Lecturas del 18 de Agosto del 2019 (Domingo de la Semana 20)

Si optamos de veras por Jesús, si lo elegimos a Él como a nuestro único Señor, nos tocará enfrentarnos con el mundo, porque el mensaje de Jesús, las Bienaventuranzas, son el mayor de los rechazos a los criterios que el mundo considera como valores. Para seguir a Jesús, para optar por su reino, tendremos muchas veces que romper con muchas conveniencias personales y sociales, tendremos que saltar por encima de muchos compromisos familiares. Tenemos que estar dispuestos a dejarlo todo y seguir a Cristo por el camino de la cruz. Vamos a pedirle hoy a la Virgen, a ella que como nadie, se dispuso a enfrentarse con el mundo de su época, dando su Sí, a Dios, ese Sí que posibilitó la venida de nuestro Salvador, que nos infunda su valor para ser nosotros también fieles a la voluntad de Dios, siguiendo a Jesús, trabajando por su Reino de Paz.

Ángelus: Allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón

“…Estamos invitados, es decir, a vivir una fe auténtica y madura, capaz de iluminar las muchas “noches” de la vida. Reconocemos que todos hemos tenido días que eran verdaderas noches espirituales. La lámpara de la fe requiere ser alimentada continuamente, con el encuentro de corazón a corazón con Jesús en la oración y en la escucha de su Palabra. …”

Audiencia general del 7 de agosto de 2019

“…Es el rostro de la Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos, y que vive el arte del acompañamiento que se caracteriza por la delicadeza que se acerca a la tierra sagrada del otro; así nuestro caminar tendrá el ritmo sanador de la projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, y que al mismo tiempo sana, libera, alienta a madurar en la vida cristiana.”

Carta del Santo Padre a los Sacerdotes (4 de agosto de 2019)

“Si alguna vez, la mirada comienza a endurecerse, o sentimos que la fuerza seductora de la apatía o la desolación quiere arraigar y apoderarse del corazón; si el gusto por sentirnos parte viva e integrante del Pueblo de Dios comienza a incomodar y nos percibimos empujados hacia una actitud elitista… no tengamos miedo de contemplar a María y entonar su canto de alabanza.”

Ángelus, 21 de julio de 2019

¡Qué María Santísima, Madre de la Iglesia, nos conceda la gracia de amar y servir a Dios y a nuestros hermanos con las manos de Marta y el corazón de María, para que permaneciendo siempre a la escucha de Cristo podamos ser artesanos de paz y de esperanza! Y esto es interesante: con estas dos actitudes seremos artesanos de paz y de esperanza.

Ángelus, 14 de julio de 2019

Si vas por la calle y ves a un hombre sin domicilio fijo tirado allí y pasas sin mirarlo o piensas: “Ya, el efecto del vino. Es un borracho”, no te preguntes si ese hombre está borracho, pregúntate si tu corazón no se ha endurecido, si tu corazón no se ha convertido en hielo. Esta conclusión indica que la misericordia por una vida humana en estado de necesidad es el verdadero rostro del amor. Así es como uno se convierte en un verdadero discípulo de Jesús y el rostro del Padre se manifiesta: «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso».

Lecturas del 16 de Julio del 2019 (Martes de la Semana 15)

Nos cabe entonces hacer fructificar todos los talentos que recibimos y convertir nuestro corazón. Tenemos que rectificar el rumbo y seguir a Jesús. No nos basta con oír la palabra de Dios. El Señor nos pide que la pongamos en práctica. Que nuestra vida sea un fiel reflejo de los valores del Evangelio. Jesús nos va a pedir cuentas a cada uno en la medida de las oportunidades que se nos brindaron. Cuantas más posibilidades tenemos de conocer a Cristo, cuantas más gracias del Señor hemos recibido, mayor es nuestro compromiso de cristianos. Pidamos a María que tengamos una verdadera conversión en nuestro corazón y que decidamos corregir nuestros pasos y seguir de cerca a su Hijo Jesús

Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa para los migrantes (8 de julio de 2019)

Me gusta pensar, entonces, que podríamos ser nosotros aquellos ángeles que suben y bajan, tomando bajo el brazo a los pequeños, los cojos, los enfermos, los excluidos: los últimos, que de otra manera se quedarían atrás y verían sólo las miserias de la tierra, sin descubrir ya desde este momento algún resplandor del cielo.