Confiados en Dios como los niños en sus padres

Un niño se confía plenamente en sus padres, comenzando por su madre. De esa confianza viene la apertura a lo que ellos le dan, le enseñan, creen en todo lo que les dicen, en el amor son obedientes, procuran dar gusto a sus papás siempre. Por eso Jesús nos dice que si no nos hacemos como niños, en relación a su propio Padre, no entraremos en su Reino.

Homilía del 29 de mayo de 2016

“Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni si quiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano”. Quien pensaría que las palabras de un pagano quedaran para siempre en la liturgia en el momento preciso en el que nos preparamos para recibir a Cristo Eucaristía.

Homilía miércoles 25 de mayo

No se trata, en la Iglesia, de buscar peldaños qué subir, de obtener ganancias que desaparecen con el tiempo, sino de ir al camino definitivo, a la vida. Esa es la verdad que Cristo nos muestra y vive. Esa verdad Él la realiza en sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte. Confía en el Padre que lo resucita, no en sí mismo. El discípulo de Jesús, en cualquier vocación, ha de ser signo de esa nueva vida. El laico en el mundo no puede vivir según el mundo, sino según Cristo.

Homilía del martes 24 de mayo

Estar en primer lugar es un anhelo de siempre, identificado con el poder, es la tentación de poner todo para ese fin. Vemos que hay personas, nos decía el Papa, que aún dentro de la Iglesia, por lograr una mejor posición, no ven el daño que pueden hacer a otros. El mundo está confundiendo a muchos, jóvenes, niños, adultos. Sólo con la fe podemos ofrecer la nueva vida. ¡Hagámoslo!

Endurecer la mente y el corazón nos divide, Dios nos invita a la unión

Si dejamos todo a lo fisiológico o sometido a ello, perdemos de vista las riquezas psicológicas: la sensibilidad, la emoción, el afecto, la inteligencia, la memoria; peor si dejamos a un lado lo espiritual, que es donde está el sentido de nuestra vida, la libertad, el amor, la apertura a lo distinto, al otro, al Trascendente, Dios. Cuando endurecemos nuestra mente y nuestro corazón sólo por ver un aspecto de la persona, propiciamos la división.