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¿Tú, sacerdote, eres mediador o intermediario?

Que los sacerdotes sean mediadores del amor de Dios y no intermediarios que piensan en sus propios intereses. Es la admonición que hizo el Papa en la homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, centrada en las tentaciones que pueden comprometer el servicio de los sacerdotes. Además, Francisco puso en guardia ante los llamados “rígidos” que cargan sobre los fieles cosas cuyo peso ellos no llevan. Y denunció la tentación de la mundanidad que transforma al sacerdote en un funcionario y lo conduce a ser “ridículo”.

Son como los niños a los cuales les ofreces algo que no les gusta, les ofreces lo contrario y tampoco va bien. El Santo Padre se inspiró en las palabras de Jesús, según el Evangelio del día, para subrayar la insatisfacción del pueblo, que jamás está contento. Y también hoy – observó el Pontífice – “hay cristianos insatisfechos – tantos – que no logran comprender lo que el Señor les ha enseñado, no logran entender el núcleo de la revelación del Evangelio”. A continuación, el Papa se detuvo en los sacerdotes “insatisfechos” que – advirtió – “hacen tanto mal”. Viven insatisfechos y buscan siempre nuevos proyectos, “porque su corazón está alejado de la lógica de Jesús” y, por esta razón, “se lamentan o viven tristes”.

La lógica de Jesús – reafirmó el Obispo de Roma – debería dar, en cambio, “plena satisfacción” a un sacerdote. “Es la lógica del mediador”. “Jesús es el mediador entre Dios y nosotros. Y nosotros debemos tomar este camino de mediadores”, “no esa otra figura que se parece tanto pero que no es la misma: intermediarios”. En efecto – prosiguió – el intermediario “hace su trabajo y toma su sueldo”, “él jamás pierde”. Totalmente diverso es el mediador:

“El mediador, en cambio, se pierde a sí mismo para unir a las partes, da la vida, sí mismo, el precio es ese: su propia vida, paga con su propia vida, su propio cansancio, su propio trabajo, tantas cosas – en este caso el párroco – para unir a la grey, para unir a la gente, para llevarla hacia Jesús. La lógica de Jesús como mediador es la lógica de aniquilarse a sí mismo. San Pablo en la Carta a los Filipenses es claro sobre esto: ‘Se aniquiló a sí mismo, se despojó de sí mismo’ pero para hacer esta unión, hasta la muerte, muerte de cruz. Esa es la lógica: despojarse, aniquilarse”.

El sacerdote auténtico – agregó el Papa Bergoglio – “es un mediador muy cercano a su pueblo”, el intermediario, en cambio, hace su trabajo pero después toma otro, “siempre como funcionario”, “no sabe qué significa ensuciarse las manos” en medio de la realidad. Y por esta razón – reafirmó – cuando “el sacerdote pasa de mediador a intermediario no es fácil, es triste”. Y busca un poco de felicidad “haciéndose ver” y “haciendo sentir su autoridad”.

A los intermediarios de su tiempo – añadió el Pontífice – “Jesús les decía que a ellos les gustaba pasear por las plazas” para hacerse ver y honrar:

“Pero también para hacerse importantes, los sacerdotes intermediarios emprenden el camino de la rigidez: tantas veces, separados de la gente, no saben lo que es el dolor humano; pierden lo que habían aprendido en su casa, con el trabajo del papá, de la mamá, del abuelo, de la abuela, de los hermanos… Pierden estas cosas. Son rígidos, aquellos rígidos que cargan sobre los fieles tantas cosas que ellos no llevan, como decía Jesús a los intermediarios de su tiempo. La rigidez. Látigo en la mano con el pueblo de Dios: ‘Esto no se puede, esto no se puede…’. Y tanta gente que se acerca buscando un poco de consuelo, un poco de comprensión es echada con esta rigidez”.

Sin embargo – dijo también el Papa – la rigidez no se puede mantener durante mucho tiempo. Y fundamentalmente es esquizoide: “Terminarás apareciendo rígido pero por dentro serás un desastre”. Y con la rigidez, la mundanidad. “Un sacerdote mundano, rígido – dijo Francisco – es un insatisfecho porque ha tomado el camino equivocado”:

“A propósito de rigidez y mundanidad, ha sucedido tiempo atrás que ha venido a verme un anciano monseñor de la Curia, que trabaja, un hombre normal, un hombre bueno, enamorado de Jesús y me ha contado que había ido al “Euroclero” a comprarse un par de camisas y vio ante el espejo a un muchacho – piensa que no tenía más de 25 años, o un sacerdote joven o (que estaba) por convertirse en sacerdote – delante del espejo, con una manta, grande, amplia, con el terciopelo, la cadena de plata y se miraba. Y después tomó el capelo ‘saturno’, se lo puso y se miraba. Un rígido mundano. Y aquel sacerdote – es sabio aquel monseñor, muy sabio – logró superar el dolor, con una broma de sano humorismo y añadió: ‘¡Y después se dice que la Iglesia no permite el sacerdocio a las mujeres!’. De modo que el oficio que hace el sacerdote cuando se vuelve funcionario termina en lo ridículo, siempre”.

“En el examen de conciencia – dijo después el Papa – consideren esto: ‘¿Hoy he sido funcionario o mediador? ¿Me he custodiado a mí mismo, me he buscado a mí mismo, mi comodidad, mi orden o he dejado que la jornada estuviera al servicio de los demás?”. Una vez – relató – una persona me “decía que él reconocía a los sacerdotes por la actitud con los niños: si saben acariciar a un niño, sonreír a un niño, jugar con un niño… Es interesante esto porque significa que saben abajarse, acercarse a las pequeñas cosas”. En cambio – afirmó – “el intermediario es triste, siempre con aquella cara triste o demasiado seria, cara oscura. El intermediario tiene la mirada oscura, ¡muy oscura! El mediador – reafirmó – es abierto: la sonrisa, la acogida, la comprensión y las caricias”.

Al final de su homilía el Papa Francisco propuso tres “iconos” de “sacerdotes mediadores y no intermediaros”. El primero es el “gran” Policarpo que “no negocia su vocación y va valeroso a la hoguera y cuando el fuego sale a su encuentro, los fieles que estaban allí, han sentido el olor del pan”. “Así – dijo – termina un mediador: como un trozo de pan para sus fieles”.

El otro icono es San Francisco Javier, que muere joven en la playa de Shangchuan, “mirando hacia China” a donde quería ir pero no podrá porque el Señor se lo lleva consigo. Y después, el último icono: el anciano San Pablo en Tre Fontane. “Aquella mañana temprano – recordó – los soldados fueron a verlo, lo apresaron, y él caminaba curvado”. Sabía muy bien que esto sucedía por la traición de algunos dentro de la comunidad cristiana pero él ha luchado tanto, tanto, en su vida, que se ofrece al Señor como sacrificio”. “Tres iconos – concluyó el Papa – que pueden ayudarnos. Miremos allí: ¿Cómo quiero terminar mi vida de sacerdote? ¿Cómo funcionario, como intermediario o como mediador, es decir en la cruz?”.

Fuente: RadioVaticano

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