HOMILÍA DEL JUEVES 30 DE NOVIEMBRE, XXXIV ORDINARIO

Jesús no nos quita nada, nos da todo. El oficio no desaparece, la habilidad adquirida no estorba. Todo se reorienta en el seguimiento de Cristo. Lo importante es que el Señor es quien nos llama respetando el lugar, la familia, el oficio o quehacer que estemos realizando. ¿Cuándo? Cuando Él quiere. Así puede ser en la infancia, adolescencia, juventud, casados, solteros.

Rifa anual del Seminario Diocesano Guadallupano de Cuautitlán

Como cada año el Seminario diocesano está organizando una rifa, entre cuyos premios están un Vento 2018, laptops y smartTVs; con la finalidad de reunir fondos para el sostenimiento de sus necesidades. Pueden acercarse a sus parroquias en para preguntar por los raspaditos que aún quedan en las plantillas de modo que puedan participar en la rifa y ayudar al Seminario y a los jóvenes que están formándose para convertirse un día en sacerdotes.

Somos hijos de Dios, Él se derrumba cada vez que le manifestamos la nostalgia de su amor y nos tiene misericordia

El paraíso no es un lugar como en las fábulas, ni mucho menos un jardín encantado. El paraíso es el abrazo con Dios, Amor infinito, y entramos gracias a Jesús, que ha muerto en la cruz por nosotros. Donde esta Jesús, hay misericordia y felicidad; sin Él existe el frío y las tinieblas. A la hora de la muerte, el cristiano repite a Jesús: “Acuérdate de mí”. Y aunque no existiese nadie que se recuerde de nosotros, Jesús está ahí, junto a nosotros. Quiere llevarnos al lugar más bello que existe. Quiere llevarnos allá con lo poco o mucho de bien que existe en nuestra vida, para que nada se pierda de lo que ya Él había redimido. Y a la casa del Padre llevará también todo lo que en nosotros tiene todavía necesidad de redención: las faltas y las equivocaciones de una entera vida. Es esta la meta de nuestra existencia: que todo se cumpla, y sea transformado en el amor.