Busquemos el tesoro sirviéndo

El trigo y la cizaña van creciendo pero no hay que luchar contra la cizaña, sino cultivar el trigo. No enfrentar el mal sino construir el bien. El amor de Dios siempre crecerá y nos hará capaces de abrir nuestra vida a muchos, para que se sientan en su casa con nosotros; y podremos acercarnos a los demás para influir no como maestros sino como servidores, el rostro más cercano y claro del amor, para influir en los ambientes.

Elegir a Cristo no significa ser sólo Sacerdote o Monja

Si Dios nos da la libertad, ¿no nos está invitando a una relación de amor sincero? Si es así, para qué esperar tanto. Respondámosle, sí o no. Nada que a ver si encuentro algo mejor, o que me hace casno fulano o zutana. Ya es tiempo de decidir. ¿Cristo? Es necesario, para que desde Él escojamos: matrimonio, consagración, virginidad consagrada. Todo es desde Cristo.

No sólo hablemos, dejemos entrar a Jesús en nosotros para que lo vean los demás

¿Por qué no nos convertimos al Señor? ¿Por qué nuestra predicación, el trabajo de catequistas, la vida en la pastoral juvenil, no hace mirar la vida diferente a muchos? Necesitamos revisar cómo vivimos nuestro discipulado para ver cómo vivimos nuestro ser misioneros. Cómo lograr presentar a Cristo vivo, resucitado, que no sea una idea más en el ambiente de las redes, ni sólo un concepto tradicional recordado de vez en cuando. Si no vivimos en Él no lo podemos presentar vivo. Si no lo presentamos vivo resulta que a nadie la interesa verdaderamente, no le dice nada a su vida.

El que quiera seguirme que renuncie a sí mismo

Dicen algunas personas que si tenemos a Cristo como centro, como fuente de nuestra vocación, no será difícil dejar muchas cosas por seguirlo. ¿Será esto cierto? ¡Quién sabe! Porque en verdad sí cuesta trabajo seguir a Jesús. Sinceramente hablando así es. Es bonito, emocionante, comenzar el encuentro con Cristo. Pero luego viene lo difícil. Jesús, como decimos, no pide mucho, pide todo.

Dar sin esperar nada a cambio

Existe el peligro de creer que un agradecimiento significa una paga por algo que recibimos. Podemos convertir nuestras relaciones interpersonales, aún las de la amistad, en un intercambio comercial: porque me diste, te doy; te doy para que me des. A veces damos en verdad gratuitamente algo y lo doloroso es que la persona que recibe esa caridad, sea material, afectiva o espiritual, se siente obligada a pagar.

Tener a Cristo como eje de la vida no contra el resto de nuestra vida

Me doy cuenta que cuando les propongo el seguimiento de Cristo, por ejemplo para una vocación sacerdotal, religiosa, o consagración de la virginidad, pasan mucho tiempo pensando sí el Señor les llama, pero no se dan cuenta de todo lo que ya les ha dicho, les ha dado, les ha propuesto, y sólo tratan de buscar si encuentran ‘algo mejor, más inmediato, más visible o palpable’. La vocación es respuesta de generosidad. No a ver si me habla al oído el Señor, o se me aparece y me dice qué hacer, o si viene un ángel…