Homilía del miércoles 3 de abril de 2019, IV CUARESMA

Queremos tener una religión terrena, que sólo nos resuelva las cosas para aquí y ahora. No nos interesa la vida para siempre. De ahí viene nuestra incoherencia entre fe y vida. Decimos creer en Dios y no vivimos lo que nos ofrece. Escuchemos al Señor que nos dice a los prisioneros de nuestro egoísmo: “Salgan”; a los que no queremos ver la verdad: “’Vengan a la luz’”. Tomemos la decisión esta cuaresma de dar el paso definitivo de la fe en Cristo.

Homilía del martes 2 de abril de 2019, IV CUARESMA

¿No se nos hace mucho 38 años de intento, para llegar primero a la piscina? ¡Es la vida de una persona, de la infancia a la adultez! El pueblo elegido había hecho dos años de camino cuando dudó del Señor, tuvo que hacer 40, 38 más. El hombre de la piscina nos representa. ¿No llevamos toda una vida dudando de Dios, esperando que alguien nos empuje a encontrar una salud completa? ¡Sólo Jesús salva! Ya no esperemos a otro que nos ayude, sólo Él pude hacerlo.

Homilía del lunes 1 de abril de 2019, IV CUARESMA

La fe es una realidad espiritual que puede verificarse, como en este caso. ¿Cómo podemos verificar la existencia, la presencia de Dios? Como lo hacemos en una relación interpersonal: dialogando, arriesgándonos a creer lo que dice. Jesús nos habla en las Escrituras. Ese cielo nuevo y esa tierra nueva que nos ofrece a través del profeta es nuestra vida de fe que realiza maravillas, el milagro del amor, la justicia y la paz y que sólo por la fe construiremos.

Homilía del martes 26 marzo 2019, III CUARESMA

Una sociedad con mentalidad y actitud individualista, consumista, egoísta, nos lleva a convertirnos en esclavizadores y esclavos, vendiendo el perdón por el sometimiento del otro. Esto es lo que llora Daniel en su oración. Necesitamos experimentar ese dolor de nuestra culpas, avergonzarnos, y volver confiados a Dios: “Ahora te seguiremos de todo corazón; te respetamos y queremos encontrarte; no nos dejes defraudados”. Necesitamos, entonces, llevar nuestra actitud penitencial a nuestros ambientes, a la familia, proyectarlo en la sociedad. No puede haber reconciliación sin la conciencia clara de pecado, sin avergonzarnos de él, sin pedir y dar perdón.

Homilía del jueves 14 marzo de 2019, I CUARESMA

Est 4,17n. p-Rl. aa-bb. gg-hh; Sal 137; Mt 7, 7-12.
Continuando la catequesis sobre la oración, Jesús nos invita a hacerla más insistente, y con coherencia que lleva a la verdadera confianza. La diferencia entre piedra y pan, o pescado y serpiente, es obvia, convence.
De los ejemplos nos lleva a la verdad de su amor: “Si ustedes, a pesar de ser malos, saben dar cosas buenas a sus hijos… con cuánta mayor razón el Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan”.
Y no termina ahí la catequesis. Jesús añade algo que parece estar fuera de contexto: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes”. Tratemos a Dios como queremos que Él nos trate, y así con nuestros hermanos.
Un hijo camina con confianza no sólo al saber que su papá lo cuida sino también al saber que su papá confía en él. Si nos fiamos del Padre, si lo amamos, siendo Él la fuente del amor, viviremos en ese amor. Habrá mutua confianza.
Los ninivitas primero escucharon la predicación de Jonás y le creyeron. Por eso temieron al Señor, con esperanza del perdón. Llegaron al ayuno y la penitencia.
Es ejemplar la oración de Esther, que expresa la firme confianza en el Señor, y y por esa convicción actúa, buscando el bien de todo el pueblo. Reconoce que han pecado y afirma que quieren volver al Señor, le pide misericordia.
No pensemos en la oración, el ayuno y la penitencia sólo en la intimidad, para protección egoísta. Tomémoslos como vehículos para estar en el Padre, entrar en su vida, y renovar nuestra relación con los demás en el amor y la justicia. Nuestra penitencia personal, para ser completa, alimentada de la oración, tocando la realidad personal y social, convertirnos y procurar cambiar nuestro ambiente por la justicia.

Homilía del lunes 11 marzo de 2019, I CUARESMA

El tiempo de Cuaresma es tiempo de conversión, no sólo individual, íntima, sino desde la familia y que repercuta en nuestra sociedad. Es tiempo de esperanza para cambiar nuestro ambiente, vivir la justicia y la paz. Revisemos nuestras leyes, nuestras normas de familia, nuestros principios de vida personal y miremos si todo esto nos ayuda a entrar en el camino de santidad que nos ofrece el Señor Dios.

Homilía del martes 5 de marzo de 2019, VIII ORDINARIO

Los esposos, al querer seguir a Cristo cada uno, renuncian a la propia familia, lo dejan todo para unirse el uno al otro en libertad, autenticidad, totalidad. Y no es contradicción o incoherencia dejar la familia propia para formar una nueva, es una exigencia del amor conyugal. Los esposos necesitan comunión y libertad para educar a sus hijos, ser iglesia del hogar.

Homilía del viernes 1 de marzo de 2019, VII ORDINARIO

La sabiduría enseña a buscar al amigo. Y nos describe los modos engañosos de algunos para simular amistad cuando buscan sólo el provecho personal. Vivir la amistad es la forma más clara de vivir el amor de Dios. Supone la verdad, la libertad, la generosidad, la entrega, la fidelidad. Por eso da seguridad una auténtica amistad, es fuente de vida. Si el matrimonio tuviera como preámbulo la amista de los futuros cónyuges, sería otra cosa.