Lecturas del 1 de Julio del 2018 (Domingo de la Semana 13)

Nos cuesta a veces creer, con nuestra inteligencia moderna e ilustrada, que el milagro es posible. Alguien dirá: Si Dios hace milagros, ¿por qué no sanó a tal o cual persona, o por qué no respondió a mi plegaria? Pero, ¿quiénes somos nosotros, para pedir cuentas a Dios? Dios actúa cuando quiere y como quiere, pero siempre con una sabiduría y un amor que nos supera infinitamente. Jamás el Señor nos negará nada que le pidamos y que sea bueno para nuestra salvación. Vamos a pedir hoy al Señor que se incremente en nosotros la fe. Que creamos verdaderamente que Él todo lo puede, y que nuestra vida sea coherente con esa fe, en un constante depositar nuestra confianza en Jesús.

Homilía del martes 26 junio de 2018, XII ORDINARIO

‘Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde’. Este dicho nuestro tiene mucho de verdad al referirlo a cosas, personas, situaciones. Nos habituamos a algo, a alguien, y ya no lo valoramos hasta que lo perdemos. Es peligroso tener la fe y dejarla escondida. Se va perdiendo la relación con Dios y nos vamos habituando a las cosas rutinarias, perdemos de vista el sentido de la vida, de las cosas, que podemos encontrar estando con Dios. El don del Espíritu Santo es más que una perla. Vivir bajo el reinado de Dios es un tesoro escondido. Despreciar estos dones es como provocar que todo se vuelva en nuestra contra: en vez de paz, violencia, en vez de vida, muerte.

Lecturas del 13 de Junio del 2018 (Miércoles de la Semana 10 del Tiempo Ordinario)

Para pertenecer al Reino de Dios, hay que cumplir la nueva ley de este Reino que son las Bienaventuranzas. Pero Jesús quiere que las cumplamos no sólo externamente, quiere que las cumplamos por amor. Quiere que seamos como hijos que obedecen la voluntad del Padre porque lo aman. Cumplir con Dios de corazón es lo que va a hacernos plenamente felices. Por eso hoy, vamos a pedirle a María, a ella que fue fiel en todo a la voluntad de Dios, que nos eduque para que sepamos obedecer siempre las leyes de Dios y así colaborar en la construcción de su Reino aquí en la tierra.

Lecturas del 15 de Abril del 2018 (Domingo de la Tercera Semana de Pascua)

¿En qué se diferencia la presencia de Cristo Resucitado en medio de su comunidad respecto a esa otra presencia de Dios en medio de su pueblo? El temor del Sinaí y de tantos cultos que sienten a Dios como un tremendo poder pronto a descargarse sobre los hombres. Lo sorprendente y nuevo de la comunidad cristiana es que Dios se hace presente en forma sencilla, en simples reuniones de la gente de pueblo, junto al mar o en una comida. El deseo del Señor es hacerse presente, no con grandes ceremonias, sino con tal sencillez que parezca uno más. Lo primero que hace Jesús, es devolverle a su gente la confianza y la paz. Nada de temores. Está entre ellos para comer pescado como uno más, para conversar, para ver sus problemas, para trabajar juntos, para explicarles su mensaje.

¿Qué pasa durante la consagración? ¿Tengo algo que ver en ese momento o sólo escucho al sacerdote? Catequesis del Papa sobre la Oración eucarística

Después de haber invitado al pueblo a levantar los corazones al Señor y darle gracias, el sacerdote pronuncia la Oración Eucarística en voz alta, en nombre de todos los presentes, dirigiéndose al Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo. La Oración eucarística tiene varias partes, primero el Prefacio, que es una acción de gracias por los dones de Dios, en particular por el envío de su Hijo como Salvador. El Prefacio se concluye con la aclamación del «Santo». Después está la invocación del Espíritu para que con su poder consagre el pan y el vino. Invocamos al Espíritu para que venga y en el pan y el vino esté Jesús. La Oración eucarística pide a Dios reunir a todos sus hijos en la perfección del amor, en unión con el Papa y el obispo, mencionados por su nombre, signo de que celebramos en comunión con la Iglesia universal y con la Iglesia particular. La súplica, como la ofrenda, es presentada a Dios por todos los miembros de la Iglesia, vivos y difuntos, en espera de la beata esperanza para compartir la herencia eterna del cielo, con la Virgen María. Nada ni nadie es olvidado en la Oración eucarística,