Homilía del jueves 3 de Mayo del 2018, V PASCUA

¿Por qué adorar la Cruz del Señor? Jesús la elige como lugar de su suplicio, la acoge después de un careo injusto y ser condenado a muerte. Jesús acoge la Cruz como un altar en donde coloca la ofrenda maravillosa, pura, santa de su Cuerpo. Es el lugar en el que el Hijo lleva a plenitud la voluntad de su Padre y es, por tanto, el lugar donde glorifica al Padre.

Homilía del jueves 26 de abril, IV PASCUA

En la última Cena, como lo hemos meditado, hay un ambiente de profundo amor y tensión al mismo tiempo. Jesús ha hablado de la traición y de la importancia de tener parte con Él por el Lavatorio. Ahora, con cariño, advierte a sus amigos que no les irá mejor que a Él, que es su Maestro: “Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía”. Y al mismo tiempo, presenta la contraparte de esta indicación: “el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”. Recibir al enviado es recibir al Hijo enviado y al Padre que envía.

Homilía del martes 17 de abril de 2018, III PASCUA

El Bautismo y la Eucaristía están en una misma línea, nos llevan al encuentro con Cristo que nos inicia en una relación que llega a la identificación plena con Él. Es el Espíritu Santo quien da continuidad a los signos. Comprendamos que, en realidad, Jesús nos da la verdadera vida en el Bautismo que se desarrolla en la Eucaristía. Meditemos la segunda frase de su promesa: “el que cree en mí nunca tendrá sed”.
La sed nos conecta con el agua, con el pozo, donde la Samaritana recibe Espíritu Santo, el agua de la vida. En la Eucaristía Jesús nos da su Cuerpo y su Sangre derramada. Él da testimonio en el Jordán y en la Cruz: ¡entrega su Espíritu en Agua Sangre!

Homilía del sábado 14 de abril de 2018, II PASCUA

¿Qué sucede inmediatamente después de la Pascua Judía? Viene el paso del mar rojo. Jesús emprende un nuevo Éxodo con nosotros. Nos da el Bautismo y la Eucaristía, y nos conduce de inmediato, caminando con nosotros, hacia el punto definitivo que es el Padre: “Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían”.

Homilía del 26 de marzo del 2018, Lunes Santo

No podemos limitarnos ahora, al inicio de esta etapa última de preparación para la Pascua, sólo a recordar estos hechos. Estamos invitados a dar a la Palabra toda su fuerza y su eficacia en nuestra existencia. ¿Seremos valientes y generosos para acercarnos a Jesús, adorarlo como nuestro Salvador, acogiendo su muerte, glorificándolo desde ahí con la riqueza material y espiritual que a nuestra mano esté? ¿Nos mantendremos a la expectativa, sólo por curiosidad, con la voluntad al mejor postor, como la multitud que quiere ver a Jesús y a Lázaro? Más allá de esto, ¿trataremos de destruir toda prueba de la Persona del Jesús, Hijo de Dios? Que el encuentro con Cristo en la Penitencia y la Eucaristía nos dé paz para darla siempre.