, que nos ayude a mirarnos a nosotros, descubrir nuestras debilidades y pedir perdón a Dios por ellas. Así nos volveremos más comprensivos con los demás y evitaremos toda crítica que perjudique a nuestros hermanos.

Lecturas del 18 de Septiembre del 2018 (Martes de la Semana 24)

San Juan nos dice: No amemos de palabra y con la lengua, sino con obras y de verdad. Y esas obras de amor, ese servicio a nuestro prójimo, tiene también un orden preciso. Ya que el amor lleva a desear y buscar el bien de quien se ama, primero debemos buscar la unión de los demás con Dios, pues este es el máximo bien. Pero además de procurar los bienes espirituales para nuestro prójimo, todos los cristianos tenemos el grave compromiso de promover un orden social más justo, pues la caridad se refiere también a buscar el bien material de todos los hombres. Pidamos a Jesús, El que se conmovió ante los sufrimientos de la viuda de Naím, que jamás permanezcamos pasivos ante la necesidad o el dolor de nuestros hermanos.

Lecturas del 17 de Septiembre del 2018 (Lunes de la Semana 24)

El centurión se nos muestra humilde y es precisamente esa humildad la que le permite tener fe. Y es por esa fe, que reconoce el poder de Jesús. Ese centurión percibe que Jesús tiene un poder superior y que no necesita tan siquiera acercarse al enfermo para curarlo. Sólo tenía que decirlo y así sería. Y Jesús quedó admirado de la fe de este hombre y produjo el milagro. Jesús puede hoy también sanar nuestras dolencias físicas y morales; sanar a quienes nos rodean. Tal vez si no hace el milagro se debe a que no tenemos esa fe y esa humildad que mostró el centurión. Pidámosle hoy con confianza a nuestro Señor que nos regale una fe en su poder, como la del centurión.

Lecturas del 12 de Septiembre del 2018 (Miércoles de la Semana 23)

Jesús no nos dice que no debemos poner los medios para evitar la enfermedad, el dolor, la pobreza, la injusticia. Él nos enseña que para alcanzar la felicidad debemos amar y cumplir la voluntad de Dios sobre nosotros. El error está en intentar a toda costa, como si se tratara de un mal absoluto, evitar el dolor o el sufrimiento y buscar el éxito humano como un fin en sí mismo. El mayor sufrimiento que causa el dolor se origina en no encontrarle un sentido. No saber porque se sufre, ni para que. El mundo no ha encontrado un sentido al dolor. El pensamiento fundamental que Jesús nos quiere transmitir es este: “Sólo el servir a Dios hace al hombre feliz. En medio de la pobreza, del dolor, del abandono, se puede ser feliz. Y, por el contrario, el hombre puede ser infinitamente desgraciado aunque nade en la abundancia y tenga todos los bienes de la tierra.

Lecturas del 11 de Septimbre del 2018 (Martes de la Semana 23)

Debemos dedicar a la oración determinados momentos en el día, y en la semana, momentos en que nos dediquemos a la oración y a la meditación de la Palabra de Dios de un modo exclusivo e intensivo. Esos deben ser los momentos fuertes de nuestra vida , donde vivamos nuestra relación con Dios de un modo consciente, profundo e intenso. Cuanto mayores sean los problemas que nos preocupen, y las angustias que nos apenen, tanto más y mejor debe ser nuestra oración.

Lecturas del 10 de Septiebre del 2018 (Lunes de la Semana 23)

Muchas metas nos quedan sin alcanzar porque no estamos firmemente convencidos que con la ayuda de la gracia, nuestros pequeños esfuerzos, se convierten en eficaces. El Señor nos pide que extendamos nuestra mano, que luchemos por mejorar, no importa si antes fracasamos, hoy Él nos pide un nuevo esfuerzo. Vamos a pedirle al Señor, que nos ayude a superar las sumisiones y las obediencias formales: que nos haga comprender desde el interior lo que Dios nos pide, cuando nos pide algo, que haga que experimentemos que Dios es un Padre que ha dado unas leyes para el bien de sus hijos, un Salvador, que desea “hacer el bien, salvar vidas”, y que siempre extendamos nuestra mano si nos lo ordena.

Lecturas del 7 de Septiembre del 2018 (Viernes de la Semana 22)

Jesús nos quiere a cada uno en forma personal, es nuestro amigo, que nos quiere con un corazón humano como el nuestro. Y nos quiere tanto como lo quiso a Lázaro cuando lloró frente a su cuerpo muerto, antes de resucitarlo. Y esa amistad del Señor la debemos corresponder en nuestra vida y fortalecer a través de la oración y de los sacramentos. Pero además, la debemos imitar. Aprendamos a tener, como el Señor, muchos amigos entre los que nos rodean. Aprovechemos las relaciones de vecindad, de trabajo. Los encuentros casuales y otros que buscamos especialmente. Un cristiano está siempre abierto a los demás. Con el amigo se comparte lo mejor que se posee, y nosotros no tenemos nada que valga tanto como la amistad de Jesús. Nuestra amistad con los que nos rodean debe ser un medio para dar a conocer a nuestro mejor amigo, que es el Señor. Vamos a pedir hoy a María, que siempre tengamos presente el amor y la amistad que Jesús tiene por cada uno de nosotros, y que en nuestra vida y con nuestras obras, seamos siempre fieles a esa amistad

Lecturas del 6 de Septiembre del 2018 (Jueves de la Semana 22)

En muchos momentos, cuando aparece el agotamiento por no ver frutos en nuestra vida a pesar de nuestros esfuerzos, cuando encontramos que todo ha sido un fracaso y encontramos motivos humanos para abandonar la tarea, debemos escuchar la voz de Jesús que nos dice: “recomienza de nuevo, vuelve a empezar”. El secreto de todos los avances de nuestro camino hacia Jesús está en saber volver a empezar, en sacar enseñanzas de cada fracaso y después intentar una vez más.

Lecturas del 5 de Septiembre del 2018 (Miércoles de la Semana 22)

Jesús tiene que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, pero ahora, en el mundo de hoy y para los hombres de hoy lo debe hacer por intermedio de cada uno de nosotros. El mundo de hoy habrá de salvarse por el Evangelio de Jesucristo, pero trasmitido y anunciado por cada uno de nosotros. Vamos a pedir hoy a María, que nos ayude en nuestro compromiso de ser fieles propagadores del Evangelio y que anunciemos siempre la Buena Nueva del Reino de Dios a cuantos nos rodean.

Lecturas del 4 de Septiembre del 2018 (Martes de la Semana 22)

El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. ¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Pues, lo mismo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo, es el Espíritu que viene de Dios, para que tomemos conciencia de los dones que de Dios recibimos. Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu, expresando realidades espirituales en términos espirituales. A nivel humano, uno no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu. En cambio, el hombre de espíritu tiene un criterio para juzgarlo todo, mientras él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién conoce la mente del Señor para poder instruirlo?» Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.