Lecturas del 12 de febrero del 2016 (Viernes después de Ceniza)

Llorando los pecados tu pueblo está, Señor. Vuélvenos tu mirada y danos el perdón. Seguiremos tus pasos, camino de la cruz, subiendo hasta la cumbre de la Pascua de luz. La Cuaresma es combate; las armas: oración, limosnas y vigilias
por el Reino de Dios. “Convertid vuestra vida, volved a vuestro Dios, y volveré a vosotros”, esto dice el Señor. Tus palabras de vida nos llevan hacia ti, los días cuaresmales nos las hacen sentir. Amén.

Lecturas del 11 de febrero del 2016 (Jueves después de Ceniza)

Cuando la luz del sol es ya poniente, gracias, Señor, es nuestra melodía; recibe, como ofrenda, amablemente, nuestro dolor, trabajo y alegría. Si poco fue el amor en nuestro empeño de darle vida al día que fenece, convierta en realidad lo que fue un sueño tu gran amor que todo lo engrandece. Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte de pecadora en justa, e ilumina la senda de la vida y de la muerte del hombre que en la fe lucha y camina. Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día, concédenos la paz y la esperanza de esperar cada noche tu gran día. Amén.

Lecturas del 10 de febrero del 2016 (Miércoles de Ceniza)

Cuando vuelto hacia tí de mi pecado iba pensando en confesar sincero el dolor desgarrado y verdadero del delito de haberte abandonado; cuando pobre volvíme a ti humillado, me ofrecí como inmundo pordiosero; cuando, temiendo tu mirar severo, bajé los ojos, me sentí abrazado. Sentí mis labios por tu amor sellados y ahogarse entre tus lágrimas divinas la triste confesión de mis pecados. Llenóse el alma en luces matutinas, y, viendo ya mis males perdonados, quise para mi frente tus espinas. Amén.

Lecturas del 9 de febrero del 2016 (Martes de la Quinta Semana)

Libra mis ojos de la muerte; dales la luz que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte. Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos. Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío. Guarda mi fe del enemigo (¡tantos me dicen que estás muerto!). Tú que conoces el desierto, dame tu mano y ven conmigo. Amén.

Lecturas del 8 de febrero16 (Lunes de la Quinta Semana)

En esta tarde, Cristo del Calvario, vine a rogarte por mi carne enferma; pero, al verte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza. ¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados? ¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas? ¿Cómo explicarte a ti mi soledad, cuando en la cruz alzado y solo estás? ¿Cómo explicarte que no tengo amor, cuando tienes rasgado el corazón? Ahora ya no me acuerdo de nada, huyeron de mi todas mis dolencias. El ímpetu del ruego que traía se me ahoga en la boca pedigüeña. Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a tu imagen muerta, ir aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu santa puerta. Amén.

Lecturas del 7 de febrero del 2016 (Domingo de la Quinta Semana)

Señor de nuestras horas, Origen, Padre, Dueño, que, con el sueño, alivias y, en la tregua de un sueño, tu escala tiendes a Jacob: Al filo de los gallos, en guardia labradora, despiertan en los montes los fuegos de la aurora, y de tus manos sube el sol. Incendia el cielo en sombras el astro matutino, y el que pecó en tinieblas recobra su camino en la inocencia de la luz. Convoca brazo y remo la voz de la marea, y llora Pedro, el duro patrón de Galilea, cimiento y roca de Jesús. El gallo nos increpa; su canto al sol dispara, desvela al soñoliento, y al que pecó lo encara con el fulgor de la verdad; a su gozosa alerta, la vida se hace fuerte, renace la esperanza, da un paso atrás la muerte, y el mundo sabe a pan y a hogar. Del seno de la tierra, convocas a tu Ungido, y el universo entero, recién amanecido, encuentra en Cristo su esplendor. El es la piedra viva donde se asienta el mundo, la imagen que lo ordena, su impulso más profundo hacia la nueva creación. Por él, en cuya sangre se lavan los pecados, estamos a tus ojos recién resucitados y plenos en su plenitud. Y, con el gozo nuevo de la criatura nueva, al par que el sol naciente, nuestra oración se eleva en nombre del Señor Jesús. Amén.

