Lecturas del 21 de Febrero del 2019 (Jueves de la Sexta Semana)

Para ti, ¿quién soy Yo? En ese momento y ahora, sólo existe una única respuesta verdadera a la pregunta de Jesús: “Tú eres el Cristo, el Mesías, el Hijo Unigénito de Dios. La Persona de la que dependen todas nuestras vidas, nuestros destinos, y nuestra felicidad”. Sabemos muy bien, -son palabras del Papa-, que ante Jesús no podemos contentarnos con una simpatía simplemente humana, ni es suficiente considerarlo sólo como un personaje digno de interés histórico, teológico, espiritual, social o como fuente de inspiración artística. Jesucristo nos compromete absolutamente y por enteros. Nos pide que al seguirle renunciemos a nuestra propia voluntad para identificarnos con Él. Este pasaje del Evangelio nos compromete a una verdadera conversión del corazón. Pidamos a María, nuestra Madre, que renovemos con firmeza nuestra decisión de seguir de cerca a Jesús, para que nos acoja como a uno de sus discípulos más próximos.

Homilía del jueves 21 de febrero de 2019, VI ORDINARIO

Jesús sabe que nosotros vamos poco a poco en la comprensión de su Palabra, su Vida, su Misión, su Persona en definitiva. Escuchamos muchas voces que nos confunden acerca de Jesús, por más que lo escuchemos y contemplemos. Ahora nos invita a hacer una distinción. Una cosa es lo que la gente, los demás, puedan decir de Jesús. Y hay muchos que hablan de Él en los medios, en las redes, supuestos intelectuales, sabios, hasta ídolos populares. Pero Jesús quiere desligarnos del punto de vista de todos y pide que le demos una respuesta personal, comprometida. “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Y esa es la pregunta a la que hemos de responder cada uno.

Lecturas del 20 de Febrero del 2019 (Miércoles de la Sexta Semana)

El Señor nos enseña a ser pacientes, y a confiar. Él va a acompañarnos siempre en nuestro camino, iluminando nuestras oscuridades. Nosotros como el ciego, empezamos a ver, pero confusamente. De Dios depende, y no de nosotros que nuestra visión sea plena. Sólo necesitamos pedir con humildad y buscar momentos para que Jesús nos tome de la mano, nos aleje del ruido, nos hable al corazón y empecemos a ver.

Homilía del martes 19 de febrero de 2019, VI ORDINARIO

Cada uno de los discípulos de Jesús estamos incompletos si no comenzamos al menos a ser misioneros, testigos suyos con nuestra vida diaria. Abramos los ojos a nuestra verdad y pongámonos delante del Señor. Actualmente hay muchos cristianos perseguidos, discípulos misioneros a quienes algunos, sintiéndose poderosos, no les dan libertad para vivir su fe, para transformar el mundo desde la justicia y la paz.

Lecturas del 19 de Febrero del 2019 (Martes de la Sexta Semana)

La hipocresía de los fariseos y la vida desordenada de Herodes, que solo se movía por ambiciones personales, eran un mal fermento que contagiaba a la masa de Israel, corrompiéndola. Tenemos el deber de pedir cada día que todos los cristianos seamos verdaderamente buena levadura en el medio en que nos toca actuar a cada uno de nosotros, y que muchas veces permanece alejado del Señor. Es grave el daño que produce en el mundo la mala levadura de la doctrina adulterada y de desdichados ejemplos. Cuando nos encontramos ante la doctrina falsa, ante situaciones de escándalo, debemos preguntarnos ¿qué hago yo para contrarrestar el mal ejemplo?, ¿Qué he hecho yo por sembrar buena doctrina?, ¿Qué hago para que mis hijos, mis amigos y conocidos adquieran la doctrina de Jesucristo?

Lecturas del 18 de Febrero del 2019 (Lunes de la Sexta Semana)

Si el mundo moderno es ateo, no es porque rechace a Dios, lo que rechaza es la falsa imagen de Dios, que nosotros le presentamos. Y rechaza esa imagen porque es falsa. Y una imagen falsa no convence a nadie. Por eso vamos a pensar en este día en cómo nos comportamos, en forma individual y cómo nos comportamos cuando actuamos en grupo, cómo se comporta nuestra comunidad. ¿Verdaderamente reflejamos a Cristo? Si en nuestra comunidad, si entre nuestra gente hay mucha gente que necesita de señales, de apariciones, a lo mejor es debido a que nosotros no fuimos capaces de darle al Jesús auténtico. Que María nuestra madre, nos ayude a que surja de nosotros Cristo.

