Catequesis del Papa Francisco sobre el último mandamiento

Todos los pecados nacen de un deseo malvado. Todos. Allí empieza a moverse el corazón, y uno entra en esa onda, y acaba en una transgresión. Pero no en una transgresión formal, legal: en una transgresión que hiere a uno mismo y a los demás. En el Evangelio, el Señor Jesús dice explícitamente: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre”.

Los bienes de la creación están destinados a todo el género humano… ¿a quiénes no debemos robar? Catequesis del Papa Francisco

“La propiedad de un bien hace de su dueño un administrador de la providencia”. Nadie es dueño absoluto de los bienes: es un administrador de los bienes. La posesión es una responsabilidad: “Pero yo soy rico de todo…” – esta es una responsabilidad que tienes-… Esta es la medida para saber si administro bien o mal las riquezas; esta palabra es importante: lo que realmente poseo es lo que sé dar. Si yo sé dar, si estoy abierto, entonces soy rico, no solamente de lo que poseo, sino también de generosidad, generosidad también como un deber de dar riqueza para que todos participen de ella. De hecho, si no puedo dar algo, es porque eso me posee, tiene poder sobre mí y me esclaviza. La posesión de los bienes es una oportunidad para multiplicarlos con creatividad y usarlos con generosidad, y así crecer en amor y libertad.

No cometer adulterio: mostrar nuestra madurez y crecimiento en la fe. Catequesis del Papa Francisco

¿Quién es entonces el adúltero, el lujurioso, el infiel? Es una persona inmadura, que se guarda su propia vida e interpreta las situaciones según su propio bienestar y satisfacción. Así, para casarse, ¡no es suficiente celebrar la boda! Necesitamos hacer un camino del “yo” al “nosotros”, del pensar solo a pensar en dos, de vivir solos a vivir en dos: es un camino hermoso, es un camino hermoso. Cuando llegamos a descentralizarnos, entonces todo acto es conyugal: trabajamos, hablamos, decidimos, encontramos a otros con una actitud acogedora y oblativa.

Lecturas del 27 deOctubre del 2018 (Sábado de la Semana 29)

El Señor nos ha colocado en el mejor lugar, donde podemos dar más frutos según las propias condiciones y los bienes recibidos. Sin embargo, es posible que alguna vez el Señor encuentre en nosotros pocos frutos, y hasta frutos amargos. A pesar de todo, Dios vuelve una y otra vez con nuevos cuidados. Él no se desanima ante nuestras flaquezas de correspondencia. Sabe esperar, pués, junto a nuestras faltas y debilidades. Conoce la capacidad de bien que hay en cada uno de nosotros. El Señor no da nunca a nadie por perdido. Confía en nosotros. Examinemos nuestro comportamiento ya que cuando no se da toda la gloria a Dios, se convierte la existencia en un vivir estéril. Todo lo que no se hace de cara a Dios, perecerá. Aprovechemos el día de hoy para hacer propósitos firmes. Dios nos concede el tiempo que vivimos para servirle. Para dar frutos. No pensemos en un futuro lejano sino en el día de hoy y decidámonos a dar frutos para el Señor.

Homilía del jueves 25 de octubre 2018, XXIX ORDINARIO

Jesús nos pide que al optar por seguirlo, pongamos en segundo lugar, inicialmente, a la familia, para que, al vivir a Cristo, su reinado, podamos amar a la familia en lo que es realmente sin someternos a ella ni someterla. El amor entonces es una decisión libre, sin falsedad, ni acomodos temerosos o egoístas. La oración de Pablo es maravillosa en este sentido. Pide para que nos abramos de tal manera al amor del Padre, que nos inunde totalmente.

Homilía del martes 2 de octubre 2018, XXVI ORDINARIO

Tender la mano a un niño es darle la oportunidad de reencontrar el sentido de su vida, de mirar más allá de sí mismo, de descubrir a Dios. Por eso Jesús nos urge a acoger y proteger a quienes van comenzando su vida. Esto les permitirá en adelante buscar cómo desarrollar su vida, sus capacidades y, en definitiva, cómo ubicarse como hijo de Dios y participar en la vida de la familia, de la sociedad. Un niño recuperado es bien para él, la familia, todos. Agradezcamos al Padre el don de los ángeles custodios que desde niños nos han cuidado, acompañado, ayudado a vivir. Seamos ángeles para quienes descubren el don de la vida.

Homilía del martes 25 de septiembre, XXV ORDINARIO

El discípulo se va transformando en hermano del Hijo de Dios al ir cumpliendo la voluntad, con Él mismo, Padre. Nada es automático, supone un proceso: atender, seguir, escuchar, poner en práctica lo que Jesús dice, vive. También dejarse conducir y aceptar ir a donde, para Dios, el discípulo hace falta. El corazón del hombre que está sin sentido, perdido, vacío, encuentra su sentido al mirar al discípulo de Jesús que se va convirtiendo en hermano del maestro y escuchar la Palabra que es, desde el discípulo, el testimonio de lo que el Señor ha hecho en él.

¿Por qué honrar a tus padres puede hacerte feliz? Catequesis del Papa Francisco acerca del cuarto mandamiento

“Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días se prolonguen y seas feliz en la tierra que el Señor tu Dios te da”. Honrar a los padres conduce a una larga vida feliz. …No habla de la bondad de los padres, no requiere que los padres y las madres sean perfectos. Habla de un acto de los hijos, independientemente de los méritos de los padres, y dice algo extraordinario y liberador: incluso si no todos los padres son buenos y no todas las infancias son serenas, todos los hijos pueden ser felices, porque el logro de una vida plena y feliz depende de la justa gratitud con aquellos que nos han puesto en el mundo. Nuestras heridas comienzan a ser potenciales cuando, por gracia, descubrimos que el verdadero enigma ya no es “¿por qué?”, ​​sino “¿para quién?”,” ¿para quién?” me sucedió a mí. ¿En vista de qué obra me ha forjado Dios a lo largo de mi historia? Aquí todo se revierte, todo se vuelve precioso, todo se vuelve constructivo. Mi experiencia, aunque haya sido triste y dolorosa, a la luz del amor, ¿cómo se vuelve para los demás, para quién fuente de salvación?

La libertad que nos da Jesús, catequesis del Papa Francisco

…pensemos en las pasiones humanas: el goloso, el lujurioso, el avaro, el iracundo, el envidioso, el perezoso, el soberbio – y así sucesivamente- son esclavos de sus vicios, que los tiranizan y atormentan. No hay tregua para el goloso, porque la garganta es la hipocresía del estómago, que está lleno pero nos hace creer que está vacío. El estómago hipócrita nos vuelve golosos. Somos esclavos de un estómago hipócrita. No hay tregua ni para el goloso ni para el lujurioso que deben vivir del placer; la ansiedad de la posesión destruye al avaro, siempre acumulan dinero, perjudicando a los demás; el fuego de la ira y la polilla de la envidia arruinan las relaciones. Los escritores dicen que la envidia hace que el cuerpo y el alma se vuelvan amarillos, como cuando una persona tiene hepatitis: se vuelve amarilla. Los envidiosos tienen el alma amarilla, porque nunca pueden tener la frescura de la salud del alma. La envidia destruye. La pereza que evita cualquier esfuerzo hace incapaces de vivir; El egocentrismo, -ese ego del que hablaba- soberbio cava una fosa entre uno mismo y los demás.