HOMILÍA DEL VIERNES SANTO 14 de abril de 2017

Queremos amar y no sabemos cómo. Ser amados y tememos amar. Por eso en la soledad sufrimos la ausencia del amor. Caemos en el egoísmo que es apenas perceptible, causa de sufrimiento, de pecado. Nos dañamos y somos dañados. Nosotros no somos fácilmente de la verdad, más bien nos atrae la mentira del mundo, la que el maligno le ha inoculado. Y, sin embargo, “Él soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados”.

INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA jueves 13 de abril de 2017

Nos apena el pecado del que nos lava Jesús; nos dobla la misericordia del sacerdote eterno. Y queremos hacer eso mismo con los demás. Sólo en el corazón valiente de quien ama se da esto. Tengamos la certeza de que vale la pena lavar los pies del hermano. Hagámoslo. Con nuestra oración de intercesión, después de dejar que Jesús nos lave, oremos por quienes propician la violencia en el hogar, en nuestra sociedad, en el mundo.

Homilía del miércoles 12 de abril, SEMANA SANTA

¿Por qué razón actuaríamos o hemos actuado como Judas? Vender al Señor no sólo con monedas, sino con el interés desviado de usar la religión para provecho personal, egoísta. ¿Esto es posible? Sí es posible, más de lo que nos imaginamos. Desde el negar mi fe por asuntos de trabajo, de quedar bien, de aparentar libertad o inteligencia, hasta rechazarla y hasta atacarla. Vendemos nuestra fe por ganancias de poder. Traicionamos al Señor cuando, a pesar de haberlo encontrado en nuestra vida, nos orientamos hacia las ideologías de muerte, las supersticiones. A las fáciles soluciones a los problemas con criterios materiales.

Creciendo en la fe

Cada uno de los discípulos reacciona distinto. Judas traiciona y Pedro niega; otros huyen. Juan va con María, tratando de seguir al Maestro en cada paso. ¿Qué camino vamos haciendo cada uno de nosotros para poder llegar a la madurez en el amor, en Cristo? ¿Ya estamos dispuestos a hablar con libertad de espíritu, defendiendo la verdad de Evangelio, y enfrentando la injusticia?

Homilía del martes 11 de abril, SEMANA SANTA

Jesús está atento a cada uno de nosotros, no importa estar lejos o cerca, en la fidelidad o en la traición. Él nos busca como a la oveja perdida. No nos rechaza. La entrega de Jesús en la Eucaristía es definitiva, Él no cambiará jamás, porque lo que ha decidido es para siempre. Y nosotros tenemos oportunidad de pasar de la tibieza a la firmeza de la fe, de la traición a la reconciliación con Él.

La obediencia de Jesús

Jesús cumple la voluntad de su Padre ante todo. Es decir, Jesús más que nada es obediente, obedece a su Padre. ¿Nos gusta la palabra ‘obedecer’? Creo que no siempre, o casi nunca. Veamos en este día, Domingo de Ramos, si obedecemos a nuestro Rey, a Jesús, si con Él decimos que se haga la voluntad del Padre. Si aceptamos vivir el amor a los enemigos.

Jesús no discrimina

Es importante para el discípulo de Jesús recordar que Él viene para todos, no importa la raza, el color, la cultura, la religión, la nacionalidad. Seamos jóvenes con ilusiones, no heredemos conductas viejas de rencor, división, marginación, rechazo. Abrámonos a la justicia, la paz y la comunión.

Jesús es siempre nuevo y distinto, como nosotros para Él

Si desde hace dos mil años Jesús instituyó la Eucaristía, nos dio el mandato del amor, ¿dónde está la novedad de la cuaresma? La novedad está en la decisión de cada uno de nosotros, de pasar del pecado a la gracia, de la división a la reconciliación, de la muerte a la vida. Además, cada vez vamos comprendiendo de manera distinta las cosas, no las vemos igual cuando somos niños, cuando somos adolescentes, cuando somos jóvenes.