Homilía del domingo 17 febrero de 2019, VI ORDINARIO

Son tres círculos, el más amplio son los que siguen a Jesús como novedad, por los milagros; después están los discípulos que meditan su enseñanza. Más cerca de Él están los apóstoles que transmitirán su mensaje. Es la Iglesia. Ante todos ellos, aún los apóstoles, Jesús proclama su programa de vida. Viene a suscitar un cambio. Primero veamos en qué grupo estamos. ¿Buscamos a Jesús para que nos dé “cosas”? ¿Lo seguimos por su Palabra? ¿Queremos ser testigos? No podemos quedarnos sólo esperando milagros o limitándonos a saber lo que el Señor dice, necesitamos vivir como Él, trabajar con Él en la edificación de su reino: verdad, justicia, reconciliación, paz, amor.

Lecturas del 17 de Febrero del 2019 (Domingo de la Sexta Semana)

En medio de la pobreza, del dolor, del abandono, podemos decir como San Pablo: “Sobreabundo de gozo en todas mis tribulaciones” . Y por el contrario, un hombre puede ser totalmente desgraciado aunque nade en la opulencia y viva en la posesión de todos los placeres de la tierra. Jesús dice: ¡Pobres de ustedes, los que ahora ríen, porque van a llorar de pena!, éstas son lamentaciones como las que se hacían por los muertos, no son maldiciones. Estas lamentaciones son un signo del amor de Dios por los ricos, como las bienaventuranzas lo son por los pobres, pues ama a todos, aunque de distinta manera. En su predicación el Señor no nos enseño a que debemos evitar los medios oportunos para curar el dolor, la enfermedad, la pobreza o la injusticia. Pero las Bienaventuranzas nos enseñan que el verdadero éxito de nuestra vida está en amar y cumplir la voluntad de Dios sobre nosotros. Estos versículos del Evangelio de San Lucas tienen una cierta correspondencia con el relato del Sermón de la Montaña, que San Mateo expone extensamente en los capítulos 5, 6 y 7 de su Evangelio. Es muy posible que el Señor, a lo largo de su ministerio público por las diversas regiones de Israel, predicara las mismas cosas, dichas de modo diferente, en distintas ocasiones. Cada Evangelista ha recogido lo que, por inspiración del Espíritu Santo, pensaba más conveniente para la instrucción de sus lectores inmediatos: cristianos procedentes del judaísmo, para el caso de San Mateo; y convertidos de entre los gentiles, para el caso de San Lucas.
Nada impide que uno y otro Evangelista hayan presentado, según las necesidades de esos lectores, unas u otras cosas de la predicación de Jesús, insistiendo en unos aspectos y abreviando u omitiendo otros.
Las ocho bienaventuranzas que presenta San Mateo en su evangelio, las refiere San Lucas en el texto de hoy resumidas en cuatro, pero acompañadas por cuatro antítesis o lamentaciones. San Ambrosio dice que las ocho bienaventuranzas del Evangelio de San Mateo están comprendidas en las cuatro de San Lucas. Las expresiones del texto de Lucas tienen, a veces, una forma más directa que las del primer evangelio, que son más explicativas. Por ejemplo, la primera bienaventuranza dice escuetamente: “Bienaventurados los pobres”, mientras que en Mateo se lee: “Bienaventurados los pobres de Espíritu”
Nos relata el Evangelio que una inmensa multitud venida de todas partes rodea al Señor. De Él esperan la doctrina que dará sentido a sus vidas. Jesús, entonces, levantó los ojos hacia sus discípulos y les dijo:
«Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque serán saciados.
Bienaventurados ustedes, los que lloran, porque reirán.
No resulta difícil imaginarse la impresión de desconcierto y hasta de decepción, que estas palabras de Jesús pudieron causar entre quienes le escuchaban. El Señor acaba de formular el espíritu nuevo que había venido a traer a la tierra; un espíritu que constituía un cambio completo de valoraciones humanas como las de los fariseos, que veían en la felicidad en la tierra la bendición y premio de Dios, y en la infelicidad y desgracia, el castigo. En general, el hombre antiguo, aún en el pueblo de Israel, había buscado la riqueza, el gozo, la estimación, el poder, considerando todo esto como la fuente de toda felicidad. Jesús propone otro camino. Exalta y beatifica la pobreza, la misericordia, y la humildad.
Hoy en día vemos que continúa existiendo un desconcierto por el contraste que surge entre las penas que llevan consigo el camino de las bienaventuranzas, y la felicidad que promete Jesús.
El pensamiento fundamental que Jesús quería inculcar en sus oyentes era este: “sólo el servir a Dios hace al hombre feliz”. En medio de la pobreza, del dolor, del abandono, podemos decir como San Pablo: “Sobreabundo de gozo en todas mis tribulaciones” . Y por el contrario, un hombre puede ser totalmente desgraciado aunque nade en la opulencia y viva en la posesión de todos los placeres de la tierra. No en vano aparecen en este Evangelio las exclamaciones del Señor: “¡Pobres de ustedes, los ricos, porque tienen ya su consuelo!
¡Pobres de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre!
¡Pobres de ustedes, los que ahora ríen, porque van a llorar de pena!”
Son lamentaciones como las que se hacían por los muertos, no son maldiciones. Estas lamentaciones son un signo del amor de Dios por los ricos, como las bienaventuranzas lo son por los pobres, pues ama a todos, aunque de distinta manera. A los unos les asegura que destruirá las estructuras de la injusticia, y a los otros les advierte que las riquezas traen consigo la muerte.
Las bienaventuranzas no hablan de la conversión del rico, como tampoco afirman que los pobres sean mejores. Sólo prometen un vuelco. El reino significa una nueva sociedad; Dios bendice a los pobres, pero no la pobreza.
Quienes escuchan al Señor entendieron bien que aquellas Bienaventuranzas no enumeraban distintas clases de personas, ni prometían la salvación a determinados grupos de la sociedad, sino que señalaban las disposiciones y la conducta moral que Jesús exige a todo el que quiera seguirle.
En su predicación el Señor no nos enseño a que debemos evitar los medios oportunos para curar el dolor, la enfermedad, la pobreza o la injusticia. Pero las Bienaventuranzas nos enseñan que el verdadero éxito de nuestra vida está en amar y cumplir la voluntad de Dios sobre nosotros.
Nos muestran el único camino capaz de llevar al hombre a vivir con la plena dignidad humana que corresponde a su condición de persona. En una época en que tantas cosas empujan hacia la degradación personal, las Bienaventuranzas son una invitación a la rectitud y a la dignidad de vida. Por el contrario, intentar a toda costa, -como si se tratara de un mal absoluto- sacudir el peso del dolor, o buscar el éxito humano como un fin en sí mismo, son caminos que no conducen a la felicidad. Pidamos a María, nuestra Madre que nos guíe por el camino de las Bienaventuranzas, para que, con ella, siempre sigamos a Jesús