Lecturas del 6 de febrero del 2016 (Sábado de la Cuarta Semana)

Como el niño que no sabe dormirse sin cogerse a la mano de su madre, así mi corazón viene a ponerse sobre tus manos al caer la tarde. Como el niño que sabe que alguien vela su sueño de inocencia y esperanza, así descansará mi alma segura, sabiendo que eres tú quien nos aguarda. Tú endulzarás mi última amargura, tú aliviarás el último cansancio, tu cuidarás los sueños de la noche, tu borrarás las huellas de mi llanto. Tú nos darás mañana nuevamente la antorcha de la luz y la alegría, y, por las horas que te traigo muertas, tú me darás una mañana viva. Amén.

Lecturas del 5 de febrero del 2016 (Viernes de la Cuarta Semana)

Profeta de soledades, labio hiciste de tus iras, para fustigar mentiras y para gritar verdades. Desde el vientre escondido,
fuiste tú el pregonero, para anunciar al mundo la presencia del Verbo. El desierto encendido fue tu ardiente maestro, para allanar montañas y encender los senderos. Cuerpo de duro roble, alma azul de silencio; miel silvestre de rocas y un jubón de camello. No fuiste, Juan, la caña tronchada por el viento; sí la palabra ardiente tu palabra de acero. En el Jordán lavaste el más puro Cordero, que apacienta entre lirios y duerme en los almendros. En tu figura hirsuta se esperanzó tu pueblo:para una raza nueva abriste cielos nuevos. Sacudiste el azote ante el poder soberbio; y, ante el Sol que nacía, se apagó tu lucero. Por fin, en un banquete y en el placer de un ebrio, el vino de tu sangre santificó el desierto. Profeta de soledades, labio hiciste de tus iras, para fustigar mentiras y para gritar verdades. Amén.

Lecturas del 4 de febrero del 2016 (Jueves de la Cuarta Semana)

Puerta de Dios en el redil humano fue Cristo el Buen Pastor que al mundo vino; glorioso va delante del rebaño, guiando su marchar por buen camino. Madero de la cruz es su cayado, su voz es la verdad que a todos llama, su amor es el del Padre, que le ha dado Espíritu de Dios que a todos ama. Pastores del Señor son sus ungidos, nuevos cristos de Dios, son enviados a los pueblos del mundo redimidos; del único Pastor siervos amados. La cruz de su Señor es su cayado, la voz de su verdad es su llamada, los pastos de su amor, fecundo prado, son vida del Señor que nos es dada. Amén.

Lecturas del 3 de febrero del 2016 (Miércoles de la Cuarta Semana)

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! Yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.» ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! Por eso, que todos tus fieles te supliquen en el momento de la angustia; y cuando irrumpan las aguas caudalosas no llegarán hasta ellos. Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros
y me colmas con la alegría de la salvación.

Lecturas del 1o de Febrero del 2016 (Lunes de la Cuarta Semana)

Eres luz y siembras claridades, eres amor y siembras armonía desde tu eternidad de eternidades. Por tu roja frescura de alegría la tierra se estremece de rocío, Hijo eterno del Padre y de María. En el cielo del hombre, oscuro y frío, eres la luz total, fuego del fuego, que aplaca las pasiones y el hastío. Entro en tus esplendores, Cristo ciego; mientras corre la vida paso a paso, pongo mis horas grises en tu brazo, y a ti, Señor, mi corazón entrego. Amén.

Lecturas del 31 de enero del 2016 (Domingo de la Cuarta Semana)

Eres luz y siembras claridades, eres amor y siembras armonía desde tu eternidad de eternidades. Por tu roja frescura de alegría la tierra se estremece de rocío, Hijo eterno del Padre y de María. En el cielo del hombre, oscuro y frío, eres la luz total, fuego del fuego, que aplaca las pasiones y el hastío. Entro en tus esplendores, Cristo ciego; mientras corre la vida paso a paso, pongo mis horas grises en tu brazo, y a ti, Señor, mi corazón entrego. Amén.