La fe y nuestra vida cotidiana

Es necesario saber qué significa para mí ser bautizado, haber recibido el don del Espíritu Santo, entender no sólo la Celebración de la Eucaristía, sino la vida Eucarística a la que estoy llamado. Esta es una tarea que podemos trabajar en nuestras comunidades, bajo la guía de nuestro sacerdote. Decirle que queremos entender nuestro bautismo. Que eso sea una tarea fundamental de nuestra vida cristiana en el grupo juvenil, en el movimiento juvenil, en el equipo de liturgia o de catequesis, o en algún otro grupo o movimiento.

¿Tu fe es como “llamarada de petate”?

A veces nuestra relación con Cristo es: “estoy enamorada”, “enamorado de Cristo”, “nada me llena más que Él”. Sin embargo, con el correr de los días ee entusiasmo se apaga, era ‘llamarada de petate’, un fuego que enciende rápido y rápido también se apaga. La fe es una decisión que ha de ser definitiva desde el principio, de modo que conviene distinguir entre fe como decisión personal, de fe como emoción o sentimiento. La fe que se decide se pude profundizar, fortalecer, madurar, pero es ya una fe firme en crecimiento. ¿Cuál es tu fe?

La luz de cristo y las veladoras para la divina providencia

Es frecuente ver a nuestros mayores que buscan, el día primero del año y en la Vigilia Pascual, llevar a bendecir unas ceras y el Cirio Pascual para tenerlo en casa y así encomendarse a la Divina Providencia y defenderse de las tormentas y peligros. En estos días vemos de dónde nace esta tradición, que conviene entender, purificar: la Luz, el Cirio encendido, es el Fuego Nuevo, Cristo Resucitado. Él es nuestra vida y salvación. Él es el lucero de la mañana que nos conduce a la salvación.

Homilía del miércoles 26 de abril, II SEMANA DE PASCUA

Uno de los errores de los discípulos de Jesús es que separamos la fe de la vida, no somos coherentes con lo que creemos. La certeza de los discípulos de Jesús ha de estar basada, como la de los apóstoles, en la obediencia. Si el Señor libera a Pedro y a Juan de la cárcel no es sólo para que estén libres, no les pase nada. El ángel les dice “Vayan al templo y pónganse a enseñar al pueblo todo lo referente a esta nueva vida”. Si hoy Cristo nos libera del pecado y de la muerte, nos ayuda a destruir nuestros ídolos, no es para que nos sintamos en paz y durmamos tranquilos. Es para salir de nosotros mismos y ser testigos de esa vida en Cristo, viviéndola nosotros.

¿Ponemos nuestra vida en SUS manos de verdad o de palabra?

Al escuchar a Jesús, al conocer su vida, su mensaje, su doctrina, no por imaginación, sino con la lectura asidua de su Palabra y la meditación y oración en ella, iluminando la vida, descubrimos que Él está actuando en nosotros. No sólo como una bonita idea, un bonito sentimiento acerca de Él, sino que en realidad sea nuestra decisión poner en sus manos nuestra vida, sobre todo en lo que Él quiere redimir, nuestro pecado real.

Amistad y servicio

Sin invadir la intimidad de los demás, nuestro acercamiento a los demás, en el lenguaje del amor de Cristo, ha de ser con la conciencia de dar, con la pregunta de qué necesita, con el deseo de colaborar. Nos engañamos si buscamos a las personas sólo para sentirnos a gusto, o tener un apoyo, o ejercer un dominio. Nada de eso es amor. Aprendamos hoy de Jesús este enfoque del amor que enseña a sus discípulos. Lavar los pies, interesarnos por el necesitado, de manera real, directa. Oremos unos por otros.

Vivamos en Cristo conscientemente, no sólo por “tradición familiar”

Por haber nacido en un ambiente católico, donde vemos imágenes de Cristo, de la Virgen o de algún santo en nuestro hogar desde que nacemos, creemos que ya los conocemos y que son propiedad personal. Cristo es dueño de sí mismo, es libre de amar. No nos ama por obligación Ha decidido dar la vida por todos; eso es distinto. De modo que no lo podemos hacer a nuestro gusto. Su vida no es una tradición, costumbre, para nosotros; su vida es algo que yo elijo vivir libremente, así como Él libremente me la regala.

HOMILÍA DE LA VIGILIA PASCUAL, sábado 15 de abril de 2017

“No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho”. Este es el gran anuncio de esta noche que la Iglesia pregona por todo el mundo, para toda la humanidad. Buscamos la vida, el poder, la riqueza, el bienestar. Nada de esto es posible si no descubrimos el sentido de nuestra existencia. Cristo es nuestra vida nueva, el que nos rescata de la muerte, de la sombra, de la confusión. Por pura decisión suya, por amor a Sí mismo, Dios nos recrea en Cristo, su Hijo que ha vencido el pecado.