Seamos una iglesia de amigos

Jesús rompe todas las barreras para unirse en amistad: ‘permanezcan en mí y yo en ustedes’. Esta comunión no significa bajar en el respeto del uno por el otro, al contrario, será con más delicadeza porque, ¿quién quiere tener expresiones de desprecio, descalificación, de falta de respeto para con el amigo verdadero? Jesús nos quiere amigos, Él toma la iniciativa iniciar y cumplir el amor. Él nos ama primero. Y quiere que este amor lo vivamos entre nosotros.

A veces es necesaria la soledad

Nosotros necesitamos la soledad. Lo primero que nos toca hacer es no tener miedo a estar solos, aprender que lo necesitamos, que tenemos el derecho y el deber a decidir por nosotros mismos, sin intervención de nadie más. Sí, podemos preguntar, escuchar a los demás, pero nadie puede decidir por cada uno, lo tenemos que hacer a solas. Cristo nos invita a seguirlo, pero nos deja libres y solos para decidir, no nos presiona. Sigamos su ejemplo, no presionemos a someterse a nadie.

Cuando no sabemos que hacer, podríamos preguntarnos que haría Jesús en nuestro lugar

Necesitamos ir paso a paso, con paciencia con nosotros mismos, hasta encontrar la estatura de Cristo. Nos hace falta darnos un tiempo, sentarnos con Jesús, platicar con Él, preguntarle cómo es que hace cada cosa que nos toca hacer, cómo resuelve todos los problemas que nosotros enfrentamos y que Él también vive.

Ya eres de Cristo, deja que el Espíritu te lleve a Él

En la vida cotidiana ya somos Cristo, ya tenemos Espíritu Santo, ya somos amados por el Padre. Nos falta convencernos de eso y vivir así. Vivir la justicia, la verdad, la paz, en el amor -gracia- de Dios, en la santidad. Ya no tenemos por que someternos al dinero, a los vicios, la lujuria, la mentira, la corrupción, la impunidad. Eso no tiene nada que ver con los bautizados discípulos de Jesús.