Homilía del 16 de febrero de 2018, VIERNES DESPUÉS DE CENIZA

Somos un pueblo en su mayoría bautizado, tenemos en muchos espacios de encuentro de imágenes de la Virgen de Guadalupe: la casa, el trabajo, el transporte, hay quienes se tatúan su imagen. Evitemos tener la doble vida que el profeta rechaza: “el día en que ustedes ayunan encuentran la forma de hacer negocio y oprimen a sus trabajadores… ayunan, sí, para luego reñir y disputar, para dar puñetazos sin piedad”.

Homilía del Miércoles de ceniza, 14 de febrero del 2018

Conocemos la ‘plagas de deshumanización’ que enfrentamos: corrupción, injusticia, marginación, crimen organizado. No es plaga física sino social; no es de un lugar, es mundial. Sólo por la auténtica conversión superamos esa plaga. La Iglesia tiene la misión de anunciar que Dios ha llegado a reinar con el amor, la verdad, la justicia, la paz. Nos toca promover la reconciliación y propiciar que Dios actúe.

Homilía del martes 13 de febrero de 2018, VI ORDINARIO

En el proceso de nuestra fe, nos señala Santiago que podemos enfrentar pruebas y tentaciones. Las primeras son las que enfrentamos a causa de nuestra fe; las segundas a causa de nuestra propia inclinación al placer egoísta, al pecado. Dios no nos pone ni pruebas ni tentaciones. El mundo y nuestra propia fragilidad son autores de éstas. Por eso hemos de escuchar al Señor, orar y distinguir cada cosa.En el proceso de nuestra fe, nos señala Santiago que podemos enfrentar pruebas y tentaciones. Las primeras son las que enfrentamos a causa de nuestra fe; las segundas a causa de nuestra propia inclinación al placer egoísta, al pecado. Dios no nos pone ni pruebas ni tentaciones. El mundo y nuestra propia fragilidad son autores de éstas. Por eso hemos de escuchar al Señor, orar y distinguir cada cosa.

Homilía del lunes 29 enero 2018, IV ORDINARIO

El sufrimiento, enfrentado con fe, aún el que nos causa vergüenza, lleva a mirar de manera distinta la vida, encontrar la paz. El rey David camina con los signos de la vergüenza: los pies descalzos y la cabeza gacha y cubierta. Confiado en el Señor, David acepta los insultos y pide misericordia: “Déjenlo que me maldiga, pues se lo ha ordenado el Señor. Tal vez el Señor se apiade de mi aflicción y las maldiciones de hoy me las convierta en bendiciones”. Seguramente, a lo largo de nuestra vida, hemos sufrido por diversas situaciones, algunas veces por nuestras propias faltas. En vez de reaccionar con enojo hoy tenemos esa alternativa, pedir misericordia, confiarnos en el amor del Padre.

Homilía del miércoles 24 de enero, III Ordinario

Nosotros, como seres humanos, estamos dotados de muchas capacidades que desarrollamos y las convertimos en habilidades que nos permiten vivir plenamente y convivir mejor con los demás. A veces nos olvidamos la importancia de algunas capacidades. Ahora es frecuente olvidar el diálogo de persona a persona, presencialmente, a causa del uso intenso que tenemos de las redes y aparatos digitales. Jesús nos pide que lo escuchemos: sólo hay una posibilidad para acoger en su riqueza la Palabra. Total apertura al Señor, sin actitudes que la bloqueen o ahoguen, ubicados en un espacio físico y mental para escuchar, asimilar, meditar y orar.