Lecturas del 12 de Octubre del 2017 (Jueves de la Semana 27)

Sigue pidiendo, porque pedir es ya una gracia, pedir ya te hace hijo. Si no descuidas la oración, recibirás el pan para alimentar a otros, aunque estés cansado. Nos podemos preguntar ¿por qué Dios necesita nuestra insistencia? ¿Acaso no sabe antes que nosotros, lo que necesitamos? En realidad, somos nosotros los que orando con insistencia nos purificamos, y pasando por la humildad de reconocer que no sabemos orar, nos convertimos en hijos. Insistir en la oración sostiene y transforma toda la jornada, toda la vida.

Lecturas del 10 de Octubre del 2017 (Martes de la Semana 27)

En nuestra vida, tendremos momentos en que tenemos que trabajar y momentos en que tenemos que estar atentos al Señor, dialogar con él, en definitiva hacer ORACIÓN. Quien no se toma suficiente tiempo para la oración y para escuchar la Palabra de Dios, no podrá ser efectivo en su vida cristiana. Pidamos al Señor que seamos capaces de encontrar en nuestra vida el equilibrio necesario para dar al trabajo y a la oración el tiempo debido.

Lecturas del 9 de Octubre del 2017 (Lunes de la Semana 27)

No se pueden hacer verdaderas obras de misericordia, ni corporales ni espirituales, si no hay compasión del corazón. El samaritano, se dolió del herido, tuvo compasión, padeció con él. En todas nuestras obras con el prójimo tiene que estar la compasión y también, como en el caso del samaritano de la parábola, el acercarnos y ayudar personalmente dando nuestro tiempo y nuestro dinero. Hoy le vamos a pedir al Señor, que nos ayude a ser el prójimo de quien nos necesite, que mueva nuestros corazones para acercarnos con amor a los demás.

Lecturas del 8 de Octubre del 2017 (Domingo de la Semana 27)

Recibimos numerosos envíos del Señor, llegan a nosotros muchas inspiraciones del Espíritu Santo, sentimientos, consejos, lecturas. Escuchamos con frecuencia homilías y reflexiones. Todas estas llamadas provienen del Señor. Con mucha frecuencia no sabemos recibirlas como tales, ni las respetamos como en realidad son. El Padre nos envía además al mismo Jesús, que es camino, verdad y vida. Él nos enseña mediante la Palabra y a través de los sacramentos nos da la gracia y se hace verdaderamente presente en la Eucaristía. Pero nosotros nos comportamos como los inquilinos de la viña, que no reconocemos a los enviados del dueño, ni aún a su propio Hijo. Detengámonos algunos momentos para revisar como hemos recibido a los mensajeros de Dios.

Lecturas del 7 de Octubre del 2017 (Sábado de la Semana 26)

En nuestra vida diaria, el Señor nos pide el esfuerzo para desechar el gesto de enojo, o evitar una palabra de protesta cuando estamos cansados o con menos fuerzas para sonreír. Pero la alegría humana no puede mandarse. La alegría es fruto del amor, y no siempre tenemos un amor humano capaz de mantener una alegría permanente. Santo Tomás dice que la alegría es el amor disfrutado, que es su primer fruto. Cuanto más grande es el amor, mayor es la alegría. Dios es amor, enseña San Juan; un Amor sin medida. Un Amor eterno que se nos entrega. Y la santidad es amar, corresponder a esa entrega de Dios. Por eso, los discípulos de Cristo son hombres y mujeres alegres, aun en medio de las mayores dificultades. En ellos se cumplen las palabras del Señor: Yo les daré una alegría que nadie les podrá quitar.

Lecturas del 6 de Octubre del 2017 (Viernes de la Semana 26)

nos dice Jesús: Quien los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a mí me rechaza. El Señor quiso dejarnos en su Iglesia a algunos hombres que con mayor compromiso cargaran sobre sí la responsabilidad de llevar adelante su obra. Su obra que es salvación y redención. Estos hombres están puestos por Cristo para trasmitir al mundo el mensaje de salvación, instaurando la vida en conformidad con las exigencias del Evangelio. Para poder encarar esa misión, esos hombres han sido dotados de gracias especiales, y Jesús, les prometió estar con ellos hasta el fin de los tiempos. Los primeros apóstoles, luego el papa y los obispos, recibieron de Dios el mandato de guiarnos, de guiar al pueblo de Dios. Y Jesús nos pide que los escuchemos. Porque escuchándolos a ellos, lo estamos escuchando a El.