Lecturas del 16 de Febrero del 2019 (Sábado de la Quinta Semana)

En el evangelio de hoy, el Señor para realizar el milagro y alimentar a la gente, solicitó la ayuda de los apóstoles. Les exigió que pusieran de su parte lo poco que podían. El Señor comprendió que era poco lo que ellos tenían para aportar, sin embargo, se los pidió, el resto lo puso Él. Dios nunca exige más de lo que nuestras fuerzas pueden dar; pero lo poco que podemos poner, tenemos que ponerlo con generosidad, confiando que el resto corre por cuenta de Dios, que nunca deja desamparados a los que acuden a Él. Hoy también el Señor puede y quiere seguir realizando el milagro de alimentar material y espiritualmente a los hombres, pero hoy como entonces, quiere asociarnos a nosotros a ese milagro, quiere que cada uno de nosotros ponga lo que tiene a su disposición. Por eso hoy vamos a ofrecerle al Señor nuestra disponibilidad para que Él complete nuestro esfuerzo con su omnipotencia y ya no haya en nuestro mundo más hambre de pan material y tampoco haya más hambre de Dios.

Lecturas del 15 de Febrero del 2019 (Viernes de la Quinta Semana)

Los cristianos no debemos permanecer mudos cuando es necesario hablar de Dios y de su mensaje. No podemos quedarnos callados ante las muchas oportunidades que el Señor nos pone delante, para que mostremos a todos el camino que nos lleva a Dios. Incluso los acontecimientos corrientes de la vida se prestan muchas veces para hacer un comentario o una reflexión que muestre nuestra fe, y lleve a los que nos rodean el mensaje de Jesús. Cada cristiano, desde el Bautismo debe anunciar la Palabra de Dios y el Evangelio, primero con su vida, con su compromiso, con su coherencia y también con su palabra. Nuestra vida no puede ser una vida de ocasiones perdidas de hacer apostolado, porque el Señor quiere que nuestras palabras se hagan eco de sus enseñanzas. Pidamos a María que, por la gracia del Bautismo, nos inspire para que si nuestros oídos permanecen abiertos y podemos hablar correctamente, con frecuencia durante nuestra vida nos convirtamos en verdaderos apóstoles del Señor.